Viajes y Fotos…

Frailecillos, alegría con alas…

Isla May - Escocia

Isla May – Escocia

Los Frailecillos o Puffins, viven en el hemisferio norte y ocupan un nicho similar y comportamientos bastantes parecidos a nuestros pingüinos magallánicos. Hay una especie de frailecillo en el Atlántico (Fratercula artica) Frailecillo Atlántico y dos en el Pacífico (Lunda cirrhata) Frailecillo de Copete y (Fratercula corniculata) Frailecillo cornudo.

Arriba: Frailecillo Atlántico, Isla Skomer - Gales Abajo: Frailecillo de Copete, Alaska.

Arriba: Frailecillo Atlántico, Isla Skomer – Gales
Abajo: Frailecillo de Copete, Alaska.

Dos de ellos fueron blancos de mi cámara y regocijaron mi espíritu, además de traerme el recuerdo de los entrañables pingüinos de Magallanes. Como ellos estas pequeñas aves del norte son gregarios –es decir que conviven en enormes y bulliciosos grupos-, dependen exclusivamente del mar para su alimentación, y únicamente regresan a la tierra para procrearse. El resto de su vida transcurre en la superficie del mar. Igual que los pingüinos, en la época de reproducción, buscan estar cerca del mar y cavan cuevas para hacer sus nidos en el mismo territorio que los vio nacer. También como ellos suelen ser monógamos y juntarse con la misma pareja año tras año, además de turnarse en la incubación de su único huevo durante unos 40 días. Gaviotas, skuas, y otras aves marinas los acosan para robarles el alimento, tal y como sucede con los pingüinos australes. Los diferencia algo fundamental, los frailecillos tienen alas y pueden volar, los pingüinos poseen aletas que les permiten “volar bajo el agua”. La otra gran diferencia es que no se conoce a ciencia cierta donde se dirigen una vez terminado su ciclo reproductivo. Las Islas Británicas, Islandia, Groenlandia, y las costas de Norte América (Canadá y el norte de Estados Unidos), llegando al norte de África y zonas del Mediterráneo, albergan importantes colonias del Frailecillo Atlántico. La población mundial se estima en unos 20 millones de ejemplares, aunque en realidad nadie conoce a ciencia cierta su número.

Similitudes en los extremos...

Similitudes en los extremos…

Pequeño cuerpo, esforzado vuelo batido y un nada elegante aterrizaje, caracterizan a estos pequeños payasos del aire o pájaro loro como también se lo llama en el norte. Realizan hasta 8 viajes al mar de ida y vuelta  por día para llevar el alimento a sus nidos. Los brillantes y coloridos picos rebosan de peces –que pueden llegar a ser una veintena en ocasiones- sobresaliendo colas y cabezas.

Barriletes de color... Los de arriba son del Pacífico, los de abajo del Atlántico

Barriletes de color… Los de arriba son del Pacífico, los de abajo del Atlántico

Hoy están protegidos – salvo en Islandia donde aún es permitida su caza anual-. En el pasado eran considerados una exquisitez culinaria. Sin embargo no son ajenos al peligro que el cambio climático ejerce sobre los mares. El calentamiento de las aguas marinas esta produciendo una declinación en las poblaciones de peces con las cuales se alimenta. Los expertos han notado que los frailecillos están teniendo problemas en la crianza de sus pichones. Al ser bastante longevos –igual que los pingüinos pueden vivir 30 años- pueden soportar temporada de baja alimentación, pero ciclos seguidos afectarán a las colonias. Y ya está sucediendo. Los rocosos acantilados se ven menos poblados.

La pesca es vital para la supervivencia de los pichones... El aumento de temperatura en las aguas merma los cardúmenes y pone en peligro su existencia.

La pesca es vital para la supervivencia de los pichones… El aumento de temperatura en las aguas merma los cardúmenes y pone en peligro su existencia.

Observarlos y fotografiarlos, es sin duda un bálsamo para el espíritu. Los pude disfrutar en Gales, algunas Islas Británicas y en Alaska. Como los pingüinos son criaturas que nos provocan felicidad… Sin ellos, sin las aves, sin la fauna silvestre, sin los paisajes que engalanan el planeta, éste sería un lugar yermo y triste.

Algunos científicos sostienen que ya hemos sobrepasado el límite que permitiría una vuelta atrás al daño ambiental que hemos provocado… Sin embargo prefiero creer –aunque sea pecar de ingenuidad- en La Esperanza.

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