Relatos del Cajón… (El Bulto Negro)

Rutas Patagónicas… El bulto Negro

“…Salvo por mí, privilegiado testigo de ese instante. Secuencia de tiempo irrepetible. Quizás mágica. Quizás única….”

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El bulto negro cruzaba la ruta y se agrandaba a medida que me acercaba.

Al verlo, instintivamente, miré hacia atrás por el espejo retrovisor. Ningún vehículo a la vista. La ruta estaba despejada. Al frente, también.

Enfoqué mi vista en el bulto negro que aumentaba de tamaño rápidamente.

Ya había llegado a la mitad de la ruta asfaltada.

Levanté un poco el pie del acelerador y me tiré hacia la derecha del camino. Nuevamente la fugaz mirada por los espejos laterales de mi camioneta… Nada. Al frente, tampoco.

Pasé a baja velocidad por un costado del bulto negro que seguía imperturbable su camino hacia la otra banquina.

Adelante nada. Ningún vehículo. Igual atrás.

Continué a baja velocidad mirando alternativamente hacia adelante, a la ruta, y hacia atrás por el espejo lateral.

Esta vez el bulto negro se achicaba a medida que proseguía mi camino, pero cada vez más cerca de llegar a su destino; la otra mano de la ruta. Al abrigo de las matas esteparias que cobijarían nuevamente ese bulto negro.

En el momento en que vi que dejaba el asfalto y se adentraba en la enripiada banquina sonreí.

– ¡Lo lograste! – me dije

Apreté nuevamente el acelerador y continué mi camino.

La enorme araña, peluda, grande como el puño de un adulto, había logrado sortear un mortal obstáculo. No sabía que la había impelido a iniciar esa riesgosa aventura. Ignoraba que atávico instinto le ordenaba seguir inexorablemente ese camino para llegar a su destino. Sin medir los riesgos, sin temor a las ruedas de los autos y camiones que transitaban ese sector de la ruta patagónica.

Dancing Lady B

Zona que inexplicablemente en esos momentos, esos minutos que duro el cruce de la araña por sobre la cinta asfáltica, permaneció inusualmente desierta. Salvo por mí, privilegiado testigo de ese instante.

Secuencia de tiempo irrepetible. Quizás mágica. Quizás única.

Como todos los momentos.

– Tuvo suerte- pensé.

Mi mente continuó rumiando ese simple y particular hecho presenciado.

A partir de ese instante todo cambio para la araña. Ya nada sería igual. Podría –nada más y nada menos- continuar con su existencia. Cumpliendo los cotidianos actos de la supervivencia. Haciendo lo que por naturaleza había sido designada para hacer. El destino así lo quiso. Estaba determinado que ese día y a esa hora la ruta estuviera despejada para que ella la transite…

– ¿Que hubiera pasado si…?

Aumenté el volumen de la radio al máximo para que la música acallara mis pensamientos que se tornaban molestos.

Un enorme camión pasó a mi lado, en dirección contraria, sacudiendo la camioneta.

Miré hacia atrás y sonreí.

La vida había ganado esta vez!

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