Relatos de Viaje… (Ártico – Svaldbard)

En tierra de osos…

“…En la tierra del oso, no es tan sencillo verlos. Como todo lo que involucra a la naturaleza requiere estar en el lugar y momento justo…”

Oso Berna 3

Trescientos cincuenta kilómetros separan estas islas ubicadas en el océano polar del Polo Norte.…El archipiélago Svalbard tienen una superficie de 62.050 kilómetros cuadrados y pertenece a Noruega. El 60% está cubierto de glaciares, cerros nevados y permafrost. Pese a estar en el océano Glacial Ártico, la Corriente cálida del Golfo llega desde el sur con su influencia hasta esas latitudes y atempera las aguas permitiendo en general mantenerlas limpias de hielo y navegables.

Desde Oslo se vuela a Longyearbyen, desde donde –como en Ushuaia o Punta Arenas en el otro extremo del planeta- parte los cruceros que recorren las islas árticas.

Investigación, minería y turismo componen los principales recursos económicos en el archipiélago...

Investigación, minería y turismo componen los principales recursos económicos en el archipiélago…

Muchos años de viajar a la Antártida acicatearon los deseos de incursionar en el otro “extremo”. La palabra Ártico deriva del griego Arctos –la Tierra del Oso- Antártica es lo opuesto… Y Svaldbard es considerado uno de los sitios donde ellos pueden ser observados. Según las estadísticas rondan por las islas del archipiélago una población de unos 3.000 individuos. Claro que su futuro es incierto hoy en día… Osos y flores eran los objetivos principales del viaje.

Flora ártica y osos, las "presas" fotográficas mas codiciadas...

Flora ártica y osos, las “presas” fotográficas mas codiciadas…

La minería es uno de los principales recursos económicos, el carbón la principal extracción. Con apenas una noche al año – claro que dura unos seis meses- y un solo día – de similar lapso de tiempo- la vida en las escasas ciudades está regida por el clima. Es quizás debido a ello que el control del uso de las bebidas alcohólicas es muy riguroso. Un visitante que desee adquirir una bebida espirituosa o simple cerveza debe presentar el pasaje de avión y acreditar su identidad. Una particularidad es que todos los habitantes deben portar y saber disparar un arma. El encuentro con los osos puede ocurrir en el momento menos esperado. Armas y osos no son compatibles con el exceso en la bebida.

Más allá de los límites de la ciudad la naturaleza aguarda y es ella la que convoca. No hay prácticamente caminos internos y el traslado de una ciudad o isla a otra se realiza por abarco o helicóptero. A bordo del rompehielos me dispongo a penetrar el reino del oso, con la esperanza de ver alguno…

Te veo aunque te escondas... Tarea oara prismáticos, teleobjetivos y ojo atento...

Te veo aunque te escondas… Tarea para prismáticos, teleobjetivos y ojo atento…

Los primitivos habitantes o “frecuentadores” del archipiélago –casi con seguridad los vikingos o quizás los rusos-, sean quizás los que descubrieron el archipiélago. Lo cierto es que quien la puso oficialmente en el mapa fue un holandés Williams Barents en 1596. Entre los siglos XVII y XVIII las islas fueron base de balleneros holandeses, ingleses y españoles. Desde allí partieron muchas expediciones árticas. Sin embargo, nuevamente las imágenes se imponen por sobre el relato. La naturaleza, aunque agobiada deslumbra.

Renos pastan en la tundra ártica...

Renos pastan en la tundra ártica…

Las morsas se asolean en playas islas y roqueríos del archipiélago...

Las morsas se asolean en playas islas y roqueríos del archipiélago…

Colgando de sus precarios nidos, las voces de los Guillemots -aves marinas- se mezclan con los sonidos del mar y el viento...

Colgando de sus precarios nidos, las voces de los Guillemots -aves marinas- se mezclan con los sonidos del mar y el viento…

En la tierra del oso, no es tan sencillo verlos. Como todo lo que involucra a la naturaleza requiere estar en el lugar y momento justo. Pueden aparecer de improviso cuando se está por desembarcar a tierra -abortando claro la operación- o es necesario en ocasiones un “ojo biónico” para “adivinarlo” entre los hielos. Pero están, y su presencia es majestuosa.

La presencia del oso puede evitar un descenso a tierra...

La presencia del oso puede evitar un descenso a tierra…

En una anterior entrega de este blog (Los Ojos del Oso) me referí a la angustiosa agonía que sufren estos colosales animales –y gran parte de la fauna ártica- debido a los estragos que el calentamiento global provoca. Sigo sosteniendo que tras algunos viajes a la región Ártica, todavía no gana mi espíritu como la Antártida. Quizás se la inocultable presencia humana –con las consabidas huellas que provocamos- lo que interfiera con la prístina visión que un remoto confín planetario debería tener.

osarios blanqueados en el rigor de la naturaleza perduran como resabio de cacerías...

osarios blanqueados en el rigor de la naturaleza perduran como resabio de cacerías…

No obstante ello, las luces, los hielos, la increíble y colorida flora ártica y las criaturas silvestres que la habitan engalanan la visita. Algunas fotos intentan esbozar la belleza del ártico veraniego…

Imponentes glaciares desafían los rigores del cambio climático...

Imponentes glaciares desafían los rigores del cambio climático…

Pasado, presente y perseverante naturaleza...

Pasado, presente y perseverante naturaleza…

Collage Svaldbard 8 page

 

 

Fotos y Viajes… (Retratos I)

Retratos de Aquí y de Allá...

Naturaleza, paisajes, vida silvestre… y Gente. Algunas caras que han enriquecido los viajes componen estos collages…

Ptagonia & Mongolia

Patagonia & Mongolia

 

Patagonia & Namibia

Patagonia & Namibia

 

Namibia & Chiloé

Namibia & Chiloé

Ártico & África

Ártico & África

Mongolia & Escocia

Mongolia & Escocia

De Viajes… (Los Ojos del Oso)

La fragilidad de los ambientes polares parece no ser debidamente mensurada por gran parte de la humanidad. Nuestra avaricia y voracidad no trepida en profanar esas regiones en un afán extractivo sin importar las consecuencias. Algunos se exponen y enfrentan los riesgos en esta desigual contienda. No todos podemos estar en el frente de batalla, pero al menos podemos expresar nuestro sentir…

Los Ojos del Oso

El Hielo es la supervivencia

El Hielo es la supervivencia

 Mis viajes a la región ártica han dejado un dejo agridulce en el espíritu. Las huellas del hombre están omnipresentes y la naturaleza retrocede a gran velocidad. El hielo desaparece y la fauna silvestre está amenazada, es escasa y esquiva…

Información científica y las noticias periodísticas alertan con apocalípticas predicciones. Y lo que los ojos ven y lo sentidos advierten no es alentador. Tras varios viajes, el ártico me muestra una imagen de acelerada e inexorable agonía.

Audrey Benedict –Directora de Cloud Ridge Naturalist y esencialmente un alma sensitiva- escribió luego de su último viaje a la región ártica:

“… El viaje al ártico ruso y Siberia fue devastador para mí en términos de ponerme frente a la cruda realidad del acelerado paso hacia “el fin de la naturaleza” –citando a Hill McKibben- como la conocemos en todas las regiones polares.

Por supuesto el disfrutar del paisaje, las flores silvestres de la tundra y las extraordinarias colonias de aves nidificando en los acantilados fue una experiencia fascinante. Pero latente está la oscura y omnipresente nube de decadencia y destrucción en cada sitio que visitábamos. Estamos –según mi punto de vista- muy por sobre el límite donde el impacto del calentamiento global es preocupante. Es claro en todos los sitios la evidencia de la increíble velocidad a la que se está derritiendo la capa de suelo helado en la tierra y en el fondo marino –y su asociada liberación de gas metano- y lo que ello significa realmente para el futuro climático. … Como si esto fuera poco, la visión de varios osos polares nadando hacia su inevitable muerte a unos 90 kilómetros de la costa -en lo que solo podía ser una desesperada búsqueda de hielo y comida- me dejó prácticamente paralizada y emocionalmente desvastada. Nunca, nunca podré olvidar el ver los ojos del último oso polar que vi nadando hacia el norte…”

Un alerta que parece no conmover

Un alerta que parece no conmover

Mis pensamientos quedaron atrapados en los ojos del oso polar que Audrey describió: “…Nunca, nunca podré olvidar el ver los ojos del último oso polar que vi nadando hacia el norte…”. Ese párrafo refleja la agonía del ártico.

Puedo reproducir sin ningún esfuerzo esa imagen en mi mente y sentir lo que ella sintió… Y comienzo a sentir también lo que el oso siente…

Mientras escribo puedo verme a mi mismo rodeado por el inmenso mar abierto. Ni un atisbo de hielo, solo agua. A la distancia distingo un pequeño punto blanco que se agranda a medida que el barco se acerca. La distancia que me separa de ese punto blanco es suficientemente cercana para distinguir la cabeza del oso polar. Como un poderoso zoom los ojos del oso y los míos hacen contacto por breves instantes. De pronto –como si el oso supiera- centra su mirada en la distancia; hacia el horizonte. Hago lo mismo con la esperanza de divisar un atisbo del elusivo hielo que allí debería estar.

Mi mente –otra vez como otras tantas veces- reproduce imágenes del otro lado del mundo: La Antártida. Allá abajo las cosas no son muy diferentes. No hay osos polares. La palabra Ártico deriva del griego Arctos –la Tierra del Oso- Antártica es lo opuesto…

Pero como todo lo opuesto en algún punto se tocan. La Antártida estalla de vida. No hay osos polares, pero si millones de pingüinos de diversas especies, focas, lobos marinos, elefantes marinos, ballenas y miríadas de aves marinas… No muchos humanos. A primera vista la Antártida es un paraíso.

No obstante, sin pausa la naturaleza clama por atención. La extensa barrera de hielo se está derritiendo. La temperatura aumenta. Los pingüinos declinan en número. El krill –como la principal fuente de alimento para todas las criaturas- decrece y además es recolectado…

La presencia humana provoca disturbios. El ecoturismo incrementa su impacto… Hoy no hay ya más Pingüinos de Penacho Naranja en Hanna Point y es posible notar la erosión y la declinación de las colonias de pingüinos Papúa y de Barbijo debido a la visita de miles de personas por temporada. No obstante las regulaciones que determinan que no puede haber más de 100 personas en tierra por vez, es posible encontrar siete –si 7- barcos a la misma vez dentro de la caldera de la Isla Decepción. Y hay más ejemplos: accidentes causados por los barcos, derrames de combustible, varamientos e inclusive hundimientos de barcos.

Hay números, estadísticas científicas, premoniciones.

La misma imagen en ambos extremos.

Nuevamente las vívidas imágenes vistas por Audrey se imponen en mi mente.

Para que sobreviva, el Ártico debe perdurar

Para que sobreviva, el Ártico debe perdurar

El barco – como el oso polar- enfila hacia el norte. No puedo quitar mis ojos de los ojos del oso. En ese contacto veo resolución y esperanza. Los osos no piensan, actúan instintivamente, nadan, viven el momento con la esperanza de hallar hielo donde posarse y buscar comida… Repentinamente entiendo:

–         Querido hermano – le musito al oso. Nosotros como vos, también vivimos el momento; ignoramos el futuro. Seguimos la misma senda, imaginando –inocentemente- que todo va a estar bien, aquí o quien sabe donde.

–         Nosotros, como vos, nos sentimos inmortales…

Cuidar el ärtico (y el mundo natural en general) es salvar el planeta... Y a nosotros mismos.

Cuidar el ärtico (y el mundo natural en general) es salvar el planeta… Y a nosotros mismos.

De Viajes… (Taiga)

TAIGA

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Taiga, su solo nombre me seduce.

Evoca aventuras, exotismo, rigores climáticos, acción, gestas de pioneros y exploradores.

El paisaje -salpicado en verano por millares de ojos de agua cristalina y gélida, y erizado de enhiestos bosques de coníferas (pinos, abetos, cedros, piceas y alerces)- deja claros donde asoman rocas pulidas por los glaciares y recónditos refugios donde no puedo dejar de imaginar la figura de Dersu Uzala.

Taiga y Dersu Uzala –el venerable protagonista de la saga de Vladimir Arseniev, llevada al cine por Akira Kurosawa- se me antojan sinónimos. Las aventuras de Dersu y El Capitán en la taiga y la estepa siberiana quedaron grabadas en mi memoria.

Mientras deambulo por los senderos de la taiga –en los territorios del noroeste canadiense- miro con atención buscando los rastros de un lobo, un alce, huellas de un oso y –esperanzadamente- la figura de Dersu deslizándose como un fantasma por esos parajes.

Allí -entre la no menos mítica estepa, al sur, y la desprovista tundra al norte- la taiga o bosque boreal extiende su intrincada y difícil geografía. En verano es una enorme extensión cubierta por grandes y pequeños lagos, unidos por ríos y terrenos anegadizos, salpicados por isletas de coníferas. Los mosquitos reinan y acosan a humanos y bestias. Durante el invierno su geografía es invadida por la nieve y el hielo, y su extensión se agiganta uniéndose con la tundra y las regiones árticas. Es entonces cuando –irónicamente- comienza ser transitada por enormes camiones transportando pesadas maquinarias y hasta pequeñas “ciudades” que crecen en la desprovista e inclemente geografía. La ruta del hielo jalona minas de diamantes, yacimientos de gas y de petróleo.

Una presencia que hubiera arrugado el semblante de Dersu.

Desde el aire veo la transición de la taiga hacia la tundra y hacia el hielo ártico.

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Cazadores, tramperos, buscadores de oro y diamantes, petroleros. Una estoica y tozuda “especie” de hombres han transitado y transitan esta peculiar geografía. En ciudades cabeceras de estas regiones – como Yelowknife, la Capital de los Diamantes- se respira un aire de “última frontera”; de espíritus libres y autosuficientes. Algunas casas bote patentizan esa intransigencia a unirse al “sistema”; mientras vivan sobre el agua no pagan impuestos.

Artico Casas bote

Pero éste tiene otras formas de digerirlos. El alcohol, la procacidad y los suicidios los flagelan.

Jóvenes mujeres Inuit vienen a estudiar a la ciudad y terminan cayendo en el alcohol, los embarazos, que resultan en niños en orfanatos o – en el mejor de los casos- criados por abuelas mientras sus madres trabajan como sirvientas o prostitutas.

La geografía condiciona. Aunque es el mismo hombre el que se somete a si mismo a la degradación.

Dersu lo vivió en carne propia, y –viejo y enfermo- regresó a la soledad de su taiga siberiana.

Así lo han hecho, y continúan haciendo, aquellos relictos de poblaciones Inuit que viven en el ártico. Recorriendo el laberinto de canales en Bathtrust Inlet pude ver en una de las islas los restos óseos de un antiguo poblador. Su calavera y algunos huesos reposaban junto a algunos herrumbrados enseres personales (un viejo calentador y un recipiente para la comida o el agua y un hermoso recipiente tallado en roca donde la grasa de foca ardía como fuente de luz y calor). Los cuerpos eran depositados en un témpano junto con algunas pertenencias y dejados a la deriva, o depositados en algún sitio alto para que los elementos y los animales dieran cuenta de él. Hoy en algunas de esas aldeas existen cementerios. El cuerpo de un niño pequeño envuelto en pieles, esperaba a la intemperie que la tierra se descongelara para ser depositado en ella. Mi asombro seguramente asombraría a los pocos habitantes de la comunidad.

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Extensas caminatas por islas y penínsulas libres de hielo en el verano ártico recompensaban los sentidos con el descubrimiento de flores de vistosos colores. Esquivos grupos de bueyes almizcleros, manadas de caribú, algún zorro ártico, bandadas de gansos y los rastros de osos pardos o su fugaz visión trotando colina arriba.

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Prehistóricas construcciones líticas daban cuenta de la presencia del hombre desde tiempos inmemoriales. Lo huidizo de la fauna nativa también.

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La experiencia en estas remotas regiones septentrionales dejó una especie de inquietud en mi espíritu.

El avión me transportaba de vuelta a la “civilización”, desandaba el camino sobrevolando los hielos árticos, descubriendo trozos de la exigente ruta de hielo sobre la tundra, adivinando caminos en la intrincada alfombra de lagos y bosques de la taiga…

Mientras disfruto del paisaje y de mis pensamientos, viene a mi mente la epopeya de otros hombres. En otras latitudes, en otros ambientes.

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He Leído… (Bailando…)

“Bailando en Tierra de Nadie” de Claudio Campagna.

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Un libro con tema difícil, para leer, masticar, rumiar y digerir… Pero indispensable para quienes hace rato que piensan – sienten- que el Desarrollo Sustentable no esta ayudando a la naturaleza, a la conservación de las especies y por el contrario propiciando su acelerado deterioro.

La propuesta del autor desafía a encontrar un nuevo discurso que se contraponga y desmitifique la arraigada y economicista propuesta del desarrollo sustentable.

Tarea nada sencilla, pero a todas luces necesaria dado el evidente deterioro de nuestro mundo natural.

Para obtener el libro consultar a la Editorial: Del Nuevo Extremo – info@delnuevoextremo.com

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Fotos: Carlos A. Passera