Relatos del Cajón… (Fotos para el Alma)

Gestos…

Carlos B C

Días atrás vi en la televisión una película que trajo a mi memoria una de las muchas experiencias vividas junto a grandes fotógrafos. Una escena en particular resaltó un gesto que muchos fotógrafos –más tarde que temprano- hemos adquirido:

“Se mostraba el plano de un veterano fotógrafo camuflado entre las rocas acechando detrás de un teleobjetivo la esquiva figura de un leopardo de las nieves. El felino aparece, la cámara lo enfoca -a través del objetivo- y se lo ve avanzar, olisquear el aire, y mirar hacia donde el fotógrafo está. Inmediatamente la escena cambia a un primer plano de éste espiando a través de la lente, levanta su cabeza y sonríe satisfecho… Cambia la imagen y el leopardo va desapareciendo otra vez entre las rocas. A su lado otro protagonista increpa confundido:

  • ¿No sacaste la foto?

El veterano lo mira con calma, sonríe y moviendo la cabeza contesta:

  • En ocasiones guardo algunas fotos solo para mí…-“.

Convocada por esas imágenes, vino a mi mente una experiencia similar vivida muchos años atrás.

“Estaba en Punta Tombo asistiendo a un gran fotógrafo de la revista Life… En esa época los rollos de película restringían la producción de fotógrafos vernáculos, aunque no la cuantiosa descarga de los fotógrafos internacionales. “De la cantidad sale la calidad…” solían repetirnos. Un gesto como de resignación acompañado de un encogimiento de hombros valía –en mi caso- como explicación… Se hace lo que se puede significaba.

Disfrutando de la compañía de distintos enviados de medios extranjeros que venían a retratar nuestra naturaleza y la vida silvestre, aprendía de esos “consagrados”.

Un día en particular se conjugaron ciertos factores de esos que conforman “la foto”. Luz, ocaso, comportamiento animal, sombras…

La cámara montada sobre el trípode, el gran angular dispuesto… La observación a través de la lente, pero nunca hubo un disparo.

La luz dorada envolvía como en un halo el rostro del fotógrafo donde se resaltaba una tenue, y franca sonrisa… Me miró cómplice y nada dijo.

Joven, ávido y ansioso no comprendí cabalmente en esos momentos el gesto, por respeto hacia su reconocida profesionalidad tampoco yo disparé mi cámara, pero sentí que perdía una imagen, sin importar el ahorro de película…”

Recordé muchas veces ese instante, Aunque años hubieron de pasar hasta que ese don me fue concedido; experimtar la íntima sensación de saber que -aquello que veía- no serían nunca imágenes reveladas. Disfruto con placer y hasta cierta regocijante picardía- como quien esconde un maravilloso y único secreto- la foto guardada únicamente en los pliegues del alma…

(Eddy Adams se llamaba el fotógrafo, veterano de Vietnam, dueño de incontables tapas de la legendaria publicación y premio Pulitzer).

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