De Viajes… (Los Ojos del Oso)

La fragilidad de los ambientes polares parece no ser debidamente mensurada por gran parte de la humanidad. Nuestra avaricia y voracidad no trepida en profanar esas regiones en un afán extractivo sin importar las consecuencias. Algunos se exponen y enfrentan los riesgos en esta desigual contienda. No todos podemos estar en el frente de batalla, pero al menos podemos expresar nuestro sentir…

Los Ojos del Oso

El Hielo es la supervivencia

El Hielo es la supervivencia

 Mis viajes a la región ártica han dejado un dejo agridulce en el espíritu. Las huellas del hombre están omnipresentes y la naturaleza retrocede a gran velocidad. El hielo desaparece y la fauna silvestre está amenazada, es escasa y esquiva…

Información científica y las noticias periodísticas alertan con apocalípticas predicciones. Y lo que los ojos ven y lo sentidos advierten no es alentador. Tras varios viajes, el ártico me muestra una imagen de acelerada e inexorable agonía.

Audrey Benedict –Directora de Cloud Ridge Naturalist y esencialmente un alma sensitiva- escribió luego de su último viaje a la región ártica:

“… El viaje al ártico ruso y Siberia fue devastador para mí en términos de ponerme frente a la cruda realidad del acelerado paso hacia “el fin de la naturaleza” –citando a Hill McKibben- como la conocemos en todas las regiones polares.

Por supuesto el disfrutar del paisaje, las flores silvestres de la tundra y las extraordinarias colonias de aves nidificando en los acantilados fue una experiencia fascinante. Pero latente está la oscura y omnipresente nube de decadencia y destrucción en cada sitio que visitábamos. Estamos –según mi punto de vista- muy por sobre el límite donde el impacto del calentamiento global es preocupante. Es claro en todos los sitios la evidencia de la increíble velocidad a la que se está derritiendo la capa de suelo helado en la tierra y en el fondo marino –y su asociada liberación de gas metano- y lo que ello significa realmente para el futuro climático. … Como si esto fuera poco, la visión de varios osos polares nadando hacia su inevitable muerte a unos 90 kilómetros de la costa -en lo que solo podía ser una desesperada búsqueda de hielo y comida- me dejó prácticamente paralizada y emocionalmente desvastada. Nunca, nunca podré olvidar el ver los ojos del último oso polar que vi nadando hacia el norte…”

Un alerta que parece no conmover

Un alerta que parece no conmover

Mis pensamientos quedaron atrapados en los ojos del oso polar que Audrey describió: “…Nunca, nunca podré olvidar el ver los ojos del último oso polar que vi nadando hacia el norte…”. Ese párrafo refleja la agonía del ártico.

Puedo reproducir sin ningún esfuerzo esa imagen en mi mente y sentir lo que ella sintió… Y comienzo a sentir también lo que el oso siente…

Mientras escribo puedo verme a mi mismo rodeado por el inmenso mar abierto. Ni un atisbo de hielo, solo agua. A la distancia distingo un pequeño punto blanco que se agranda a medida que el barco se acerca. La distancia que me separa de ese punto blanco es suficientemente cercana para distinguir la cabeza del oso polar. Como un poderoso zoom los ojos del oso y los míos hacen contacto por breves instantes. De pronto –como si el oso supiera- centra su mirada en la distancia; hacia el horizonte. Hago lo mismo con la esperanza de divisar un atisbo del elusivo hielo que allí debería estar.

Mi mente –otra vez como otras tantas veces- reproduce imágenes del otro lado del mundo: La Antártida. Allá abajo las cosas no son muy diferentes. No hay osos polares. La palabra Ártico deriva del griego Arctos –la Tierra del Oso- Antártica es lo opuesto…

Pero como todo lo opuesto en algún punto se tocan. La Antártida estalla de vida. No hay osos polares, pero si millones de pingüinos de diversas especies, focas, lobos marinos, elefantes marinos, ballenas y miríadas de aves marinas… No muchos humanos. A primera vista la Antártida es un paraíso.

No obstante, sin pausa la naturaleza clama por atención. La extensa barrera de hielo se está derritiendo. La temperatura aumenta. Los pingüinos declinan en número. El krill –como la principal fuente de alimento para todas las criaturas- decrece y además es recolectado…

La presencia humana provoca disturbios. El ecoturismo incrementa su impacto… Hoy no hay ya más Pingüinos de Penacho Naranja en Hanna Point y es posible notar la erosión y la declinación de las colonias de pingüinos Papúa y de Barbijo debido a la visita de miles de personas por temporada. No obstante las regulaciones que determinan que no puede haber más de 100 personas en tierra por vez, es posible encontrar siete –si 7- barcos a la misma vez dentro de la caldera de la Isla Decepción. Y hay más ejemplos: accidentes causados por los barcos, derrames de combustible, varamientos e inclusive hundimientos de barcos.

Hay números, estadísticas científicas, premoniciones.

La misma imagen en ambos extremos.

Nuevamente las vívidas imágenes vistas por Audrey se imponen en mi mente.

Para que sobreviva, el Ártico debe perdurar

Para que sobreviva, el Ártico debe perdurar

El barco – como el oso polar- enfila hacia el norte. No puedo quitar mis ojos de los ojos del oso. En ese contacto veo resolución y esperanza. Los osos no piensan, actúan instintivamente, nadan, viven el momento con la esperanza de hallar hielo donde posarse y buscar comida… Repentinamente entiendo:

–         Querido hermano – le musito al oso. Nosotros como vos, también vivimos el momento; ignoramos el futuro. Seguimos la misma senda, imaginando –inocentemente- que todo va a estar bien, aquí o quien sabe donde.

–         Nosotros, como vos, nos sentimos inmortales…

Cuidar el ärtico (y el mundo natural en general) es salvar el planeta... Y a nosotros mismos.

Cuidar el ärtico (y el mundo natural en general) es salvar el planeta… Y a nosotros mismos.

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Un pensamiento en “De Viajes… (Los Ojos del Oso)

  1. Antes de leer esto te escribii un email. Es increible como nos encargamos de ¨HUMANIZAR¨ todos los rincones del Planeta. Claro que ¨Humanizar¨significa en mi diccionario, destruir.
    Con mas de 200 dias de mi vida dedicados al turismo en el Artico (Svalbard, Este y Oeste de Groenlandia) cada vez entiendo menos al Hombre y más extraño a mis perros.

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