Relatos del Cajón… (El pingüino blanco)

El Fantasma (*)

“…Pasaron varios días, y comencé a pensar que “el fantasma” en realidad no había existido, cuando volví a verlo fugazmente…”

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     “Cuando me encontré frente a él, imprevistamente, quedé estático. Ambos nos miramos: el ave con curiosidad; yo con una mezcla de asombro y fascinación. Sabía que tenía que encontrar alguno en el constante deambular por la pingüinera. Había visto fotos… Pero esto era irreal.

     Vi al pingüino blanco cuando casi estaba sobre su nido. Su albo plumaje reflejaba las últimas y doradas luces del sol. No había vestigios de otro color que no fuera el blanco en el inmaculado plumaje. Únicamente tres puntitos negros – detrás de cada ojo – le conferían cierta exquisitez a la cabeza. El pico era amarillento, las patas blanco rosado y las aletas lucían un suave color grisáceo. El conjunto era sencillamente hermoso.

Blanco pero no albino...

Blanco pero no albino…

     Pocos segundos duró el fugaz encuentro. Luego de mostrarse cuan bello era, el pingüino blanco se deslizó muy despacio dentro de la cueva. Me maldije por no tener la cámara fotográfica conmigo – un error imperdonable para un cazador de imágenes -. Pero igualmente el encuentro había sido mágico. Disfrutaba con el hecho de haberlo vivido. Quedé algunos minutos parado y – rodeado por cientos de pingüinos que miraban con persistente curiosidad – pensando en esa imagen fantasmal que se había presentado ante mis ojos…

     Marqué el nido con cuidado. Ya tendría oportunidad de fotografiarlo.

     Pasaron varios días, y comencé a pensar que “el fantasma” en realidad no había existido, cuando volví a verlo fugazmente. Pero al igual que una esquiva estrella del espectáculo, apenas me veía, el ave se guarecía en la cueva. Muchas horas de espera pasé aguardando para lograr una toma. Pero los resultados no eran satisfactorios. Una mañana el pingüino no estaba. La colonia comenzaba a quedar vacía, y “el fantasma” ya se había ido.

Variaciones de plumaje entre los pingüinos de la colonia...

Variaciones de plumaje entre los pingüinos de la colonia…

     Todo un año pasó hasta que se produjo el reencuentro. Lo había buscado desde el comienzo de la temporada, pero sin resultados. Temía – en las diarias recorridas – encontrar su cuerpo en la playa con las mortales manchas de petróleo en su níveo plumaje. Cada vez más era los pingüinos que sufrían la agónica “muerte negra”…

     Fue Carol quien lo vio esta vez. Allí estaba, altivo, orgulloso. Destacando su blancura entre sus congéneres vestidos de “frac”. Permitió que la mujer, y luego yo, nos acercáramos. No tenía miedo. Se mostró seguro y confiado. Los encuentros se repitieron casi a diario. Y un día se fue, obedeciendo a su instinto.

     Ahora – Carol y yo- lo esperamos. Sabemos que vendrá. Mientras “el Fantasma” regrese habrá esperanza. Se nos antoja que es como el alma de la pingüinera”.

Pingui Fantasma B

(*) Publicado en “Dinosaurios: Relatos y Sueños de un Guardafauna” de Carlos A. Passera