Relatos del Cajón… (Pelea por la Vida)

Capítulo 1 – La Gran Invasión

“…Ella era más menuda. Salió con cierta gracia del agua, y se quedó reponiendo fuerzas y adaptándose de nuevo a ese suelo que no se movía…”

“…El alba se insinuó con un extraño rubor en el mar. Un nuevo día comenzaba. Las primeras luces le mostraron al pingüino que aún no tenía demasiados vecinos. Salió de su cueva y arrepolló el plumaje. Tiró las aletas hacia atrás mientras su cabeza se extendía hacia adelante y su pico se abría como en un bostezo. Luego alzó la cabeza hacia el cielo e hinchó el pecho. Un estentóreo grito brotó de sus pulmones. Era un sonido entrecortado, que terminaba en un lamento largo y languidecíente hacia el final. Semejaba el rebuzno de un burro. Lo reP1000090 Bpitió por dos veces y quedó satisfecho. Ese era su territorio. En el reinaba. Quien quisiera el reducido espacio de su nido debía luchar para obtenerlo.

La primera preocupación de esa nueva jornada fue la de reacondicionar ese nido. Era una cueva bastante profunda, y –afortunadamente- no se había desmoronado durante las lluvias invernales. La entrada era pequeña, pero al final de un estrecho pasadizo de casi sesenta centímetros de largo estaba la acogedora cámara del nido, ubicada a unos cincuenta centímetros debajo de la superficie. Sólida y bien protegida. Algunos de sus congéneres se guarecían bajo los arbustos, pero él prefería la seguridad de la tierra.

Con las patas y las aletas principió la tarea de limpieza. Desde afuera se veía una nube de tierra, restos de conchas marinas y huesillos que salían expelidos del interior del nido. Al cabo de media jornada de fatigosa tarea, dejó nuevamente su cueva en perfectas condiciones. Satisfecho lanzó otra vez su estentóreo grito, tras lo cual se echó a esperar.

Ella era más menuda. Salió con cierta gracia del agua, y se quedó reponiendo fuerzas y adaptándose de nuevo a ese suelo que no se movía. Las formas eran más armónicas que las del macho, la cabeza pequeña y estilizada, y el cuerpo un poco más delicado. No era visiblemente más chica que su congénere del otro sexo, pero sí menos robusta.

Como los demás sentía premura por cumplir con el urgente llamado del instinto. Venía un poco retrasada. Días atrás sintió que no volvería a ver éstas playas. Una fuerte tormenta la había alejado mucho de su rumbo, y –para colmo de males al pasar por los “rugientes cuarenta”- una familia de orcas encontró un alimento que les estaba escaseando. Pese a la velocidad de los pingüinos en el agua, la medida estrategia –acicateada por el hambre- de los cetáceos les permitió cobrar varias presas. Ella sintió que poco le faltaba para ser devorada. Las fuerzas –a pesar del pánico- la abandonaban. Sin embargo las orcas, luego de saciar su apetito, se fueron. Como todo predador comieron únicamente lo necesario. Aquellos menos aptos sucumbieron, mientras que las demás vieron como la familia de delfínidos se alejaba rumbo a la costa, hacia las roquerías habitadas por los lobos marinos.

No se quedó mucho tiempo en la playa. Lo pasado ya no tenía sentido. Debía llevar a cabo lo que había venido a hacer a la tierra. Se encontraba preparada para traer la segunda generación de su prole al mundo. Ella ignoraba que estaba a fines de la segunda semana de septiembre, pero intuía que debía apresurarse. Los huevos debían ser gestados e incubados. El tiempo era muy estricto.

Con paso firme busca su nido...

Con paso firme busca su nido…

Faltaban aún varias horas para que el sol se pusiera. Desde esas familiares rocas rojizas donde salió a la playa, comenzó su camino tierra adentro. Sabía hacia dónde dirigir sus pasos…”

“…El la vió venir desde su puesto de guardia en la entrada de su nido. Emitió con ímpetu renovado el llamado. Esperó que estuviera a escasos metros de la cueva y salió a su encuentro con la mísma presencia altiva y a la vez de sumisión que utilizaban los machos de su especie. Alzado sobre sus patas caminaba alrededor de ella, mientras que con la cabeza ladeada la miraba de costado. La rodeó con las aletas, y despacio la indujo a entrar al nido. La dejó que permaneciera unos instantes sola, y luego entró el mísmo. Intercambiaron voces y cacareos característicos que resonaban en la estrecha cámara. Luego la hembra salió, y detrás él hizo lo propio. En seguida recomenzó el simple pero efectivo galanteo. Esta vez su presencia era más firme. Le picoteaba suavemente el cuello, mientras la abrazaba con ambas aletas de costado. Poco a poco fue ganándole la espalda, intentando hacer que se eche. Y ella lo hizo. Lo aceptó. Se acostó apoyando el vientre en la tierra y levantó su cola dejando visible el orificio genital. El macho subió a su espalda y cubrió con su cola la de ella. La cópula duró unos instantes –aproximadamente un minuto- y el frenético movimiento convulsivo dre la cabeza del macho y las ondulaciones de la cola, marcaron el final. La hembra quedó echada, mientras él se paró a su lado. La pareja estaba nuevamente reunida. El perentorio acto de la procreación ya había sido consumado.

Efusivo cortejo...

Efusivo cortejo…

El perentorio llamado de la vida...

El perentorio llamado de la vida…

  Ninguno de los dos se sintió intrigado del porqué estaban otra vez juntos. El lazo que los uniría hasta el final del ciclo reproductivo ya estaba formado. Durante ese término de tiempo iban a permanecer uno con el otro. Ambos velarían por la seguridad de la prole, la inviolavilidad del nido. No les preocupaba lo que podría suceder más allá de cada acto cotidiano. Quizás, en otras temporadas, volverían a juntarse. Fortuitamente, sin obedecer a nada más que al azar. Su caráter territorial ayudaría. Pero por ahora los tenía sin cuidado. Mientras durara cuidarían uno del otro. ¿Porqué ocurría así y no de otra forma? ¿Porqué ese macho y esa hembra y no otros? Eran interrogantes que no se planeaban en sus cerebros. Ellos solo vivían acatando los dictados de su instinto.

El fin del día los encontró muy juntos dentro del nido. La jornada había sido larga…”

La temporada los mantendría unidos.

La temporada los mantendría unidos.

(Continuará…)

Anuncios

Agradezco tu opinion

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s