Relatos del Cajón (Helena y el Viejo Sabio)

Helena y el “Viejo Sabio” del Bosque

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Caminaba Helena por los senderos del bosque buscando piñas de pino y palitos para hacer el arbolito de navidad.

De pronto, apenas a unos pocos centímetros de su pié, cayó una ramita. A los pocos segundos otra a sus espaldas. Y en seguida una piña de pino rodó a un costado…

Helena se detuvo curiosa, miró para arriba, para abajo, a la derecha y a la izquierda… Nada había alrededor.

Un suave vientito le movía el cabello:

-Debe ser el viento- pensó-

Camino unos metros más, y otra vez una rama con verdes agujas de pino cayo en frente a ella, inmediatamente otra piña a un costado…

-¿ Granny, vos me está tirando ramitas y piñas? – pregunto a su abuela. -No -dijo la Granny – y después de pensar un ratito agregó- A lo mejor es el Viejo Sabio de Bosque que quiere hacerte bromas

-¿Y quien es el Viejo Sabio? – preguntó Helena

La Granny sonrió y le contó la antigua historia:

– El “Viejo Sabio” es un duende bueno que se esconde entre los árboles y cuida el bosque, las flores, y todos los animalitos que viven en él. Se esconde y no se deja ver, pero a veces se divierte llamando la atención de los niños, y si se portan bien cumpliéndole deseos…

-¿Y lo puedo ver? – preguntó ansiosa Helena…

-Mmmm, es muy difícil – dijo la granny- es pequeñito como tu muñeca, muy viejito y arrugado, con una larga barba como la de los helechos que crecen en los árboles y con la piel como la de la corteza de este enorme pino…

-Pero si lo dibujas como te lo imaginás, le pedís algunos deseos y se lo dejas en su camita de agujas de pino arriba del árbol. A lo mejor se te cumplen…

-Si también se lo voy a pedir a mi palo mágico – dijo entusiasmado levantando la gruesa caña colihue que había encontrado por el sendero… Dibujó y llevó con su mamá el mensaje para el Viejito Sabio.

-¿Y qué le vas a pedir? – preguntó la granny.

Helena frunció el ceño, apretó los labios, pensó “fuerte” y dijo:

-Que se vayan las nubes, que no llueva, que nos sentemos todos al lado del fuego, que salga la luna y que vea más flores y animalitos del bosque…

Salio el sol y brillaron las flores...

Salio el sol y brillaron las flores…

Vino la noche, apareció la luna, el fuego la iluminó, pasó Papá Noel, salió el sol, y los animalitos del bosque visitaron a Helena…

Pato Vapor Volador y zorrito refrescándose...

Pato Vapor Volador y zorrito refrescándose…

El “Viejito Sabio del Bosque” sonrió feliz.

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Relatos del Cajón… (Leo y Rino)

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“….Todo lo que deseaba ahora era volver a África. Todavía no la habíamos abandonado, pero cuando despertara durante la noche estaría acostado, escuchando, nostálgico ya por ella…” – Ernest Hemingway “Las Verdes Colinas de África”

De cuernos y melenas…

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“…Se miraban con intensidad. Uno con admiración y respeto; el otro con atento recelo.

Los ojos color miel del león, resplandecían con ambarinos reflejos en la cálida luz de la mañana. Como todo predador se mantenía atento a cada movimiento sin sacar la vista de la posible presa o potencial peligro. No apartaba la mirada de la figura voluminosa del vehículo; un blanco demasiado grande que instintivamente evaluaba si resultaba amenaza o no. El hombre sintió por su parte que las miradas los comunicaban. Los escasos metros de separación le brindaban esa sensación de intimidad.

Ambos –hombre y bestia- se escrutaban.

Tras algunas fotos bajó la cámara y se dedicó a observar con la misma intensidad que el león lo hacía.

La brisa muy suave y en sentido opuesto, traía el aroma de los secos pastos y movía la densa melena del espléndido felino. Ojo a ojo la observación se intensificaba. Por instantes apenas el león escudriñaba los alrededores y volvía a fijar los ojos en el hombre. Curioso, y más relajado a medida que el tiempo transcurría.

Con una sonrisa de satisfacción el hombre se entregó con deleite a la observación. Su mente trajo a la memoria el relato oído noches anteriores junto al fuego: la leyenda narraba como el Rey de Todos Los Animales había sido curado por un rinoceronte y como éste había obtenido el cuerno que hoy lo distinguía…

‘… Un día, en la sabana africana, el rinoceronte – que en ese entonces se llamaba Simoneos y no lucía el cuerno en su nariz- tomaba sus baños de tierra cuando Bo – la boa constrictor- pasó a visitarlo. Fue entonces cuando le contó los problemas que el Rey sufría. Leo había comido una hiena que estaba envenenada con las ponzoñosas aguas de una aguada. Estaba muy enfermo y nada parecía poder sanarlo. Simoneos por el contrario estaba convencido que algo debía hacerse para salvar al Rey. Bo le dijo que había una sola cura; un té preparado por la planta de Bulewo, pero que solo crecía cuando la lluvía caía, y hacía mucho tiempo que ella no llegaba… Preocupado Simoneos se durmió, y soño. En ese sueño las aves que siempre están sobre su lomo y detrás de las orejas comiéndole las garrapatas le susurraron: ”Te podemos ayudar, te podemos ayudar”.   Las aves sentadas en su hocico comenzaron a batir sus alas hasta elevar a Simoneos a las alturas y danzaron en el espacio convocando negras nubes… La lluvia llegó y bañó la sabana. Las plantas comenzaron a crecer y Bo diligentemente recogió frescas hojas para que Simoneos prepare el brebaje que sanaría al Rey. El té salvó a Leo y éste en recompensa le obsequió un enorme diamante. Simoneos lo colocó en la punta de su nariz y milagrosamente éste se incrusto en su hocico como un unicornio. Feliz vio como le servía ese cuerno de diamante fuerte y sólido donde las hermosas aves podían también posarse… Así cambió su nombre al de Rinoceronte, que significa cuerno en la nariz…’

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El león se irguió sobre sus patas delanteras provocando la ruptura de los pensamientos del hombre. Una última mirada y como diciendo – ya es suficiente-, el León comenzó a rugir lenta, espaciada y pausadamente tres veces culminando en sonoros y graves sostenidos… Su voz resonó poderosa y se extendió a los confines de su amplio territorio.

Admirado y en silencio el hombre vio como, tras una fugaz mirada como despedida, se perdió con paso cansino entre los matorrales…

– Seguramente la presencia humana amparada en los contornos del vehículo no representaban amenaza o peligro para su dominios- se dijo esbozando una tenue sonrisa de placer…”

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