“Buscando a Moby Dick”

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“… A la distancia se habían distinguido los surtidores que las caracterizaban; un chorro vaporizado en el aire marino que se dibujaba en diagonal a la superficie del agua…”

“El bote neumático se balanceaba en la marcada onda marina del Atlántico. A lo lejos la isla –una de las nueve que conforman el Archipiélago de las Azores- recortaba esfumado entre la humedad marina su escabroso contorno de acantilados volcánicos.

En silencio y emocionado bajó la cámara fotográfica y se dispuso a relajarse mirando las azules aguas. Abajo, muy abajo –quizás cerca de los mil quinientos metros de profundidad que marcaba el sonar- estaban ellas.

Escasos minutos antes dos colosales cachalotes o también llamadas ballenas de esperma (Physeter macrocephalus) protagonizaron frente a sus ojos los habituales comportamientos de la especie. Nada extraordinario, simple curiosidad, armonía y cautela frente a la presencia de esos seres que venían a observarlas. Cautela que quizás aún recelaba de las intenciones que podrían tener.

A la distancia se habían distinguido los surtidores que las caracterizaban; un chorro vaporizado en el aire marino que se dibujaba en diagonal a la superficie del agua. Una segunda espiración corroboró que se trataba de los dos ejemplares que el “Vigía” había visualizado desde su atalaya en la lejana costa. Las eficientes modalidades de antaño practicadas por los antiguos balleneros continuaban siendo utilizadas por quienes realizaban las incruentas salidas de observación de ballenas.

Al acercarse la embarcación y cuando los motores redujeron sus revoluciones, la corriente a favor comenzó a acercarla.

Doblaban el tamaño del bote. La pequeña aleta dorsal sobresalía del agrisado lomo, pequeñas olitas rompían sobre él. Parecían estar a la expectativa. Silencio. Solo el mar y su menudo sonido… Con vigor el resoplido sonó quebrando la calma. El aire vaporizado se condensó en miríadas de gotitas que se esparcían como una nube a influjo de la suave brisa marina. Por momentos un tenue arcoíris daba color al chorro de aire expelido por los pulmones del cetáceo. Alto y con un marcado ángulo salía del espiráculo ubicado a un costado de la enorme cabeza. Esa misma columna de aire que antes la condenaba a una segura muerte, hoy provocaba la admiración de quienes tenían la suerte de observarlos.

Una segunda respiración –del otro ejemplar visiblemente mayor en tamaño- dio paso a un aparentemente lento movimiento de todo el enorme cuerpo. Como en una ensayada maniobra ambos se fueron sumergiendo con cierta parsimonia. Despacio se dejaban ver los bultos de los huesos de la columna que desaparecían en la transparente superficie marina, para ver cómo se deslizaba la pequeña aleta dorsal. Un marcado ángulo curvo de la parte posterior del cuerpo, allí donde el pedúnculo se unía a la aleta caudal, indicaba que esa enorme cola de cinco metros de longitud iba a mostrarse completa fuera del agua… Pero no, apenas un esbozo de ellas dio paso a una marcada turbulencia en la superficie del mar. Su huella…

– No va a tardar en reaparecer- dijo calmo Sebastiao, el joven Capitán- ha sido solo una inmersión superficial, seguramente para observarnos desde abajo.

Expectante esperó, y para su asombro una enorme cabeza cuadrada, con pequeños y porcinos ojos emergió como un submarino, chorreante de agua a pocos metros de la embarcación. Algo más de un cuarto del gigantesco cuerpo permaneció varios segundos fuera del agua observando. Lenta muy lentamente se dejó caer nuevamente. Sin estridencia, casi con suaves murmullos a medida que se sumergía nuevamente.

Más lejos el otro ejemplar respiró. Y ambos, separados por escasos metros uno del otro, flotaron mostrando apenas su enorme figura sobre la superficie.

Nuevamente, al unísono, exhalaron el aire. Dos potentes chorros resonaron en la calma atmosfera marina. Y entonces los cuerpos se curvaron dejando que la cuadrada cabeza los dirigiera hacia las profundidades. Dentro de esa colosal masa de tejidos el aceite –o esperma de ballena que la había hecho tan codiciada en el pasado- servía de balastro para facilitarle la inmersión. Y ahora si el enorme cuerpo se deslizó en una pronunciada curva, y tras desaparecer la aleta dorsal, la enorme aleta caudal se mostró en toda su magnitud. Enorme, con las muescas que permitían la identificación del individuo. Con su poderío. Lenta, lentamente desapareció en las profundidades…

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Acodado sobre la borda, con la cámara fotográfica reposando en su regazo, y la emoción erizándole la piel, suspiró…

Ella lo miró con una enorme sonrisa resplandeciente en su rostro. Nada dijo solo lo miraba feliz y moviendo su manos en un ampuloso gesto elevó los brazos hacia el cielo en señal de agradecimiento…

El la miró, se sacó los anteojos de sol y refregó sus ojos antes de sacudir su cabeza y asentir jubiloso… Luego dirigió la vista nuevamente al mar. Su mente entonces le trajo viejas memorias…”

(Fragmento de “Buscando a Moby Dick por Carlos A. Passera)

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Los Extremos se Tocan… (2) Ciudades amuralladas: Óbidos (Portugal) – Pingyao (China)

De Oeste a Este dos ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad deleitan con sus similitudes en los extremos del planeta…

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2.- Pingyao (China)

Pingyao se encuentra en la provincia de Shanxi a mitad de camino entre Pekin y Xi’an.

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Llamada “La Ciudad Tortuga”, la antigua ciudad de Pingyao fue construida con seis puertas de entrada a través de las murallas ubicadas simétricamente en el lado este y oeste como si fueran las cuatro patas de una tortuga gigantesca. La puerta del Sur y la del Norte representan la cabeza y la cola respectivamente. Una visión desde arriba recrea el dibujo del caparazón de tortuga delineado por las callejuelas entrecruzadas.

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Fundada en el Siglo XIV (entre los años 1046-771 antes de Cristo), la ciudad mantiene gran parte de la arquitectura original de las épocas de las dinastías Ming y Qing. El casco antiguo está rodeado por una muralla de 6 km de longitud y 12 m de altura con seis puertas y unas setenta torres de vigilancia. Pingyao fue el centro bancario más importante del país. Un pequeño negocio de tejidos de finales del Siglo XVIII prosperó y se expandió por otras ciudades comenzando a emitir cheques y convirtiéndose en un centro de financiación que daría lugar al primero de los bancos chinos (llamados tongs). Con casi 200 años de antigüedad  el Rishengchang Exchange Shop, ubicado en el centro de la ciudad Antigua es denominado el “Banco Padre” de China.  Durante la Dinastía Qing –entre los años 1644-1911- poseía más de 30 sucursales a lo largo del país. Hoy el pequeño museo recrea la antigua sede.

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Deambular por las angostas callecitas, abarrotadas de negocios, comida de vendedores ambulantes, el paso de las bicicletas con carro que transporta pasajeros –los vehículos a motor están absolutamente prohibidos dentro de los muros de la ciudad- se suman a la actividad y el color local. Los techos de tejas, coronan las añejas casas de piedra y semejan desde la altura de las murallas un ondulante paisaje solo  interrumpido por las torres de vigilancia. Los 480 metros de la calle principal bullen de actividad día y noche.

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Alojarse en alguno de los hostels y b&b dentro de la ciudad permiten disfrutarla a lo largo de las 24 horas del día. Templos y museos además de el simple hecho de recorrer las callejuelas de esta antigua ciudad, semejan a estar en un set cinematográfico mientras la imaginación permite transportar al visitante a pretéritos tiempos.

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Los Extremos se Tocan… Ciudades amuralladas: Óbidos (Portugal) – Pingyao (China)

De Oeste a Este dos ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad deleitan con sus similitudes en los extremos del planeta…

1.- Óbidos (Portugal)

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A unos sesenta kilómetros de Lisboa –la Capital de Portugal- se encuentra la ciudad amurallada de Óbidos. Enclavada sobre una colina, a pocos kilómetros de la ciudad de Caldas da Rainha, la pequeña ciudadela se encuentra encerrada entre las altas paredes de la muralla dominadas por el Castillo.

Cobijadas tras las colosales paredes, angostas callejuelas se escalonan donde casas, comercios, iglesias y santuarios adornados con floridos y coloridos jardines recrean tiempos medievales… o más antiguos aún.

En la nebulosa de tiempos pretéritos se asoma la presencia de los romanos allá por el año 970. La Torre de Facho parece indicar su presencia en la zona oteando y vigilando el horizonte de la antigua Eburobrittium. Musulmanes Cristianos, Cruzados… Vestigios que confieren un halo especial a esta pintoresca villa a través de los tiempos.

 

Los orígenes formales y documentados del pueblo se remontan al Siglo XIII cuando el Rey Dionisio le regaló a su esposa Doña Isabel el pueblo que pasó a pertenecer a la Casa das Rainhas. Regalos que los monarcas portugueses daban a sus esposas.

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La entrada principal a la ciudad amurallada da paso tras la arcada de piedra a un altar finamente decorado con azulejos de cerámica. La Porta de Villa fue construida en 1380 y es una alegoría a la Pasión de Cristo y dedicado a la patrona de la región Nuestra Señora de la Piedad.

Las murallas poseen angostos pasadizos que permiten recorrer todo el ámbito de la ciudadela, y brindan una panorámica de las regiones vecinas. El Castillo – hoy asiento de un prestigiosao hotel- se encuentra al final del poblado, en los límites del barranco. En 1148 el castillo fue recuperado de los moros por Don Alfonso Henriques. La colosal estructura de piedra domina el paisaje.

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Iglesias y construcciones de arquitectura Gótica, del Renacimiento y Barroca se mezclan con las antiguas casa de gruesas paredes de piedra, techos d tejas, jardines con profusión de flores y estrechas callejuelas.

Hoy la gastronomía, la venta de recuerdos y artesanías locales, bibliotecas y venta de productos regionales –como el licor de guindas servidos en copas de chocolate- son algunas de las tentaciones que aguardan a los modernos visitantes.

Apenas afuera de la ciudadela el acueducto ostenta aún la fortaleza de su construcción.

Fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad y recientemente recibió el Título de “Ciudad de Literatura” otorgado por la UNESCO.

Cuando las visitas diurnas con contingentes de turistas de todas las latitudes abandonan Óbidos, la genuina experiencia de deambular por sus callejuelas, disfrutar de las últimas luces y esperar la llegada de la noche brindan calidad a la visita. Un par de noches dentro de la ciudad amurallada, hospedado en alguno de los cómodos alojamientos, aporta la indispensable vivencia de sentirse en el túnel del tiempo…

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Próximamente: 2.- Pingyao…

La Ruta de la Seda

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Rostros de la Seda…

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Como en una enorme Babel se mezclan razas, culturas, lenguas y costumbres…Uzbekos, kirguises, tayikos, uigures, han, hui, tibetanos…

El Camino de la Seda los congregó y los congrega desde hace milenios.

Mientras las vivencias del viaje se corporizan y se transforman en relatos, algunos –solo algunos- rostros grafican la diversidad en ese mágico sendero…

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Ruta de la Seda (Sensaciones íntimas)

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“…Hay ciertos nombres en el planeta que inevitablemente conducen a las personas al mundo de los sueños…”(Federico Mayor-Director General de UNESCO 1987-1999)

Samarcanda no es un lugar…

Durante muchos años, si preguntaban a qué lugar en el mundo quisiera ir, la respuesta inequívoca era Samarcanda… -¿Por qué? – era el infaltable interrogante que sobrevenía. -No sé – respondía con un encogimiento de hombros. – Solo siento que algún día debo ir a Samarcanda. Lecturas sobre esas tierras, aventuras y descripciones de viajeros como Marco Polo -que leía con fervor sobre el camino de la seda- los mongoles, los hunos, los romanos, y los persas… Razas, costumbres, desiertos, montañas… Subyugado alimentaba la imaginación. Y el tiempo llegó. Samarcanda estaba al fin en la bitácora de viaje. El prolongado viaje siguiendo parte del Camino de la Seda generará crónicas y descripciones. Esta primera entrega es únicamente una impresión personal sobre un nombre que gatilló el deseo de conocer esa cautivante región del Asia Central.

Colores y olores, junto con joyas arquitectónicas se entremezclan...

Colores y olores, junto con joyas arquitectónicas se entremezclan…

Samarcanda se remonta al Siglo I AC. Es considerada la ciudad más antigua del Asia Central, tiene 2.700 años y fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001. Está ubicada en Uzbekistán, joven país de apenas 26 años.

Dada su ubicación, Samarcanda prosperó debido a estar localizada en la Ruta de la Seda entre China y Europa. Llegó a ser una de las ciudades más grandes de Asia Central. Creció, gozó del apogeo, fue dominada por árabes, turcos y persas; fue saqueada y arrasada por las hordas mongoles de Gengis Khan en el año 1222. En esa época un millón y medio de habitantes la poblaban –curiosamente una cifra similar a la de hoy-, parte de ellos sobrevivió. En el 1365 comenzó una revuelta contra las tribus mongoles. Pocos años después resurgió bajo la férrea mano de Tamerlán. Entre los siglos XIV y XV. En 1370, Tamerlan (el Cojo) decidió hacer de Samarcanda la capital de su imperio que se extendía desde India hasta Turquía. Durante 35 años construyó una nueva ciudad, poblándola con artesanos de todas las regiones que había capturado para construir los monumentos arquitectónicos que hoy -reconstruídos- la engalanan. Tamerlan se ganó fama de sabio y generoso –además de despiadado con sus enemigos- y Samarcanda brilló.

Tamerlan, guerrero, monarca y mecenas de Samarcanda...

Tamerlan, guerrero, monarca y mecenas de Samarcanda…

La historia continuó del apogeo otra vez a la decadencia, dejó de ser la capital del imperio, sucesivas invasiones la dominaron. En 1925  la región pasa a ser parte del dominio ruso volviendo Samarcanda  a ser la Capital de Uzbekistán, provincia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas… Hasta que fue sustituida por la actual Tashkent…

A grandes rasgos la historia de esta ciudad habla de apogeo, destrucción y resurgimiento… Aunque difícilmente prepara para las sensaciones que su enigmático atractivo despierta en el viajero.

Invasiones que la destruyeron hasta los cimientos, terremotos, y el renacer...

Invasiones que la destruyeron hasta los cimientos, terremotos, y el renacer…

Los rigores climáticos se hacen sentir en Asia Central. Inviernos duros y fríos con tórridos veranos que calcinan la desértica tierra. Deambular recorrer las calles de Samarcanda – sea en las zonas más modernas y con impronta de la arquitectura rusa, o entre los palacios, madrasas y templos reconstruidos- expone a temperaturas que rayan los 40º centígrados. Las sombras de árboles o edificios son un ansiado remanso. La imaginación intenta “imaginar” los tiempos antiguos, cuando las temperaturas y el paso de las horas tenían otra dimensión. Cuando transitar por la Ruta de la Seda insumía años, además de peligros. Cuando por ejemplo un tramo de unos 450 kilómetros entre Xhiva y Bukhara –cruzando el inclemente Desierto Rojo (Kizil-Kum)- conlleva hoy unas 5 horas de viaje en un vehículo con aire acondicionado que apenas puede disimular los infernales 45º o 50º grados centígrados del exterior; y en el pasado las caravanas insumían 18 días para hacer esa distancia…

Ejemplos como este son permanentemente evocados, comparados y mensurados en la imaginación. La epopeya de aquellos tiempos adquiere entonces ribetes épicos.

Los palacios reconstruidos brillan con sus cúpulas azules contra el diáfano cielo, entre sus paredes los comerciantes ofrecen –como antaño- sus mercancías. Mercados plenos de olores, sonidos, colores, vestimentas, una cacofonía de voces, mezclan el pasado con el presente. Nuevamente las descripciones históricas documentan y los sentidos le dan otra dimensión. La sensación es casi virtual entre el pasado y el presente. Samarcanda de pronto otorga la convicción de su presencia, su sentido…

Registan, donde reposa el mausoleo de Tamerlan...

Registan, donde reposa el mausoleo de Tamerlan…

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“… Hay un nombre sobre todos ellos que convoca la imaginación, es Samarcanda. Parece que ese nombre emerge de un torbellino de claros y diversos colores, de esencias de perfumes, fabulosos palacios, cencerros de caravanas, melodías y entremezclados, inentendibles sentimientos…” Describe con precisión Federico Mayor, director General de la Unesco entre 1987 y 1999.

La impronta que dio origen a la Ruta de la Seda persiste...

La impronta que dio origen a la Ruta de la Seda persiste…

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Platos típicos (Pilaf o Plov) y especies...

Platos típicos (Pilaf o Plov) y especies…

Lo cotidiano a través de los tiempois...

Lo cotidiano a través de los tiempos…

Su gente...

Su gente…

Samarcanda como enclave principal en el Camino de la Seda conjuga misterios, aventuras, lenguas, intrigas, miserias y grandezas de culturas diferentes… uzbekos, kirguises, tayikos, uigures, han, hui, tibetanos, con raíces persas, mongoles, chinas, romanas, egipcias, rusas… Occidente y Oriente, comercio, política, poder, imperios… Todo resumido a lo largo de siglos que aún hoy posee fuerza y significación. Nombres que subyugan y acicatean la imaginación… Samarkanda, Bukhara, Khiva, Kashgar, Xian, Taskhent, Pekín, Torugart, Dunhuang, Hexi, Xiahe, Xian, Pingyao…

Mientras esos nombres y tantos otros continúen convocando, “otros Samarcanda” llamarán desde Más allá del Horizonte.

Es por eso que Samarcanda NO es solo un lugar… Es –con enorme alivio personal- una continuación…

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Relatos del Cajón… (Fragmentos – Café)

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“… Sorbió el primer trago de café. El sabor amargo, fuerte y caliente le dibujó instantáneamente una sonrisa. La mente evocó una descripción sobre el buen café, que su abuelo repetía incansablemente a todo aquel que estuviera cerca, cada vez que lo tomaba:

-¿Sabés porqué la palabra café? –preguntaba- CALIENTE – AMARGO – FUERTE y ESCASO explicaba con satisfacción saboreando su pocillo…

El recuerdo lo llenó de ternura y nostalgia, pero no tristeza. El Abuelo había vivido bien y a sus noventa años había decidido en paz que era tiempo de juntarse con su amada –compañera durante más de sesenta años de convivencia-  a quien extrañaba  mucho.

Envolviendo con ambas manos la taza de café – que por cierto no era Escaso en su “mug” preferido- se deleitó con el recuerdo y los buenos momentos que en general le dispensaba esa primera taza de café matinal.

Paseó su vista por la imagen del mar que la ventana le regalaba. Adentro el cálido ambiente lo mantenía confortable. Aunque afuera una leve escarcha aún se divisaba en los pocos y pinchudos pastos que crecían en el pedregoso suelo. La playa de guijarros se extendía entre dos lenguas de roca y las olas llegaban mansas a esa protegida caleta.

Tomó otro sorbo de café y nuevamente aquilató la importancia de esa primera taza… En ocasiones –pensó- aquellos instantes modelaban el “tono” ol el humor del resto de la jornada.

En la ocasión estaba en una cabaña de una remota isla muy al norte del hemisferio norte, pero esa sensación de bienestar –cuando se podía- lo había acompañado en incontables ocasiones. A bordo de un barco, sentado en la butaca de un tren viendo el raudo paisaje desfilar ante sus ojos, aguardando pacientemente en el refugio el arribo de la fauna a beber en la aguada antes que despunte el sol, la paz, el reconcentrado momento de espera en un aeropuerto sabiendo que otro destino lo aguardaría en breve… La armonía y el agradecimiento que le sobrevenía observando a través del ventanal ese otro mar, el mar de “su” casa…

Agradecido continuó disfrutando esos instantes sorbiendo el café…

-¿Vamos a navegar o no? – irrumpió Fredy sacudiendo sus pensamientos con el cascado vozarrón.

Tomó el último sorbo de café y riendo a voz en cuello, palmeó a su viejo amigo, dejó la taza en el lavabo, y agarrando la pesada campera de abrigo se dispuso a salir…

El humor del día ya había sido marcado por esa primera taza de café matinal…”

Relatos del Cajón… (Leo y Rino)

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“….Todo lo que deseaba ahora era volver a África. Todavía no la habíamos abandonado, pero cuando despertara durante la noche estaría acostado, escuchando, nostálgico ya por ella…” – Ernest Hemingway “Las Verdes Colinas de África”

De cuernos y melenas…

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“…Se miraban con intensidad. Uno con admiración y respeto; el otro con atento recelo.

Los ojos color miel del león, resplandecían con ambarinos reflejos en la cálida luz de la mañana. Como todo predador se mantenía atento a cada movimiento sin sacar la vista de la posible presa o potencial peligro. No apartaba la mirada de la figura voluminosa del vehículo; un blanco demasiado grande que instintivamente evaluaba si resultaba amenaza o no. El hombre sintió por su parte que las miradas los comunicaban. Los escasos metros de separación le brindaban esa sensación de intimidad.

Ambos –hombre y bestia- se escrutaban.

Tras algunas fotos bajó la cámara y se dedicó a observar con la misma intensidad que el león lo hacía.

La brisa muy suave y en sentido opuesto, traía el aroma de los secos pastos y movía la densa melena del espléndido felino. Ojo a ojo la observación se intensificaba. Por instantes apenas el león escudriñaba los alrededores y volvía a fijar los ojos en el hombre. Curioso, y más relajado a medida que el tiempo transcurría.

Con una sonrisa de satisfacción el hombre se entregó con deleite a la observación. Su mente trajo a la memoria el relato oído noches anteriores junto al fuego: la leyenda narraba como el Rey de Todos Los Animales había sido curado por un rinoceronte y como éste había obtenido el cuerno que hoy lo distinguía…

‘… Un día, en la sabana africana, el rinoceronte – que en ese entonces se llamaba Simoneos y no lucía el cuerno en su nariz- tomaba sus baños de tierra cuando Bo – la boa constrictor- pasó a visitarlo. Fue entonces cuando le contó los problemas que el Rey sufría. Leo había comido una hiena que estaba envenenada con las ponzoñosas aguas de una aguada. Estaba muy enfermo y nada parecía poder sanarlo. Simoneos por el contrario estaba convencido que algo debía hacerse para salvar al Rey. Bo le dijo que había una sola cura; un té preparado por la planta de Bulewo, pero que solo crecía cuando la lluvía caía, y hacía mucho tiempo que ella no llegaba… Preocupado Simoneos se durmió, y soño. En ese sueño las aves que siempre están sobre su lomo y detrás de las orejas comiéndole las garrapatas le susurraron: ”Te podemos ayudar, te podemos ayudar”.   Las aves sentadas en su hocico comenzaron a batir sus alas hasta elevar a Simoneos a las alturas y danzaron en el espacio convocando negras nubes… La lluvia llegó y bañó la sabana. Las plantas comenzaron a crecer y Bo diligentemente recogió frescas hojas para que Simoneos prepare el brebaje que sanaría al Rey. El té salvó a Leo y éste en recompensa le obsequió un enorme diamante. Simoneos lo colocó en la punta de su nariz y milagrosamente éste se incrusto en su hocico como un unicornio. Feliz vio como le servía ese cuerno de diamante fuerte y sólido donde las hermosas aves podían también posarse… Así cambió su nombre al de Rinoceronte, que significa cuerno en la nariz…’

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El león se irguió sobre sus patas delanteras provocando la ruptura de los pensamientos del hombre. Una última mirada y como diciendo – ya es suficiente-, el León comenzó a rugir lenta, espaciada y pausadamente tres veces culminando en sonoros y graves sostenidos… Su voz resonó poderosa y se extendió a los confines de su amplio territorio.

Admirado y en silencio el hombre vio como, tras una fugaz mirada como despedida, se perdió con paso cansino entre los matorrales…

– Seguramente la presencia humana amparada en los contornos del vehículo no representaban amenaza o peligro para su dominios- se dijo esbozando una tenue sonrisa de placer…”

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