Relatos del Cajón… (Orcas)

EL HOMBRE ORCA

Orca 2 BC

“…sus charlas y conferencias eran memorables. En una de ellas fue como lo conocí. Estaba a punto de viajar al sur para asumir el cargo de guardafauna, y Juan Carlos ya era una leyenda de esos parajes…”

     “No podía creer lo que estaba sucediendo. La naturaleza no acababa nunca de sorprenderme, pero aún así…

     La orca se aproximó a la playa. No a cualquier sitio, sino exactamente a ese lugar en donde había sido convocada por Juan Carlos. La enorme aleta delataba su condición de macho de la especie. Se acercó con delicadeza. No se varó en profundidad – como suelen hacer en una cacería -, sino que protagonizó una suerte de suave desembarco. Respiró, y el sonido – fuerte y profundo – del aire saliendo por su espiráculo se impuso con intensidad por sobre los otros que componían la marítima partitura. La lustrosa piel del cetáceo brillaba, chorreante de agua, con las luces del sol. Sus ojos observaban a las dos criaturas humanas con inteligente curiosidad.

     Juan Carlos, acuclillado a escasos centímetros del colosal mamífero, giró su cabeza y me miró con una sonrisa divertida. A dos metros de distancia yo observaba extasiado. Mi boca dibujaba una perfecta O, denotando la sorpresa. Los ojos, enormemente abiertos, intentaban registrar la escena. De mis manos pendía, a medio camino entre el pecho y el rostro, la cámara fotográfica…

     Con un fuerte impulso de la aleta caudal, la orca ayudó a su enorme cuerpo a girar. Segundos después nadaba en el canal, manteniéndose muy cerca de la playa y como mirando provocativa a los hombres.

     – ¡Sacaste las fotos! – preguntó en tono burlón Juan Carlos.

     Lo miré todavía anonadado. No podía reponerme del asombro. Sacudí la cabeza, como para volver a ordenar los pensamientos, miré la cámara fotográfica en mis manos y comencé a reír.

     – ¡Vos sabías! ¡Vos sabías y no me dijiste! – increpé a mi compañero -. Sabias muy bien lo que iba a pasar… Si hasta me preguntaste si no iba a cambiar la lente – dije mirando la cámara montada con un teleobjetivo -, hasta con el gran angular le hubiera fotografiado las amígdalas…

     Hubo tiempo para la revancha, varias pasadas hicieron las delicias de ambos y las imágenes fotográficas fueron convenientemente captadas. Pese a las insistencias Juan Carlos no reveló su secreto para llamar a las orcas… No hacía falta. El placer se renovaba, rodeado de misterio, con la presencia del guardafauna.

El hombre orca B

     Es que las orcas y Juan Carlos conformaban algo así como un sinónimo. La prolongada convivencia con esos seres lo llevó a realizar importantes observaciones, tenidas en cuenta por investigadores nacionales e internacionales. El conocimiento y particular forma de relatar las vivencias y relaciones entre los seres que pueblan ese rincón patagónico, hacían que sus charlas y conferencias fueran memorables.

     En una de ellas fue como lo conocí. Estaba a punto de viajar al sur para asumir el cargo de guardafauna, y Juan Carlos ya era una leyenda de esos parajes. Ese primer encuentro fue formal, luego vino lo verdadero, una lucha codo a codo en favor de la naturaleza y contra la realidad.

     Yo – al igual que muchos – veía en “el flaco” al arquetipo de la figura del guardafauna. Apasionado, dueño de un riguroso conocimiento, y capaz de matizar con infinitas anécdotas las charlas a los viajeros. No había un visitante que pasara por Punta Norte que no sintiera un pequeño cambio en su espíritu al dejar la reserva. Juan los hacía pensar.

     Otro rasgo saliente era su humor. Hábil dibujante, fue autor de numerosas historietas que involucraban a la fauna del lugar. Un invierno – en el que me había trasladado a Punta Norte para realizar un relevamiento fotográfico -, dimos “vida” a un engendro que tenía la misión de ser el portavoz de todos los seres y especies. Su labor era la de denunciar y desenmascarar a los responsables de las agresiones a nuestro mundo. Durante largas noches junto al fuego el personaje fue alimentado con premeditada alevosía. El pingüino – nacido de uno de los “Huevos” de Pativi (seudónimo con el que Juan Carlos firmaba sus creaciones) – buscaba sacudir a los adscriptos a La Causa y a sus transgresores…

     … El tiempo pasó y la incoherencia pudo más. Dejó Punta Norte. Pero no se doblegó su espíritu. Incansable, como un “Quijote”, continuó desafiando a los vientos patagónicos. El mar, su pasión, y los chicos son los receptores de la infatigable lucha que lo tiene como protagonista principal por aquellas latitudes.

     ¡Orcaman al ataque!”

Orca 1 B

Extractado de “Dinosaurios- Relatos y Sueños de un Guardafauna” – Carlos A. Passera

Nota del autor: Cíclicamente reaparecen notas y fotos sobre estos magníficos cetáceos. El rigor y la mesura no suelen acompañarlos. Valga el reconocimiento a quienes durante años ayudaron sin estridencias a conocerlos…

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