Relatos del Cajón… (Pelea por la Vida – Capítulo 2)

CAPITULO 2

LOS SALTEADORES

 “…Atentas, las gaviotas están siempre prestas a lanzarse en una rauda picada sobre aquel nido que quede desguarnecido para rapiñar los huevos…”

Una actyiva banda de predadores acecha a los pingüinos...

Una activa banda de predadores acecha a los pingüinos…

 “…Ubicada en una amplia zona de Punta Tombo se encuentra el área de nidificación de gaviotas cocineras o dominicanas y de las pequeñas –aunque no menos efectivas- gaviotas australes. Dispersos en la zona, varios nidos de skuas se suman a las huestes de los predadores. Desde ese sitio parten –como desde un portaviones- las “escuadrillas de caza” para llevar a cabo sus actos de piratería sobre la pingüinera.

Atentas, las gaviotas están siempre prestas a lanzarse en una rauda picada sobre aquel nido que quede desguarnecido para rapiñar los huevos. Las oscuras siluetas de los skuas, se suman a la activa banda de predadores que asolan diariamente la colonia. Su presencia hace que los pingüinos nunca puedan dejar el nido. El menor descuido es fatal.

Por eso mismo no todo es sencillo en la aparentemente despreocupada existencia de los pingüinos. Así lo sabía nuestra pareja.

Tenían ubicado su nido en una zona no muy densamente poblada. Desde ese sitio podían ver como en otras áreas –donde la cantidad de nidos se elevaba a ochenta o cien por cada cien metros cuadrados- las gaviotas robaban permanentemente huevos. En esos sitios las peleas territoriales eran tan frecuentes que producían confusión y abandono de nidos, cosa que aprovechaban los predadores.

Una tarde, mientras la hembra llegaba del mar y se disponía a relevar a su pareja en la incubación, tuvieron oportunidad de vivenciar muy de cerca la presencia de los predadores.

Atención y cuidado permanente

Atención y cuidado permanente

Todo comenzó de una manera inesperada. Un intruso irrumpió intempestivamente en el nido y trató de apoderarse de él. Había estado rondando desde temprano en la mañana por la zona, y al final se decidió. El macho logró sacarlo de la puerta de la cueva, y la hembra se interpuso entre los contendientes y los huevos. La pelea fue fulminante. Por dos veces quedaron trabados con sus picos, lastimándose ambos el paladar. La sangre les ensuciaba la cabeza, las aletas y el vientre blanco. Pero el pingüino intruso no cejaba. Se propinaban fuertes golpes con las aletas, y alrededor de los ojos profundos cortes demostraban la fiereza del combate. Peleaban enceguecidos, recibiendo –a veces- algunos picotazos al caer en nidos ajenos. De uno de esos nidos hicieron huir espantada a una hembra que tenía dos huevos. A juzgar por el tamaño pequeñito de uno de esos huevos, se trataría de una primeriza, que –inexperta- abandonó el nido asustada. Los dos machos enfrascados en la disputa no se percataron de lo sucedido, pero si los predadores. Aprovechando la confusión, cuatro gaviotas se acercaron y posaron sus patas en tierra cerca del nido momentáneamente abandonado por la hembra inexperta. Una de ellas –la más osada- se acercó caminando y metió medio cuerpo en el nido tomando un huevo con su pico. Enseguida levantó vuelo llevándolo consigo, perseguida por las demás que intentaban hacérselo caer y participar todas del botín. En el aire se desarrollaba una persecución encarnizada. Parecían verdaderos “cazas de combate” librando una batalla aérea.

Simultáneamente en tierra la cruenta lucha entre los pingüinos parecía llegar a su punto final. Ambos estaban ya muy lastimados. La hembra precipitó el desenlace al provechar un momento en que se encontraban casi en la boca del nido, para salir y atacar también ella fieramente. Entre los dos entonces vencieron la voluntad del macho agresor quien –menos motivado que los defensores del nido- abandono la lucha sorprendido y maltrecho, perseguido por su contendiente. Finalizada la pelea, el macho vencedor –con las claras huellas del combate en su cuerpo- emitió el característico grito, esta vez con un inconfundible tono de victoria.

Fieros combates por la defensa del nido...

Fieros combates por la defensa del nido…

Mientras tanto las gaviotas culminaron su trabajo. Finalmente la que llevaba el huevo robado a la huidiza hembra lo dejó caer acosada por sus pares. Todas entonces se lanzaron a comerlo. El otro huevo que había quedado en el nido, el más pequeño, fue aprovechado por una oportuna gaviota austral quien, solitaria, se alzó con el botín…”

 

Continuará…

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