Relatos del Cajón… (Gaviotas)

De Juan Salvador a Mr. Hyde

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Miraba por la ventana, mientras sorbía el primer café de la mañana, las evoluciones de una ballena. Se sumergió, y tras algunos segundos emergió con fuerza –sin llegar la altura que suelen alcanzar en esos saltos- y resopló vigorosamente ni bien su corpachón hendió el agua… En ese momento me percaté de algunas gaviotas que sobrevolaban a su alrededor. El comportamiento obedecía sin duda al fastidio…

Desde hacía varios años ya algunas gaviotas dominicanas (Larus dominicanus) –o cocineras como se las conoce vulgarmente- habían adoptado la costumbre de picotear el lomo de las ballenas arrancándoles trozos de grasa y piel, provocándoles dolor y molestia. A lo largo de los años las ballenas hasta han adoptado una forma de nadar peculiar, arqueando el cuerpo y dejando expuesta cabeza y parte de la cola para sufrir menos castigo en las zonas más sensibles (Galeón la llaman los investigadores). Esta manera defensiva de protegerse es ya adoptada por los nuevos ballenatos desde los primeros momentos de vida.

Eficientes oportunistas, algunas gaviotas acosan a las ballenas

Eficientes oportunistas, algunas gaviotas acosan a las ballenas

Lo curioso es que esos ataques de gaviotas no se han registrado en otras partes del mundo – como en Sudáfrica- donde las ballenas francas (Eubalaena Australis) también migran.

Sabido es que estas aves marinas son muy adaptables a todo tipo de ambiente y avezadas oportunistas.

No alimentarlas, ¿una clave?

No alimentarlas, ¿una clave?

Fotografié carteles ubicados en el muelle y negocios en una villa de pescadores en Gran Bretaña:

“No alimente a las gaviotas” – reza el cartel en rojos caracteres imitando una película de terror.

“Las gaviotas causan problemas en esta zona”

º ensucian

º muestran comportamiento agresivo

º generan desechos

º provocan ruido

º hacen daño a la propiedad

“Usted puede ayudar reduciendo el acceso a la comida”

“Por Favor No las Alimente”

Esa parece ser la clave el acceso fácil a la alimentación.

Intentos para reducir el impacto se han probado en nuestra zona tratando de eliminar a las que adquirieron la costumbre de predar sobre las ballenas –ya que aparentemente no todas lo hacen- con escasa fortuna.

Posición de "Galeón" adoptada por las ballenas para minimizar daños en su cuerpo.

Posición de “Galeón” adoptada por las ballenas para minimizar daños en su cuerpo.

Pero… ¿Es culpa de una maligna vocación predadora de la gaviota? ¿Los humanos no tenemos algo o mucha responsabilidad de lo que esta sucediendo? ¿Los basurales a cielo abierto y los clandestinos –que aún existen y se multiplican- no generan una forma de fácil alimentación para estos oportunistas? ¿Las industrias pesqueras son cuidadosas con sus desechos? ¿Existen controles adecuados? ¿El aumento de la población de gaviotas no puede ser controlado en sus áreas de nidificación? ¿Existe un plan de manejo de especies silvestres?…

Una nube de gaviotas se levantó de la restinga al subir la marea. Verlas volar creaba un espectáculo de plasticidad y belleza. El número también asombraba.

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Las voces contra estos seres alados se levantaron –con cierta razón- en su contra. Dejaron de ser las poéticas criaturas que Richard Bach ensalzara en su “Juan Salvador Gaviota”, para convertirse en crueles, viciosas e implacables torturadoras de ballenas; las Dr. Hyde del “Hombre y la Bestia”.

¿Podremos asumir nuestra responsabilidad y actuar en consecuencia, en lugar de cargarla en el otro?

No tengo respuestas, solo interrogantes…

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