De Viajes… (Música y camino…)

Rutas Patagónicas

Camino patagónico 2

Recta y con poco tránsito, la cinta de asfalto se perdía en el horizonte lejano.

Una lomada en la distancia, allí donde se fundía con el cielo, parecía cortar su derrotero.

En la cabina de la camioneta iba escuchando música, siguiendo sus compases con el pié izquierdo libre,  movimientos de cabeza y un frenético acompasar de los dedos sobre el volante. Por momentos soltaba una mano y como si sostuviera entre el pulgar y el índice un imaginario palillo de batería, golpeaba el aire marcando los ritmos…

Su rostro demostraba una amplia sonrisa y nada parecía perturbar sus pensamientos y el disfrute del despejado camino patagónico.

Se sentía pleno. Los vivaces sonidos lo capturaban mientras la rauda visión de alguna tropilla de guanacos, el rápido paso de una martineta o el vuelo de ocasionales aves lo gratificaban.

A lo lejos, como apareciendo desde el fin de la tierra, más allá del horizonte, una figura comenzó a agrandarse. Con rapidez se agigantaba. El camión –enorme aunque a la distancia- arrastraba un largo carretón cargado al parecer con pesada maquinaria. Era casi dorado el color. Y a medida que se aceraba –acrecentada la velocidad por el raudo andar de ambos vehículos- se notaba el enorme parabrisas y su chato frente. El color claro de la parte interna de la cabina permitía visualizar la figura del conductor.

Igual que en su camioneta, una abertura en el techo bañaba con luz cenital el habitáculo.

La distancia entre ambos vehículos se reducía con pasmosa celeridad. No obstante pudo observar los movimientos del conductor del camión. Pudo ver que los anteojos de sol del camionero estaban sobre su cabeza, que se movía frenéticamente al compás de algún sonido, y una amplia sonrisa parecía indicar que le gustaba lo que escuchaba.

Igual que él oía la música y la seguía con su cabeza, y manos en gestos que marcaban los ritmos.

Por escasos instantes, fracciones de segundo apenas, las miradas se cruzaron. Los dos se sonrieron con amplitud al “sentirse” observados – seguramente con un dejo de sorpresa por haber sido sorprendidos en el solitario disfrute de la música y el camino-…

Una leve sacudida por efecto del viento y la velocidad se sintió en el vehículo más pequeño. Casi como una borrosa exhalación todo el largo del camión pasó por la mano izquierda de la ruta..

Sin dejar de sonreír miró por el espejo retrovisor izquierdo con algo de curiosidad, preguntándose si era su imaginación o verdaderamente se habían visto…

El camión se achicaba con la misma ligereza con que se había agigantado… De pronto luces amarillas de giro titilaron en la parte lateral izquierda del acoplado dos veces e inmediatamente otras dos veces de lado derecho.

Instintivamente hizo lo mismo en su camioneta y rió a voz en cuello. Nunca iba a saber que música escuchaba el camionero, o quien era o adonde iba… Pero si que por esos escasos segundos sus caminos se habían cruzado mientras ambos disfrutaban de su existencia en los extensos caminos patagónicos…

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