Relatos del Cajón… (Caminando con Ballenas)

Caminando con las Ballenas

Gran parte de este relato dió origen a un capítulo que fue incluido en “Dinosaurios: Relatos y Sueños de un Guardafauna”, en el – como en toda la segunda parte de ese libro- se agregaron charlas con un imaginario Guardafauna que resaltaba las excepcionales cualidades que el lugar posee para la interpretación de la naturaleza…

Caminar al lado de las ballenas es una experiencia poco usual...

Caminar al lado de las ballenas es una experiencia poco usual…

     Hace mucho tiempo, en una vieja revista de historia natural, leí un artículo donde se mencionaba que los esquimales tenían –allá en el Ártico- un “lugar al que iban a escuchar a las ballenas”…

     Sentado en la playa de pedregullo, en un paraje conocido como El Doradillo, a escasos diecisiete kilómetros de la ciudad de Puerto Madryn, recuerdo ese artículo y sonrío agradecido.

     Aquí en el sur tenemos “Un Lugar para Sentir a las Ballenas”.

Observación y disfrute en libertad

Observación y disfrute en libertad

     Las Ballenas Francas del Sur desfilan frente a mí a escasos metros de la playa, veo sus evoluciones, su comportamiento, escucho sus vocalizaciones y hasta huelo –en ocasiones- su aliento. Camino con ellas.

     Me siento privilegiado. Pocos sitios en el planeta brindan la oportunidad de intimar tan estrechamente con las criaturas silvestres. Armonizar con ellas, espiar su mundo sin perturbarlas. Sentirse uno mas entre ellas sabiendo que no interferimos con sus hábitos. A las ballenas se suman en una colosal puesta en escena de la naturaleza, lobos marinos, aves marinas, o la ocasional visita de delfines. En tierra una multitud de aves sobrevuelan el parco paisaje estepario. La rauda corrida de un cuis que busca abrigo entre las matas, o el aleteo de las aves distrae la mirada.

Cuises, Calandrias, petreles, ostreros, martinetas y hualas, son algunas de las especies que aportan su presencia en este mágico paraje.

Cuises, Calandrias, Petreles, Ostreros, Martinetas y Hualas, son algunas de las especies que aportan su presencia en este mágico paraje.

     Pero son ellas, las majestuosas ballenas quienes acaparan la atención.

     El aire se puebla de sonidos. Fuertes expiraciones de aire que se condensan en vaporizadas nubes, ronquidos, borbotones de agua, gruñidos de distinta intensidad. El graznido de las gaviotas o la quejumbrosa voz de un huala. El sonido menudo del agua al romper mansamente en la playa de guijarros, dejando al retirarse como una ovación de muchedumbre victoriosa…

     Los olores se suman a las percepciones que deleitan los sentidos. El penetrante y tonificante aroma del mar, mezcla de humedad, algas, sal, arena y guijarros. Un fuerte perfume que envuelve como la bruma, haciendo que olisquemos con fuerza, que llenemos los pulmones. Ese olor del cual  ya fue detectada su composición química -de acuerdo a los científicos no sería tan benévola- nos embelesa trayéndonos atávicos recuerdos.

     El tacto no permanece ajeno a la experiencia sensitiva de estar en esa playa. Acariciar los coloridos guijarros, sentir su tersura, palpar sus formas, llenar el puño de diminutas partículas de piedrecitas desgastadas por el mar y dejarlas escurrir entre los dedos sintiendo el inexorable paso del tiempo…

     Si nos animamos, tampoco el gusto queda fuera de la experiencia sensitiva total. Degustar –casi con la fruición de un enólogo- un sorbo de agua de mar, dejando que su salobre esencia sature el paladar, para descubrir pronto un dejo de marisco y la frescura de su pureza. Como un niño saborear una piedra, descubriendo el terroso sabor del polvo estepario arrastrado por los vientos, mezclado con la salobre agua marina. O paladear un alga recién dejada en la playa por la marea, sentir en la boca su metálico sabor, la consistencia casi sintética de su materia.

     Y la vista –por supuesto- se regodea con las armoniosas evoluciones de estos mansos gigantes. El paisaje, las luces diferentes de cada hora del día. El cambio de las mareas.

Pingüinos, ballenas y cómoda mobservación.

Pingüinos, ballenas y cómoda observación.

     Siento un enorme agradecimiento por tener el privilegio de estar en este remoto paraje del planeta. De descubrir su enormidad, sus facetas, su importancia. Y deseo compartir esa sensación. Contar lo que siento para inducirlo a sentir.

     A una iglesia, templo o catedral –obra del hombre- ingresamos en silencio, con recogimiento, reverencia y respeto.

     Ese es el respeto, la reverencia y el recogimiento que merecen sitios naturales –obra de un ser supremo- como el que describo.

 Southern Right Whale 102_redimensionar

Anuncios

Agradezco tu opinion

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s