Relatos del Cajón… (Sin Palabras)

Sobran las Palabras

“…El cumpleaños había ya dado cuenta de varias cervezas, algunas botellas de vino denotaban la preferencia por cierto varietal, mientras él seguía con el whisky. Miraba y escuchaba, asentía de vez en cuando o sonreía con aprobación…”

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Solía ocurrir que se desconectaba si había mucha gente. Miraba alrededor con gesto de atención y -si bien no perdía el hilo de las conversaciones- evitaba emitir comentarios. Se dio cuenta que era muy habitual que eso sucediera. Se formaban las ideas en su mente, los razonamientos, las frases perfectas para intercalarse en la conversación… Pero no salían de su boca.

La reunión continuaba, y todos hablaban en esa dicharachera fiesta de cumpleaños; el parloteo era incesante, risas, bromas, alguna seria conversación más allá…

Su rostro demostraba una actitud relajada y en apariencia atenta, la mano izquierda en la barbilla acodada en el apoyabrazos del sillón, y en la derecha un vaso de whisky que movía en suaves círculos para que se mezclaran los cubos de hielo con la bebida. Parecía en calma, mientras capturaba conversaciones aquí y allá.

“… – La política es así – dijo con ofuscada convicción alguien.

– Así nos va- agregó otro con resignación- si no participamos nada va a cambiar…

– Si te metés te digiere el sistema. Terminás siendo parte del problema, uno más que se suma a la corrupción…

La conversación se convertía en disputa. Los argumentos se esgrimían a voz en cuello, y poco se entendía en ese agresivo intercambio verbal. Pensó en intervenir con alguna humorada o quizás algún cuerdo comentario; pero la verdad es que sentía no poder aportar nada de importancia. Vino a su mente una situación similar:

– “… Muchacho vos servís durante la revolución… Una vez en el poder hay que doblarse más de la cuenta…”

Recordaba la bronca de ese momento, su rabia e impotencia… Con los años pudo asimilar ese “consejo” y hasta agradecerlo. Entendió que para él ciertas cosas eran de una manera y no de otra. No tenía respuestas, por lo tanto tampoco palabras para exteriorizar…

Su atención de dirigió a otra conversación que llegaba entrecortada a sus oídos.

Hablaban de la muerte, tema poco propicio para una reunión festiva. Escuchaba palabras sueltas como lucha con la enfermedad, tiempo, culpas, amistad, reproches…

Recordó nuevamente situaciones similares en las que estuvo involucrado:

“…-¡¡¡ Noo, no puede decir eso!!!- apuntó enfáticamente la mujer. Como te va a echar la culpa de su enfermedad –continuó diciendo con tono ofuscado… – ¡No es justo!

El la miraba con tranquilidad, asintiendo con los ojos, y con cierto a agradecimiento por su decidido apoyo. Se sentía dolido debido a la carga impuesta, aunque la aceptaba.

La mujer continuaba desgranando su punto de vista, esgrimiendo razones y condenando la conducta del enfermo…

Estuvo a punto de interrumpirla y expresarle su agradecimiento, a la vez que explicarle porque aceptaba esa culpa aunque no fuera justa. Porque si a un amigo le servía desahogar su dolor, consternación y miedo ante la certeza de la enfermedad, él lo entendía. Si le hacía bien, él lo entendía. Podía en esta ocasión ser fuerte y recibir las duras palabras sin sentirse agredido, porque sabía que proporcionaban un cierto alivio al otro. Y también, porque era su sentir, su necesidad, su deber quizás, para con ese amigo. ¿Conductas entre hombres que comparten ciertas actitudes como reglas no escritas?

Fijo en ella una mirada calma plena de ternura, mientras movía muy suavemente su cabeza como asintiendo a la vez que con sus brazos apoyados en la mesa del bar, abría ambas manos y se encogía levemente de hombros como significando:“así son las cosas”… Y nada dijo”

El cumpleaños había ya dado cuenta de varias cervezas, algunas botellas de vino denotaban la preferencia por cierto varietal, mientras él seguía con el whisky. Miraba y escuchaba, asentía de vez en cuando o sonreía con aprobación…

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– No gasto en viajes – escuchó decir a alguien en un extremo del salón – yo voy a lo seguro si tengo plata invierto en ladrillos!-  agregó muy convencido.

– Pero no me digas que los viajes no te enriquecen… – aseveró otro…

Como respuesta recibió una mirada de sorpresa ojos desorbitados y una airada pregunta…

– ¿Más rico, como?

La conversación le interesaba. No podía imaginar la vida sin viajes, moverse de aquí para halla, sea por trabajo o placer. Estuvo a punto de dar su opinión, intervenir volcar su pensamiento sobre como los viajes lo enriquecerían…

– ¡Dejáme de joder! –agregó en tono ofuscado- se nota que te sobre la guita…

Y claro, nada dijo…

Sorbió lentamente y pensativo de su vaso. Recorrió el ámbito con la mirada, mientras pensaba que cada vez más sentía que las palabras no siempre reflejaban con precisión sus pensamientos. No era un buen orador. Si bien la palabra fue primero que la escritura, se sentía más identificado con aquellos que plasmaron sus ideas con dibujos en la piedra o las letras en un papiro. Rió para sus adentros por sus propias ocurrencias.

Se sentía muy cómodo y en armonía inmerso en la naturaleza. Rememoró la tarde anterior:

“… La ballena exhaló su respiración emitiendo un sonoro resoplido, mientras el chorro de aire caliente expelido de sus pulmones se vaporizaba en el tenue y fresco aire matinal. La colosal criatura acababa de concluir una serie de cuatro saltos que eyectaron su corpulencia fuera del agua hasta que chorreante, con una fuerte explosión de agua y espuma, se hundió nuevamente en su elemento. El giró su rostro enfocando a su pareja con gesto de inocultable alegría, y en su alma una cálida sensación de placer invadió todo el cuerpo. La sonrisa dibujada en los labios, y los ojos plenos de emoción, trasuntaban la emotividad del momento. Su mente dibujó las palabras que estaban por salir de sus labios, en el preciso instante en que ella estiró su mano y acarició la suya, mientras sus azules y transparentes ojos se encontraban con los suyos… Sobraban las palabras”.

Collage Ballena Salto page

Por un momento salió de su ensimismamiento. Temía que sus ojos –un tanto húmedos- denotaran sus pensamientos. Miró hacia la mesa – mejor dicho debajo de la mesa- y su rostro se iluminó. Apuró el vaso de whisky y fue al encuentro del pequeño que lo miraba con ojos pícaros invitándolo a comer un pedazo de torta que él ya saboreaba golosamente con su carita impregnada de dulce de leche…

– Aquí sobran las palabras- pensó mientras alzaba al niño…

 

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