Relatos del Cajón… (La Vista se me puso buena…)

LA VISTA SE ME PUSO BUENA

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“…La vista se me puso buena de tanto mirar el horizonte…”- escribí un día…

Veo las luces, los colores y la palpitante vida de las criaturas silvestres que nos rodean.

Vaticino la llegada del frío o el calor al observar el paso de las prolijas bandadas de cauquenes en su derroteros al sur o al norte.

Anticipo el arribo del viento al ver las neblinosas nubes de polvo que se ciernen desde tierra adentro, o los rizos que se multiplican hasta alborotar la superficie del mar anunciando la brisa marina.

Disfruto tratando de adivinar donde quedó el horizonte cuando la mar y el cielo se unen en un monocromo gris sin fisuras.

Me regocijo con la llegada temprana de las primeras ballenas…

Por supuesto no pasa desapercibido el trajinado movimiento de los barcos.

Ni la alegre travesía de los veleros…

Si, la vista se me puso buena.

Aunque aún ansío ver lo que mis ojos buscan…

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Relatos del Cajón… (Capítulo 5)

“… Caminaba el viejo mientras rumiaba lo leído y con gesto inquisidor se rascaba la barbilla. Se detuvo por unos instantes y miró hacia la lejanía, como tratando de hallar algo…”

Peces fuera del agua

La isla era pequeña. Sentado en la cima de la colina casi tenía una visión de trescientos sesenta grados. Algunas rocas sobresalían entre la nieve cerca de la cima. Abajo el bullicio de la costa mostraba el trajinar de los pingüinos en ese paraje antártico.

Dispersos entre la playa y los peñascos, el grupo de viajeros observaba la evolución de las aves.

Pingüinos de Adelia - AntártidaEl punto donde él estaba marcaba el límite de circulación para ellos. La pendiente era muy empinada y terminaba en una abrupta caída hacia el estrecho canal de gélida agua.

Afortunadamente pocos intentaban trepar la cuesta. Eso le daba tranquilidad para observar y disfrutar del paisaje, los sonidos naturales, sus criaturas y sus pensamientos.

Con una relajada sonrisa apenas esbozada en sus labios y mirando hacia abajo, -donde estaba la tripulación que asistía a los gomones y el Jefe de Expedición- le agradeció en silencio. Como si sus mentes se conectaran telepáticamente éste miró hacia arriba y alzó su brazo en señal de saludo. En sus conversaciones callaban más de lo que decían… Pero sabía, él sabía. Lo retribuyó y continuó disfrutando el momento.

Un pingüino pasó con paso sostenido y bamboleante a escasos centímetros de donde él estaba. Se detuvo apenas unos segundos. Lo miró inquisitivamente, estornudo con sonoridad expulsando finas gotas de agua salada, y satisfecho con su escrutinio continuó hasta las rocas que le daban refugio. Allí tenía su nido donde otro individuo aguardaba incubando los huevos. Su pareja.

La suya, su pareja, no estaba ahora con él.

Ese pensamiento lo llevó a otras latitudes y atrás, muy atrás en el tiempo…Fotos Peru 770007 B

“… El tren los dejó en la estación de Potosí –lejos de los andenes principales- y se sintieron “tirados” como se debía sentir un pez arrojado sobre las piedras, boqueando en busca de aire. Los 4.000 metros de altitud se hacían sentir y el frío intensificaba la sensación de abandono en forma implacable. Caminaron hacia las luces del centro, Esas luces que desde las alturas parecieron mágicas espiadas por las ranuras del vetusto vagón de carga, eran ahora meras señales que los urgían a seguirlas para hallar un sitio donde calentarse y dormir… Mañana, mañana sería otro día para ellos. Esta noche solo querían refugiarse y abrazarse juntos para recuperar el calor y el sabor de la aventura, que en estos momentos parecía haberlos abandonado…”

 

Relatos del Cajón… (La Lluvia)

“Después de la tormenta”

El desierto agradece la lluvia, aunque a veces esta se propase.

Los ámbitos citadinos suelen no recibirla con el mismo beneplácito. Vertiginoso crecimiento, construcciones y asentamientos en zonas no aptas, infraestructura superada, falta o escasa planificación…Conspiran en las ciudades. El esfuerzo sobre la marcha de hombres y máquinas es loable, aunque normalmente sobrepasado al actuar sobre la coyuntura.

Hoy ya pasó aunque las secuelas persisten.

Los excesos que cometemos en nuestro planeta empujan a la naturaleza a generar mayores excesos…

En tal caso, como dice una canción:  “… No culpes a la lluvia…”

LA   LLUVIA

Ilustración de Juan Carlos De Souza para "Dinosaurios: Relatos y Sueños de un Guardafauna"

Ilustración de Juan Carlos De Souza para “Dinosaurios: Relatos y Sueños de un Guardafauna”

” Una mortecina luz que se filtraba a través de las cortinas de la habitación, anunciaba que ya estaba entrada la mañana. El sostenido repiqueteo de gotas en el techo se encargó de puntualizar la causa de la magra iluminación matinal.

– Sigue lloviendo – dije con un dejo de fastidio en la voz.

– Si – respondió la mujer – no paró en toda la noche.

– Me parece que los caminos van a estar intransitables – continué – vamos a tener que pasar varios días sin poder salir.

Dicho esto dí media vuelta en la cama y me tapé hasta las orejas con un bufido.

Hacía dos días que llovía copiosa y persistentemente. La patagonia se caracteriza por su clima seco y semidesértico… Sin embargo, cuando llueve, la tierra absorbe sedienta las primeras gotas, pero pronto el suelo se satura y el agua corre veloz formando cañadones, lagunas y cortando los caminos.

Carolina – que así se llamaba la mujer – se levantó primero. Con semblante preocupado hurgó en la alacena. Lo que allí encontró la tranquilizó y con aire alegre comenzó a preparar el desayuno.

– Al menos sopa, leche y fideos tenemos – me comunicó mientras me levantaba -. Si continúa por mucho tiempo, podes caminar hasta la estancia a buscar carne.

– Si no hay más remedio caminaré los l5 kilómetros – contesté -¡pero podía dejar de llover de una buena vez…!

Y mi voz se perdió en una maldición entrecortada.

Desde la ventana del comedor se veía el camino, en el cual las huellas dejadas por el paso de los vehículos se encontraban llenas de agua. El mar no se divisaba, confundido entre la bruma y el cielo. Su lejano rumor se mezclaba con el repiqueteo de la lluvia.

Estaba molesto. Debía viajar a la ciudad – distante 120 kilómetros – para hacer gestiones en la administración central y comprar víveres. Las perspectivas no eran alentadoras. El tiempo empeoraba.

Me voy a caminar – dije manoteando la campera.

Mientras tanto yo prepararé pan – dijo Carol con espíritu más práctico -. Así no nos morimos de hambre – agregó sonriendo con picardía.

Esbocé una mueca que pretendía ser una sonrisa y salí a caminar con Francisco, mi hijo mayor.

Al trepar la primera loma, el paisaje húmedo y envuelto en la bruma, pudo más que el enojo. La visión de mar – que rompía con fuerza sus olas sobre la restinga – terminó de disipar el mal humor, restituyéndome el habitual estado de ánimo.

Me asombró al ver, pese al mal tiempo, la vida que bullía entre las matas y arbustos espinosos. Sobre la última lomada que separa a la línea de vegetación, de la playa de guijarros, divisé a tres ñandúes que picaban su alimento entre las matas sin inmutarse por la lluvia. A mi paso aparecían pechos colorados, ratonas y tordos que se movían presurosos engullendo bichitos y semillas que la lluvia ponía al descubierto.

– ¡Mira papá! ¿Qué son esos? – gritó Francisco con su acostumbrada excitación al ver un animal que no reconocía.

Como casi siempre pasaba, luego del penetrante grito, las aves levantaron vuelo.

El niño, quien tenía tres años, miró como pidiendo disculpas y con gesto pícaro preguntó en un susurro:

– ¿Qué eran esos pájaros? -.

Le dije que eran cauquenes, y riendo le calé el sombrero para la lluvia hasta las orejas; con lo que un fino hilito de agua le penetró en el cuello al pequeño haciéndolo gritar con fuerza, entre risas y contorsiones de los hombros. Esta nueva ruptura del placido silencio movilizó a más criaturas de la zona. Con veloz carrera nueve ñandúes se precipitaron en fuga, y una pareja de maras – luego de un corto trote – se refugió al abrigo de abigarradas matas espinosas. Un chimango alzó vuelo con un chillido y se posó un poco más adelante oteando el suelo con penetrante mirada.

– ¡Cuánta vida! –pensé fascinado-. Y yo que maldecía a la lluvia considerándola un estorbo.

Me quedé parado mirando con atención, mientras gruesas gotas resbalaban por el capote. Francisco – que se había soltado de mi mano – jugaba indiferente al agua, juntando brillantes piedras rojas lavadas por el aguacero. Un movimiento en la maleza me hizo fijar la vista en el lugar, para alcanzar a divisar a un zorro que se guarecía en la cueva abandonada de un pingüino…

– Realmente todo está bien -reflexioné- la lluvia es vida. Para los animales no representa problema. Se nota su goce. Saben que más tarde o más temprano saldrá el sol. Esta fina pelusa verde que comienza a recubrir las pedregosas lomas se hará más densa y fuerte. Significa comida. Las plantas resurgirán renovadas, el agua acumulada calmará la sed por mucho tiempo…

Busqué a mi hijo con la mirada.

– Francisco juega y no le importa la lluvia. No es un impedimento para su diversión. No puedo estar enojado por la lluvia. Ningún ser se ve contrariado por ella ¿Por qué yo?

Como respuesta a los pensamientos un rumor aumentado del agua me hizo centrar la atención en el cañadón. Un trozo de tierra se desprendió en el cauce terroso y amarillento de la correntada, y un peludo subió prestamente la barranca. Al llegar al borde se dio vuelta y observó por unos instantes como el agua comenzaba a inundar su cueva. El casi prehistórico animal dio media vuelta y con un suave trotecito se dirigió hasta una gran mata de quilembay donde, sin apuro, comenzó a cavar su nueva morada…

Contentos y de buen humor, regresamos a la casa.

– La lluvia es buena – le dije a Carol. Y todos, sonrientes, comimos del crujiente y tibio pan, sabiendo que hoy habíamos dado un paso más.”

“La Lluvia” – extraído de “Dinosaurios: Relatos y Sueños de un Guardafauna” – Carlos A. Passera

Relatos del Cajón… (Gotas de lluvia)

Como Gotas de lluvia

Gotas

    Las gotas perlan el ventanal

    Cientos de ellas se adhieren a la tersa superficie mientras la lluvia –una a una- las multiplica sin pausa.

    El viento las sacude y la luz las ilumina.

Varias brillan, se ensanchan, reflejan en su minúsculo vientre el mundo circundante.

    Parecen preñadas de sueños.

   Engordan, crecen y su propio peso les provoca una vertiginosa caída, dejando apenas una tenue y efímera   huella  que resbala con acuoso brillo.

   Caen y se suman, para ser una más, al anónimo charco perdiendo así la identidad…

De Viajes… (Isla de Pascua)

Rapa Nui… El Futuro en su Pasado

–        Aquí voy a estar – dijo Christian al despedirse- Si regresan aquí voy a estar… P1050531 B

Lo miré y verifiqué en ese instante lo que intuí casi desde el principio de mi estadía en esta peculiar isla en medio del mar: Ellos sabían algo más. Algo que difícilmente quienes la visitábamos pudiésemos comprender enteramente. El orgullo de ser RapaNui no podía ser cabalmente entendido por un “extranjero”…

Lecturas previas me habían servido para conocer algo de la historia, la mitología, sus enigmas… Pero no preparan para las sensaciones.

Los datos precisan que es la isla más remota del planeta. Que para llegar a ella son necesarias más de 5 horas de avión, o varios días de barco. Que esta situada a 3 mil kilómetros del continente. Que mide apenas 24 kilómetros de largo por 16 de ancho. Que no hay ríos que la surquen. Que es volcánica y que fue sede de una de las civilizaciones más enigmáticas y misteriosas de la tierra. Sin embargo no pueden preparar al viajero para imaginar esa lejanía del resto del mundo; no advierten de la curiosa inexistencia del perfume a mar, estando rodeado por él; no explican el penetrante olor a tierra, a hierbas, que impregnan el ambiente aún en al borde de las olas; no permiten mensurar de antemano el grado de destrucción y aniquilación a la que el hombre somete a la naturaleza y a si mismo; tampoco advierten sobre la poderosa influencia que los legendarios habitantes impusieron sobre las futuras generaciones.

Transitar la geografía de la isla permite incursionar en su historia, imaginar su pasado. Oír las voces y sentir el miedo, la incertidumbre que sobrevino luego del apogeo. Y por último sentir la esperanza en la actitud de las nuevas generaciones.

Mapa

La leyenda narra que el Rey Hotu Matu’a arribó a la isla a bordo de dos canoas y desembarcó en la playa de Anakena. El largo derrotero naval por el extenso Océano Pacífico desde el archipiélago de las Marquesas, fue una suerte de milagro –o destreza de navegantes- que les permitió recalar en esta pequeña isla perdida en la inmensidad oceánica. El motivo del viaje – o éxodo- no esta del todo claro. Una versión narra que un continente llamado Hiva se hundió en el mar tras un colosal cataclismo, y otra indica que Hotu Matu’a fue vencido en una guerra tribal por su hermano… El sueño del mago Haumaka –quien visualizó Rapa Nui en uno de sus trances, y envió a siete expedicionarios a verificarlo- habría sido la razón de su épico viaje. La doble canoa de 30 metros de largo transportaba al Rey, su esposa, nobles y sirvientes además de plantas, animales y aves. La prehistoria de Pascua recogida a través de la tradición oral da lugar a múltiples versiones… Entre las cuales no faltan las que hablan de seres llegados del espacio.

Moais

Moais

Lo cierto es que esos primeros pobladores se afincaron, multiplicaron y dieron origen a una poderosa cultura que aún en la actualidad continua siendo objeto de estudio y controversia.

La colonización llevada a cabo por el rey y su séquito entre los años 300 y 400 después de Cristo es más que nada producto de la especulación histórica. La tierra – en ese entonces pródiga- fue repartida, preparada para el cultivo, y sus bosques arrasados. El tiempo trajo la sobrepoblación, las peleas, las guerras, y la devastación de los bosques. No quedaron árboles para fabricar las canoas, la pesca no era accesible entonces, la siembra se agotó, la hambruna cundió, el canibalismo se impuso y los gigantes de piedra tallados no pudieron “proteger” a sus habitantes. La guerra entre los Orejas Largas y los Orejas Cortas los desbastó.

Tangata Manu, Los Hombres Pájaro

Tangata Manu, Los Hombres Pájaro

La historia se mezcla con la leyenda y tiene pasajes de grandeza y miseria, florecimiento y decadencia, amor y odio, misterio y pocas certezas… Salvo las que perduran en el orgullo de sus descendientes.

Andar por este minúsculo “brote” surgido de los abismos marinos hace 250 millones de años, y enclavado en medio del mar, es una experiencia que no resulta sencillo asimilar.

Asombran las megalíticas construcciones de los Moais, pero sobresaltan los misterios del florecimiento y aniquilación de su civilización. Agrada a los ojos contemporáneos la geografía fuerte y ruda de su fisonomía volcánica, sus costas y el mar bravío… Y seduce la imaginación esa historia narrada de apogeo, decadencia y muerte.

Apogeo, decadencia y futuro

Apogeo, decadencia y futuro

El futuro de esta enigmático lugar esta en su pasado. Y las nuevas generaciones lo saben. Descienden de reyes y se saben diferentes al resto de los mortales.

La Isla de Pascua se me antoja que podría ser una especie de advertencia planetaria sobre lo que el hombre puede hacer a la naturaleza y a si mismo… Algo que parece no ser tenido en cuenta a juzgar por lo que hacemos a nuestro mundo.