Relatos del Cajón… (Pelea por la Vida – (Capítulo 3 La Dura Tarea de Vivir)

Capitulo 3

 LA DURA TAREA DE VIVIR

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“…Mediados de diciembre halló a los pichoncitos bastante crecidos. Se aventuraban a salir a la entrada del nido y quedarse parados afuera, mientras los adultos vigilaban…”

“… Los skuas, o también llamadas gaviotas de rapiña, tienen un cuerpo vigoroso y aspecto agresivo. El color pardo oscuro y las bandas blancas en la parte interna de las alas con la característica forma de V, las distinguen netamente de las demás gaviotas.

Tienen los nidos diseminados en los alrededores de la pingüinera y hacia la punta del accidente geográfico. De ellas parten en sus incursiones de caza. Como los pingüinos son aves netamente territoriales, defienden una amplia zona con denuedo. Se lanzan en picada sobre el intruso –inclusive el hombre- hasta hacerlo huir de las inmediaciones de su nido. La misma efectividad ponen de manifiesto cuando de comer se trata. Por ello el pingüino esta siempre alerta a esa amenazante sombra. Basta que deje el nido para que –si esta cerca- el skua se lance para robar huevos o pichones.

Atentas al menor descuido...

Atentas al menor descuido…

Mediados de diciembre halló a los pichoncitos bastante crecidos. Se aventuraban a salir a la entrada del nido y quedarse parados afuera, mientras los adultos vigilaban. Ya podían pararse y –la mayoría del tiempo- parecían pequeños budas de redonda y blanca panza con miradas absortas. Todo era nuevo para ellos y cada sonido, cada movimiento, significaba algo.

Curiosidad y temor...

Curiosidad y temor…

El día fue muy caluroso, y los pequeños habían permanecido la mayor parte de él en el interior de la cueva; por eso al atardecer muchos pingüinos y pichones, se hallaban afuera del nido. Merodeando entre las cuevas, cantidad de gaviotas “cocineras”, palomas antárticas y algunas gaviotas australes permanecían atentas. Bastaba el menor atisbo de pelea o disturbio en los nidos, para que alzaran vuelo entre estrepitosos graznidos.

Fue así como la intromisión de un pingüino subadulto en el nido vecino desencadenó el drama. El joven –visiblemente excitado- intentó meterse por la fuerza en un nido donde una hembra descansaba al lado de sus pichones. La hembra comenzó a emitir amenazantes voces, pero el joven introdujo la cabeza desoyendo la advertencia. Inmediatamente un intercambio de picoteos hizo temblar la cueva. La pareja de esa hembra llegó justo cuando su compañera y el intruso salían al exterior. El joven fue tomado entonces “entre dos fuegos”. Enceguecida la hembra por el combate, excitado el macho por la defensa del nido, se lanzaron ambos en persecución del –para entonces- aterrorizado joven. El nido quedó solo por escasos minutos, pero fue suficiente. Los pichoncitos vieron con ojos asombrados como una gaviota entraba rápidamente en el nido de sus vecinos y sacaba a un pequeñito nacido en la última semana de noviembre en el pico. Con celeridad levantó vuelo antes de que los padres regresaran a defender su territorio. Pero no todo terminó allí. En el aire, una veloz figura cruzó el cielo y colisionó con la gaviota; ésta –sorprendida- dejó caer su presa. Era un skua que –fiel a su hábito de pirata- no desperdició la oportunidad de obtener alimento sin mayor esfuerzo. Ambos se lanzaron en rauda picada sobre el pichoncito que se hallaba inerte en tierra. Llegó primero el skúa quien se apoderó del cadáver, aunque no alcanzó a levantar el vuelo. La gaviota no estaba decidida a dejar la presa así no más. Entre graznidos y saltos alrededor de la víctima, las dos aves comenzaron a tironear de ella. Parecía que todo iba a terminar en una sangrienta distribución equitativa cuando –en el forcejeo- la gaviota soltó a su presa y levantó vuelo, situación que aprovechó inmediatamente el skua para introducirse en un voraz bocado el cuerpo completo del pichoncito. Con el buche lleno y casi atragantado levantó vuelo, perdiéndose rápidamente entre las lomas.

Las peleas provocan la oportunidad de rapiñar...

Las peleas provocan la oportunidad de rapiñar…

Los pichoncitos habían presenciado todo –pues el drama se desarrolló completo a escasos metros de su nido- y aparentemente no había signos de emoción alguna en ellos. Sin embargo sus cuerpecitos se encogían cada vez más y se replegaban dentro del nido, mientras transcurría la acción. Captaban. Su instinto captaba el peligro. Sabían que su seguridad estaba cerca de mamá y papá…”

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Continuará…

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