Relatos del Cajón (Reflexiones junto al mar…)

La Red

“…La verborragia que aturde nuestra vida termina confundiendo y abre camino al caos, pese a creernos entender y ser parte de ese mundo global…”

P1160371 B

“… Musters, ¿los piojos no duermen nunca…? – preguntó el cacique Orkeke… (*)

Que viniera a mi mente el pasaje de ese libro de viaje me hizo reír; resultaba una analogía más que ajustada a las reflexiones que ocupaban en esos momentos mi cabeza:

– Como los piojos los pensamientos nunca duermen- me dije- y como ellos, en ocasiones, suelen ser muy molestos…

Alejado voluntariamente por un rato de computadoras, celulares e internet cavilaba con la recurrente idea de la comunicación que intenta “adueñarse” del instante… Infructuosamente claro.

Sentimiento que me había hartado ya en mis primeros años como periodista. Hoy esa sensación de “atrapar el instante” parece – erróneamente- ser alcanzada, pero esa falsa certeza nos engaña a través de Internet y las redes sociales, la televisión y los tuits, y corremos –como un perro que persigue a su cola- en círculos.

Las palabras y las imágenes se multiplican, envuelven, bombardean creando una endeble –o falsa- sensación de conocimiento.

Filtrar lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira es una tarea ciclópea, y no muchas veces fructífera.

Cada segundo es hoy expuesto con deliberada saña saturándonos sin cesar con asesinatos, guerras, corrupción, aniquilamiento, y apocalipsis planetarias… Nos deja estupefactos y hasta – en ocasiones- inermes para la acción. ¿Quien puede entender lo que nos hacemos a nosotros mismos?

Continuamos día a día sumergidos en la tarea cotidiana; en ocasiones gratifica, otras es frustrante, pero en cualquier caso ineludible para la existencia –material al menos-. Peleamos las pequeñas batallas a nuestra medida…

La verborragia que aturde nuestra vida termina confundiendo y abre camino al caos, pese a creernos entender y ser parte de ese mundo global.

La Red nos envuelve.

Parar y callar es – a veces- saludable.

La contemplación del mar, el vuelo de las aves y los sonidos puros de la naturaleza se transforman en un bálsamo que apacigua el estado de tensión al que nos sometemos voluntaria y cotidianamente…

Sentado en la solitaria playa, mirando el mar, intento ignorar la idea de que este mundo natural que nos cura, puede no estar por siempre; que las sempiternas guerras que se perpetúan desde el pasado y se repiten cíclicamente pertenecen a un mundo virtual (como se nos muestra a diario, no es difícil caer en esa ilusión )…  Sacudo la cabeza con la vana intención de borrar la realidad.

Resignado, e ingenuamente optimista, esbozo una sonrisa y pienso:

– Los pensamientos, como los piojos, nunca duermen…-

Antofagasta-Arica 288 B

(*) Del libro “Vida entre los Patagones”George Chaworth Musters

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