Relatos del Cajón…(Fragmentos)

Vuelo libre

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“… Miraba como el atardecer daba lentamente paso a  la noche. El rubor liliáceo iba cediendo terreno a un  cada vez más intenso índigo. El azul invadía el cielo.

Recortada contra él, la silueta de un ave marina llamó su atención.

Alas extendidas y quietas, volaba sin esfuerzo, planeaba con maestría en el quieto aire aprovechando las corrientes ascendentes que se elevaban al chocar contra el acantilado. Parecía disfrutar de ese vuelo libre y sin gastar energías.

La siguió con la mirada, con deleite y cierta envidia…

-Así me gusta transcurrir la existencia –pensó-. Sin esfuerzo, en armonía, con satisfacción…

El ave se perdió en la lejanía. Pero su pensamiento no se detuvo.

-Ideal, estado ideal… ¿Será posible eso?- se preguntó.

Meneó la cabeza y con un gesto esperanzado se dijo que sí;

-A veces sí, contados, en ocasiones efímeros instantes, pero si… Algo así como “pequeños estallidos de felicidad”- rememoró una frase escrita muchos años atrás.

-Claro que siempre sobrevienen fuertes vientos- se dijo- tormentas que ponen a prueba la fortaleza…

Como las aves muy a menudo hay que afrontar el vendaval. Instintivamente ellas lo hacen. Salgan o no airosas.

Guarecerse no siempre es una posibilidad y evadirlos tampoco. Pero luego, el placer de disfrutar esos posibles instantes de armonía y paz gratifican.

La noche ya oscura le devolvía su propia imagen reflejada en el vidrio. Vio su rostro y percibió serenidad. No había sonrisa dibujada en sus labios, pero si un fulgor brilloso en los ojos. Se sintió preparado para capear las tormentas y disfrutar con intensidad la paz de los remansos que seguramente sobrevendrían…”

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Relatos del Cajón… (Fragmentos – Café)

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“… Sorbió el primer trago de café. El sabor amargo, fuerte y caliente le dibujó instantáneamente una sonrisa. La mente evocó una descripción sobre el buen café, que su abuelo repetía incansablemente a todo aquel que estuviera cerca, cada vez que lo tomaba:

-¿Sabés porqué la palabra café? –preguntaba- CALIENTE – AMARGO – FUERTE y ESCASO explicaba con satisfacción saboreando su pocillo…

El recuerdo lo llenó de ternura y nostalgia, pero no tristeza. El Abuelo había vivido bien y a sus noventa años había decidido en paz que era tiempo de juntarse con su amada –compañera durante más de sesenta años de convivencia-  a quien extrañaba  mucho.

Envolviendo con ambas manos la taza de café – que por cierto no era Escaso en su “mug” preferido- se deleitó con el recuerdo y los buenos momentos que en general le dispensaba esa primera taza de café matinal.

Paseó su vista por la imagen del mar que la ventana le regalaba. Adentro el cálido ambiente lo mantenía confortable. Aunque afuera una leve escarcha aún se divisaba en los pocos y pinchudos pastos que crecían en el pedregoso suelo. La playa de guijarros se extendía entre dos lenguas de roca y las olas llegaban mansas a esa protegida caleta.

Tomó otro sorbo de café y nuevamente aquilató la importancia de esa primera taza… En ocasiones –pensó- aquellos instantes modelaban el “tono” ol el humor del resto de la jornada.

En la ocasión estaba en una cabaña de una remota isla muy al norte del hemisferio norte, pero esa sensación de bienestar –cuando se podía- lo había acompañado en incontables ocasiones. A bordo de un barco, sentado en la butaca de un tren viendo el raudo paisaje desfilar ante sus ojos, aguardando pacientemente en el refugio el arribo de la fauna a beber en la aguada antes que despunte el sol, la paz, el reconcentrado momento de espera en un aeropuerto sabiendo que otro destino lo aguardaría en breve… La armonía y el agradecimiento que le sobrevenía observando a través del ventanal ese otro mar, el mar de “su” casa…

Agradecido continuó disfrutando esos instantes sorbiendo el café…

-¿Vamos a navegar o no? – irrumpió Fredy sacudiendo sus pensamientos con el cascado vozarrón.

Tomó el último sorbo de café y riendo a voz en cuello, palmeó a su viejo amigo, dejó la taza en el lavabo, y agarrando la pesada campera de abrigo se dispuso a salir…

El humor del día ya había sido marcado por esa primera taza de café matinal…”

Relatos del Cajón (Helena y el Viejo Sabio)

Helena y el “Viejo Sabio” del Bosque

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Caminaba Helena por los senderos del bosque buscando piñas de pino y palitos para hacer el arbolito de navidad.

De pronto, apenas a unos pocos centímetros de su pié, cayó una ramita. A los pocos segundos otra a sus espaldas. Y en seguida una piña de pino rodó a un costado…

Helena se detuvo curiosa, miró para arriba, para abajo, a la derecha y a la izquierda… Nada había alrededor.

Un suave vientito le movía el cabello:

-Debe ser el viento- pensó-

Camino unos metros más, y otra vez una rama con verdes agujas de pino cayo en frente a ella, inmediatamente otra piña a un costado…

-¿ Granny, vos me está tirando ramitas y piñas? – pregunto a su abuela. -No -dijo la Granny – y después de pensar un ratito agregó- A lo mejor es el Viejo Sabio de Bosque que quiere hacerte bromas

-¿Y quien es el Viejo Sabio? – preguntó Helena

La Granny sonrió y le contó la antigua historia:

– El “Viejo Sabio” es un duende bueno que se esconde entre los árboles y cuida el bosque, las flores, y todos los animalitos que viven en él. Se esconde y no se deja ver, pero a veces se divierte llamando la atención de los niños, y si se portan bien cumpliéndole deseos…

-¿Y lo puedo ver? – preguntó ansiosa Helena…

-Mmmm, es muy difícil – dijo la granny- es pequeñito como tu muñeca, muy viejito y arrugado, con una larga barba como la de los helechos que crecen en los árboles y con la piel como la de la corteza de este enorme pino…

-Pero si lo dibujas como te lo imaginás, le pedís algunos deseos y se lo dejas en su camita de agujas de pino arriba del árbol. A lo mejor se te cumplen…

-Si también se lo voy a pedir a mi palo mágico – dijo entusiasmado levantando la gruesa caña colihue que había encontrado por el sendero… Dibujó y llevó con su mamá el mensaje para el Viejito Sabio.

-¿Y qué le vas a pedir? – preguntó la granny.

Helena frunció el ceño, apretó los labios, pensó “fuerte” y dijo:

-Que se vayan las nubes, que no llueva, que nos sentemos todos al lado del fuego, que salga la luna y que vea más flores y animalitos del bosque…

Salio el sol y brillaron las flores...

Salio el sol y brillaron las flores…

Vino la noche, apareció la luna, el fuego la iluminó, pasó Papá Noel, salió el sol, y los animalitos del bosque visitaron a Helena…

Pato Vapor Volador y zorrito refrescándose...

Pato Vapor Volador y zorrito refrescándose…

El “Viejito Sabio del Bosque” sonrió feliz.

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Relatos del Cajón… (Leo y Rino)

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“….Todo lo que deseaba ahora era volver a África. Todavía no la habíamos abandonado, pero cuando despertara durante la noche estaría acostado, escuchando, nostálgico ya por ella…” – Ernest Hemingway “Las Verdes Colinas de África”

De cuernos y melenas…

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“…Se miraban con intensidad. Uno con admiración y respeto; el otro con atento recelo.

Los ojos color miel del león, resplandecían con ambarinos reflejos en la cálida luz de la mañana. Como todo predador se mantenía atento a cada movimiento sin sacar la vista de la posible presa o potencial peligro. No apartaba la mirada de la figura voluminosa del vehículo; un blanco demasiado grande que instintivamente evaluaba si resultaba amenaza o no. El hombre sintió por su parte que las miradas los comunicaban. Los escasos metros de separación le brindaban esa sensación de intimidad.

Ambos –hombre y bestia- se escrutaban.

Tras algunas fotos bajó la cámara y se dedicó a observar con la misma intensidad que el león lo hacía.

La brisa muy suave y en sentido opuesto, traía el aroma de los secos pastos y movía la densa melena del espléndido felino. Ojo a ojo la observación se intensificaba. Por instantes apenas el león escudriñaba los alrededores y volvía a fijar los ojos en el hombre. Curioso, y más relajado a medida que el tiempo transcurría.

Con una sonrisa de satisfacción el hombre se entregó con deleite a la observación. Su mente trajo a la memoria el relato oído noches anteriores junto al fuego: la leyenda narraba como el Rey de Todos Los Animales había sido curado por un rinoceronte y como éste había obtenido el cuerno que hoy lo distinguía…

‘… Un día, en la sabana africana, el rinoceronte – que en ese entonces se llamaba Simoneos y no lucía el cuerno en su nariz- tomaba sus baños de tierra cuando Bo – la boa constrictor- pasó a visitarlo. Fue entonces cuando le contó los problemas que el Rey sufría. Leo había comido una hiena que estaba envenenada con las ponzoñosas aguas de una aguada. Estaba muy enfermo y nada parecía poder sanarlo. Simoneos por el contrario estaba convencido que algo debía hacerse para salvar al Rey. Bo le dijo que había una sola cura; un té preparado por la planta de Bulewo, pero que solo crecía cuando la lluvía caía, y hacía mucho tiempo que ella no llegaba… Preocupado Simoneos se durmió, y soño. En ese sueño las aves que siempre están sobre su lomo y detrás de las orejas comiéndole las garrapatas le susurraron: ”Te podemos ayudar, te podemos ayudar”.   Las aves sentadas en su hocico comenzaron a batir sus alas hasta elevar a Simoneos a las alturas y danzaron en el espacio convocando negras nubes… La lluvia llegó y bañó la sabana. Las plantas comenzaron a crecer y Bo diligentemente recogió frescas hojas para que Simoneos prepare el brebaje que sanaría al Rey. El té salvó a Leo y éste en recompensa le obsequió un enorme diamante. Simoneos lo colocó en la punta de su nariz y milagrosamente éste se incrusto en su hocico como un unicornio. Feliz vio como le servía ese cuerno de diamante fuerte y sólido donde las hermosas aves podían también posarse… Así cambió su nombre al de Rinoceronte, que significa cuerno en la nariz…’

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El león se irguió sobre sus patas delanteras provocando la ruptura de los pensamientos del hombre. Una última mirada y como diciendo – ya es suficiente-, el León comenzó a rugir lenta, espaciada y pausadamente tres veces culminando en sonoros y graves sostenidos… Su voz resonó poderosa y se extendió a los confines de su amplio territorio.

Admirado y en silencio el hombre vio como, tras una fugaz mirada como despedida, se perdió con paso cansino entre los matorrales…

– Seguramente la presencia humana amparada en los contornos del vehículo no representaban amenaza o peligro para su dominios- se dijo esbozando una tenue sonrisa de placer…”

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De Viajes (Leopardo elusivo y misterioso)

P1170082 B D 2 Borde“….Todo lo que deseaba ahora era volver a África. Todavía no la habíamos abandonado, pero cuando despertara durante la noche estaría acostado, escuchando, nostálgico ya por ella…” – Ernest Hemingway “Las Verdes Colinas de África”

Fantasma

“… La profunda y penetrante mirada del leopardo fijó su atención en el voluminoso objeto. Parecía que sus ojos lo radiografiaran. Tras segundo de observación se movió con infinita cautela hacia donde ellos estaban…”

“… Sigiloso, desconfiado y alerta… Se desliza entre el follaje como una sombra. Se hace invisible. Domina las alturas y se mimetiza en el terreno. Sus ojos escrutan implacables la oscuridad de la noche en busca de una presa, y disfruta –como todo gato- de los rayos del sol que lo adormecen en indolentes siestas diurnas… Es esquivo a la presencia humana, observarlo y fotografiarlo requiere conocimiento y paciencia.

Los ojos experimentados del baqueano (tracker por aquellas latitudes africanas), señalaron la difusa silueta entre los arbustos. Con un movimiento de cabeza  apunto hacia donde el felino estaba.

Ella y él lo visualizaron y sin emitir sonido alguno, pero con la satisfacción pintada en el rostro, se dispusieron a fotografiarlo. Los teleobjetivos estaban prontos, sin embargo…

Ojos expertos encuentran sus miradas...

Ojos expertos encuentran sus miradas…

La profunda y penetrante mirada del leopardo fijó su atención en el voluminoso objeto. Parecía que sus ojos lo radiografiaran. Tras segundo de observación se movió con infinita cautela hacia donde ellos estaban.

El vehículo les proporcionaba seguridad a los humanos. La fauna los veía como un todo, el tamaño los protegía. No distinguían a la gente como unidades –distinto sería si se hallaban de a pié, en ese caso podrían ser un blanco- el conjunto de máquina y persona resultaba, si no intimidante, al menos para observar con precaución y curiosidad.

La curiosidad lo sedujo...

La curiosidad lo sedujo…

Se detuvo el felino en varias ocasiones olisqueando el aire. El silencio denso era cortado apenas por el disparo de las cámaras fotográficas. Su sonido despertaba aún más la intriga del leopardo.

Sin quitar la vista de ese bulto grande que lo intrigaba avanzaba con cauto paso hacia el vehículo. Grácil, elástico, con plásticas y ágiles zancadas acortó la distancia hasta situarse en la huella donde el jeep y sus ocupantes estaban.

Las sonrisas dibujadas en el rostro de quienes lo ocupaban daban cuenta de su satisfacción. Sin embargo ningún sonido salía de sus bocas. Los ojos atentos del tracker escrutaban los movimientos y el menor signo agresivo del felino. Nada parecía delatar que su comportamiento fuera algo más que simple y completa curiosidad.

Los teleobjetivos se convirtieron en granangulares para captar la escena. Pasó casi rozando el jeep, olisqueó el aire, y prosiguió su camino siguiendo las huellas de otro leopardo claramente marcadas en el arenoso suelo.

Territoriales, recorren su habitat olisqueando las hembras...

Territoriales, recorren su habitat olisqueando las hembras…

Los suspiros se dejaron escuchar cuando la figura desapareció nuevamente dejando el camino, tras los matorrales.

– Las huellas parecían ser de una hembra, y el macho siguió su olfato tratando de ubicarla en su vasto territorio- apuntó el tracker satisfecho.

Las presas son llevadas a la altura de los árboles para salvaguardarlas de otros predadores...

Las presas son llevadas a la altura de los árboles para salvaguardarlas de otros predadores…

La tarde les trajo la sorpresa de hallar nuevamente su rastro y contemplar cómo se alimentaba de una gacela hasta entrada la noche.

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La elusiva presencia del leopardo había coronado la jornada. Agradecidos regresaron al campamento…”