Viajes y Fotos…

Íconos de las Galápagos

“…Ubicado a 972 km de la costa de Ecuador, el Archipiélago de las Galápagos está conformado por islas de diverso tamaño y superficie, distribuidas alrededor de la línea del ecuatorial. Desde el 18 de febrero de 1973 Galápagos es una provincia de esta nación. Fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1978 y en el 2001 por la UNESCO. Es el segundo archipiélago con mayor actividad volcánica del planeta, superado únicamente por Hawai.  Se estima que la formación de la primera isla tuvo lugar hace más de 5 millones de años, como resultado de la actividad tectónica. Las islas más recientes, llamadas Isabela y Fernandina, están todavía en proceso de formación, habiéndose registrado la erupción volcánica más reciente en 2009. Las islas galápagos conforman el archipiélago más diverso y complejo del mundo, en el que las condiciones permanecen relativamente intactas. Por su distancia con el continente y por el hecho de que nunca estuvo unido a este, la flora y fauna existentes evolucionaron extraordinariamente hasta lo que son ahora y permanecieron inalteradas hasta que el hombre llegó a ellas por primera vez. Es mayormente conocido por sus numerosas especies endémicas y por el viaje de Charles Darwin que le llevaron a desarrollar su teoría de la evolución por selección natural…”

Hasta aquí datos concretos, aunque éstos no pueden de ninguna manera reflejar el sentimiento y la emoción de un naturalista al pisar este privilegiado punto del planeta. Mucho se ha escrito, y poco más puedo agregar, salvo que los días pasados a bordo de la goleta y desembarcando en cada isla solo sirvieron para acicatear el deseo de “conocer más” y mejor extraordinarios sitios del planeta como las Galápagos.

Me abstengo adrede de comentar los problemas de conservación y ambientales que acechan. El ambiente isleño es aún más frágil que el continental. La sobrepoblación -inducida para asistir al creciente número de turistas-; el turismo en si –tercera actividad de ingresos económicos para el Ecuador-; la introducción de especies no nativas, y el calentamiento global, conspiran contra su integridad.

No pretendo en esta nota otra cosa que exaltar las maravillas naturales que existen en el archipiélago.

A continuación algunas imágenes de especies y paisajes emblemáticos que identifican a “Las Islas Encantadas”.

Cada isla tiene su ícono pàisajístico...

Cada isla tiene su ícono páisajístico…

Especies emblemáticas: pingüino y cormoran no volador...

Especies emblemáticas: pingüino y cormoran no volador…

Tortugas gigantes de Galápagos... otra especie sinónimo del archipiélago.

Tortugas gigantes de Galápagos… otra especie sinónimo del archipiélago.

Iguanas terrestres y marinas...

Iguanas terrestres y marinas…

Claves de adaptación que motivaron a Darwin; los picos de las aves...

Claves de adaptación que motivaron a Darwin; los picos de las aves…

Lobos marinos, alegría y juegos en tierra y mar...

Lobos marinos, alegría y juegos en tierra y mar…

Albatros y Fragatas, planeadores y corsarios...

Albatros y Fragatas, planeadores y corsarios…

Cangrejos y piqueros...

Cangrejos y piqueros…

 

 

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Relatos del Cajón… (Capítulo 6)

“… Cuantas historias contadas en breves encuentros se refrescaban en la mente del Viejo… Se restregó los ojos y luego los cerró para dejar que su rostro, ese querido rostro de corporizara en su mente…”

El Real Socavón

La nave continuaba el derrotero por el mar antártico, en busca de su próximo destino.

Un mar calmo le permitía una marcha tranquila, con suave onda marina que no se sentía dentro del barco.

La penumbra del auditorio y la cómoda butaca le permitían descansar y evadirse en vagas ensoñaciones.

Un disertante sobre los hielos y su característica en la Antártida brindaba su conferencia a los pasajeros.

Escuchaba sin escuchar.

Como convocados por esos momentos de calma, los recuerdos se hicieron presentes… Como siempre que no estaba en actividad plena –o “al sol” como gustaba decir-.

“… A trescientos cincuenta metros de profundidad la temperatura alcanzaba los 35 grados centígrados. El ambiente era sofocante. Un polvo en suspensión inundaba la galería haciendo picar los ojos y la garganta. Su acre olor llenaba el ambiente. Aquí y allá sudorosas figuras, apenas vestidas con un taparrabo y cubiertos sus cuerpos con el brillo del sudor, se movían envueltas en esa especie de bruma y sopor. Lo único que las incorporaba a los tiempos modernos eran los cascos de minero y el sonido de los taladros neumáticos que horadaban la roca. El Real Socavón, el primero de los miles de túneles que con el tiempo perforaron el Cerro Rico hasta hacerlo descender varios metros, continuaba entregando la riqueza de sus entrañas a los hombres.

Los dos, ávidos, curioFotos Peru 770005 Bsos y recuperadas las ansias de historias y aventuras, fotografiaban y guardaban con fruición las imágenes y sensaciones que se exponían a sus sentidos.

 

Lo que veían sus ojos era superado únicamente por lo que la imaginación creaba.

De nuevo en la superficie, la excitación por lo vivido fue sacudida abruptamente por la crudeza de la geografía. Al cansancio acumulado, se sumó el frío y la rigurosa falta de oxigeno. El frío y fino aire andino los hacía sentir como pez fuera del agua. Difícil era respirar y hablar intentando describirse mutuamente las sensaciones de la experiencia vivida.

Mas tarde, se preguntaban si habrían soñado o vivido lo acontecido en esa ciudad maravillosa colgada de las nubes. Ese Potosí de leyenda que se fundía con lo cotidiano, donde los colores, la historia, el presente llegaban a saturar los sentidos hasta casi embotarlos. Y no por la ingesta del Singani, esa aguardiente “recetada” para los males de altura. Donde se mezcla permanentemente el pasado y el presente, la realidad y la fantasía.

Apuntes y fotos ayudaban a mantener “la cordura”, pero el viaje recién se iniciaba…”

Algunos aplausos y las luces del auditorio lo sustrajeron de sus cavilaciones… Salió a cubierta para que el frío aire marino lo despejara. Los recuerdos se desgajaban en su mente como esas nubes que corrían raudas en el cielo. Otro día transcurría, y otro vendría…

– ¿Hasta cuando se preguntó? – Sin respuesta, claro, alzó los prismáticos para seguir el vuelo ondulante sobre las olas de un albatros.

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Relatos del Cajón… (Capítulo I)

Recostado en la barranca del río el viejo leía las páginas de ese Capítulo I que el joven escribía cuando no había sol…

– ¿Será capaz de escribir la novela? – se preguntó…

 El café de la mañana

Vagabundo del mar

Vagabundo del mar

Se levantó de la cama poco convencido de hacerlo. Una breve ducha le devolvió en parte las energías. El suave movimiento en la cabina anunciaba que el mar no estaba muy agitado. El barco acomodaba sin inconveniente su estructura en la onda marina.

Salió del camarote y se dirigió al comedor. A esa hora no debía haber muchos pasajeros rondando por la nave. El primer café de la mañana tenía la misión de recomponer su ánimo y despertarlo. Si podía lograr sorberlo en soledad.

Nubes de un tenue gris filtraban la luz del sol, esparciendo una luminosidad pareja y monocroma.

Varios pasajeros tomaban su café matinal y el copioso desayuno.

Voces metálicas y estridentes se imponían por sobre el apenas audible zumbido del motor del buque. Ajenos al paisaje de esas montañas marinas que se deslizaban –cambiantes y omnipresentes- en el exterior y las aves que jugaban entre los pliegues de las olas, el parloteo incesante quitaba solemnidad a esas tempranas horas.

Llenó su taza de café y se dirigió hacia la puerta que lleva al exterior. Una oleada de frió lo envolvió al trasponer el cálido interior del comedor. Esa bocanada gélida lo revivió al instante. Los sopores del sueño de desvanecieron y le arrancaron la primera sonrisa del día… Se sentó en una silla en la popa del barco, mirando la estela que éste dejaba en el mar, y las decenas de aves que lo seguían. Atentas oteaban la superficie marina y se lanzaban en acrobáticos descensos para capturar el alimento, compuesto por microorganismos que las hélices removían y empujaban a la superficie.

Sonrió. El jarro del café lo mantenía envuelto con ambas manos y despacio, casi como en un rito, sorbía lentamente el amargo y caliente líquido. Su sabor fuerte y espeso lo reconfortó. De a ratos el viento se arremolinaba e impregnaba el aire con el húmedo y reconfortante sabor salado del mar.

Sus pensamientos se fugaban siguiendo el mágico vuelo de las aves marinas. Petreles gigantes, albatros de ceja negra y algunos pocos nómades del mar –los albatros errantes-, planeaban siguiendo la estela de corriente generada por la nave y evolucionaban muy cerca de ella en derroteros casi circulares.

Albatros de Ceja Negra

Volaba con ellos, y su imaginación se desbocaba. Embozada entre el cielo y el mar la imagen de esa mujer casi se corporizó. El rostro anguloso, los ojos pardos, la frente amplia y el cabello oscuro y desordenado por la brisa, se hizo tangible… Sonrió. Sus tareas los separaban en las antípodas del planeta, pero los vientos y sus emisarios –el mar, las aves, las nubes- los mantenían unidos.

Se entregó a las cavilaciones y placenteros recuerdos mientras observaba el mar y las aves. Sorbía lentamente su café, feliz, con “la nariz al viento” y el ánimo exuberante.

–         ¡Mirá ese pájaro! ¡¿Qué es!? – chilló con aguda y penetrante voz la mujer.

Sobresaltado la miró con fastidio, sus pensamientos se esfumaron y casi vuelca lo que quedaba de café. Iba a ignorarla, pero su mirada se encontró con el ojo oscuro,  impávido pero expresivo, del albatros. Escasos segundos, mágicos, de comunión parecieron insinuarle calma, armonía.

–         Un albatros, un magnífico albatros errante que se acercó a saludarnos –musitó manteniendo la vista en el ave-.

–         Deambula por los mares australes… -continuó mientras se daba vuelta para mirar a quien había interrumpido su café matinal y contarle algunos secretos de esas maravillosas aves.

Alcanzó a ver la espalda de la mujer que se introducía nuevamente en el interior del cálido comedor. Cortó su explicación y se rió a voz en cuello.

El albatros – que había permanecido mágicamente “colgado” a escasos metros de la nave- con un levísimo movimiento de su cuerpo viró y continuó su derrotero. Él apuró el resto de café –ya tibio- y con el rostro relajado en una amplia sonrisa se supo listo para otra jornada.

Petreles Collage cats