De Viajes… (África)

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“….Todo lo que deseaba ahora era volver a África. Todavía no la habíamos abandonado, pero cuando despertara durante la noche estaría acostado, escuchando, nostálgico ya por ella…” Ernest Hemingway “Las Verdes Colinas de África”

El “rumor” de los elefantes

“…Los sonidos de los elefantes por su parte son omnidireccionales y pueden ser oídos también por otros individuos aunque no sean de la misma especie…”

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“… Elephants don’t fart… – dijo con una sonrisa divertida.

– But I hear them – replicó risueño.

-They don´t fart – enfatizó moviendo la cabeza en señal de negación y con serio semblante.

-They rumble – agregó seguidamente en tono más conciliador y dejando muy en claro que los elefantes no pedorrean.

El Aceptó de buen humor la aclaración del guía nativo, haciendo notar su disculpa; los elefantes no se tiran pedos.

Un susurro a su lado le arrancó una sonrisa:

-Si hubieras leído con más atención el informe sabrías que esos sonidos son de comunicación-  dijo ella con picardía.

-Sabía, sabía, sabía pero a veces parecen pedos… No me digas que no- le contestó mientras alzaba su cámara de fotos.

Ambos rieron.

La comunicación es vital entre los individuos de la manada y de otros grupos...

La comunicación es vital entre los individuos de la manada y de otros grupos…

La aparición silenciosa, delicada, calma y casi desapercibida -pese a su tamaño- hasta que aparecieron tras el follaje, les despertaba admiración.

-Me transmiten paz, armonía – dijo en voz muy queda.

-Igual que las ballenas – agregó ella – son tan plásticos y armoniosos como los gigantes del mar.

La observación de ambos seres –cada uno en su elemento- apaciguaba sus espíritus.

Los dos tenían sofisticados medios de comunicarse. Las ballenas –dependiendo de su especie- vocalizan gruñidos, ronquidos, sonidos que se esparcen en el líquido elemento como retumbes, y hasta elaboradas canciones que viajen miles de kilómetros en ambiente marino y que cambian su partitura dependiendo de los grupos y las épocas.

Los sonidos de los elefantes por su parte son omnidireccionales y pueden ser oídos también por otros individuos aunque no sean de la misma especie. Son especialistas en hacerse oír a grandes distancias. Sus voces pueden utilizar bajas y altas frecuencias, produciendo suaves o extremadamente poderosos sonidos. El “rumble” o rumor es una comunicación de muy baja frecuencia que suele ser confundida por ruidos digestivos. Sin embargo es una eficaz manera de “hablar” con sus pares a grandes distancias.

Las fotografías se sumaban sin parar. Los dos buscaban los mejores ángulos para la toma, y los diferentes comportamientos. Nada perturbaba la calma del lugar. Escasos metros los separaban de la manada compuesta por hembras longevas que guiaban al grupo, madres jóvenes con crías de pocas semanas, y algunos revoltosos adolescentes que se ejercitaban con bruscos juegos y ponían a prueba la paciencia de la matriarca. Poco faltaba para que fueran expulsados del grupo y se convirtieran en machos errantes hasta que pudieran conseguir una hembra.

El atardecer los encontró todavía disfrutando de esos gentiles seres que se habían acercado al campamento a media tarde. La penumbra los envolvía y se desvanecieron en la espesura así como habían aparecido.

La armonía reinó en el lugar y en sus espíritus…”

Sabios, longevos, provocan armonía y paz en el espíritu...

Sabios, longevos, provocan armonía y paz en el espíritu…

Relatos del Cajón… (Fragmentos)

Sonidos

“… No emitieron una palabra para no romper la magia del momento…”

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“… La brisa sacudía suavemente la lona de la carpa. El rumor del mar llegaba fuerte y nítido a sus oídos. Con simétrica cadencia las olas rompían sobre la playa de guijarros provocando un estruendo primero y un suave y persistente murmullo al retirarse. Enfundado en la bolsa de dormir oía con deleite las voces del mar. El graznido de una gaviota, o la voz quejumbrosa de un huala se dejaba escuchar esporádicamente entremezclado con el omnipresente rumor del mar. Mágicamente la expiración de una ballena se impuso nítida llenando el ambiente. Era como el soplido a través de un tubo o una caña, y se prolongaba en el diáfano aire marino.

Sonrió con placer mientras deslizaba hacia su espalda los brazos en cruz sosteniendo su nuca. Lo colmaban esos vitales sonidos.

En la penumbra de la carpa miró a su compañera quien también escuchaba con un gesto de alegría y serena plenitud en su rostro.

No emitieron una palabra para no romper la magia del momento.

Largo rato quedaron escuchando la sinfonía natural. La ballena nadaba alejándose hacia otros rumbos dejando escuchar cada vez más levemente las sonoras respiraciones. El rebuzno entrecortado de un pingüino de Magallanes resonó varias veces, y por momentos se dejaba oír como un rumor -por influencia de la brisa- los ladridos de una lejana colonia de lobos marinos.

El cansancio iba ganando terreno. Con placidez se entregaban ambos al descanso. Al dormir los sueños irrumpieron mezclándose con la realidad. En ellos, la carpa dejaba penetrar otros vitales sonidos. El ronquido de un hipopótamo en la aguada cercana, la quejosa y risueña vocalización de una hiena, el bullicioso cotorreo de una pareja de monos que chillaban asustados al oír el poderoso grave y sostenido rugido de un león a la distancia…

La tenue luz del amanecer los despertó y –aunque un poco entumecidos por la escasa comodidad de la colchoneta- agradecidas miradas irradiaban sus rostros…Las voces de la naturaleza se sumaban al deleite que incentivaban todos los sentidos…”

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Relatos del Cajón… (Entre Muelles)

Entre Muelles

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Transcurre plácida la vida entre muelles.

A un lado el trajinar de grandes naves cargadas de gigantescos contenedores y portando evocaciones de ultramar con aromas de otros puertos.

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Su tamaño contrasta con los más pequeños, aunque no menos atrevidos, navíos de pesca que vuelven entre mareas luego de su cotidiano desafío al bravío mar austral.

Al otro lado la inquieta travesía de los veleros que navegan con sus velas desplegadas y –en ocasiones los más pequeños – semejan un abigarrado grupo de mariposas libando la sal en algún charco.

Inquietos y movedizos se esconden entre la monumental estructura y sofisticada presencia de lujosos buques de placer, pavoneando su peregrinaje por remotos y exóticos puertos del planeta.

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Entre medio la naturaleza continúa cotidianamente desplegando su vital existencia. Al influjo de la marea las aves alternan la pesca o el picoteo de presas en la restinga. Vuelan en bulliciosas bandadas o planean con magistral destreza siguiendo el contorno costero. Las ballenas, los delfines y lobos marinos, los flamencos y los patos se disputan el protagonismo en cada temporada. Las cambiantes luces del día les proporcionan el escenario…

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Y al frente, al frente el mar, el horizonte, y más allá de él lo nuevo, enormidad de mar sin límites; desafío para eximios navegantes ya que el rumbo puede terminar en las espaldas, donde el sol se oculta sin volver a ver la tierra…

Ese solo pensamiento me dibuja una sonrisa,… Mientras -entre muelles- se disfrutan de antemano esos viajes “más allá del horizonte”…

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Relatos del Cajón… (Gaviotas)

De Juan Salvador a Mr. Hyde

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Miraba por la ventana, mientras sorbía el primer café de la mañana, las evoluciones de una ballena. Se sumergió, y tras algunos segundos emergió con fuerza –sin llegar la altura que suelen alcanzar en esos saltos- y resopló vigorosamente ni bien su corpachón hendió el agua… En ese momento me percaté de algunas gaviotas que sobrevolaban a su alrededor. El comportamiento obedecía sin duda al fastidio…

Desde hacía varios años ya algunas gaviotas dominicanas (Larus dominicanus) –o cocineras como se las conoce vulgarmente- habían adoptado la costumbre de picotear el lomo de las ballenas arrancándoles trozos de grasa y piel, provocándoles dolor y molestia. A lo largo de los años las ballenas hasta han adoptado una forma de nadar peculiar, arqueando el cuerpo y dejando expuesta cabeza y parte de la cola para sufrir menos castigo en las zonas más sensibles (Galeón la llaman los investigadores). Esta manera defensiva de protegerse es ya adoptada por los nuevos ballenatos desde los primeros momentos de vida.

Eficientes oportunistas, algunas gaviotas acosan a las ballenas

Eficientes oportunistas, algunas gaviotas acosan a las ballenas

Lo curioso es que esos ataques de gaviotas no se han registrado en otras partes del mundo – como en Sudáfrica- donde las ballenas francas (Eubalaena Australis) también migran.

Sabido es que estas aves marinas son muy adaptables a todo tipo de ambiente y avezadas oportunistas.

No alimentarlas, ¿una clave?

No alimentarlas, ¿una clave?

Fotografié carteles ubicados en el muelle y negocios en una villa de pescadores en Gran Bretaña:

“No alimente a las gaviotas” – reza el cartel en rojos caracteres imitando una película de terror.

“Las gaviotas causan problemas en esta zona”

º ensucian

º muestran comportamiento agresivo

º generan desechos

º provocan ruido

º hacen daño a la propiedad

“Usted puede ayudar reduciendo el acceso a la comida”

“Por Favor No las Alimente”

Esa parece ser la clave el acceso fácil a la alimentación.

Intentos para reducir el impacto se han probado en nuestra zona tratando de eliminar a las que adquirieron la costumbre de predar sobre las ballenas –ya que aparentemente no todas lo hacen- con escasa fortuna.

Posición de "Galeón" adoptada por las ballenas para minimizar daños en su cuerpo.

Posición de “Galeón” adoptada por las ballenas para minimizar daños en su cuerpo.

Pero… ¿Es culpa de una maligna vocación predadora de la gaviota? ¿Los humanos no tenemos algo o mucha responsabilidad de lo que esta sucediendo? ¿Los basurales a cielo abierto y los clandestinos –que aún existen y se multiplican- no generan una forma de fácil alimentación para estos oportunistas? ¿Las industrias pesqueras son cuidadosas con sus desechos? ¿Existen controles adecuados? ¿El aumento de la población de gaviotas no puede ser controlado en sus áreas de nidificación? ¿Existe un plan de manejo de especies silvestres?…

Una nube de gaviotas se levantó de la restinga al subir la marea. Verlas volar creaba un espectáculo de plasticidad y belleza. El número también asombraba.

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Las voces contra estos seres alados se levantaron –con cierta razón- en su contra. Dejaron de ser las poéticas criaturas que Richard Bach ensalzara en su “Juan Salvador Gaviota”, para convertirse en crueles, viciosas e implacables torturadoras de ballenas; las Dr. Hyde del “Hombre y la Bestia”.

¿Podremos asumir nuestra responsabilidad y actuar en consecuencia, en lugar de cargarla en el otro?

No tengo respuestas, solo interrogantes…

Relatos del cajón… (Capítulo 7)

Privilegios

“… Había estado el Viejo en aquellos parajes y, mientras movía la cabeza en gesto de negación, lanzó un suspiro resignado…”

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El cielo de un celeste limpio y claro sin atisbo de nubes se reflejaba con idéntica pureza en un inusualmente calmo mar.

La Bahía Paraíso hacía honor a su nombre, en contraste a otras jornadas cuando nubes bajas, cielo gris oscuro y mar gris embravecido lo contrariaban. Los glaciares que rodeaban la bahía – seguro refugio para balleneros y exploradores de antaño- enmarcaban el paisaje, y témpanos derivaban suavemente en la corriente en cuyas plataformas de hielo se asoleaban focas cangrejeras.

La travesía en los botes neumáticos había sido placentera tras la visita a la base antártica y el ascenso al Cerro Proa para la majestuosa panorámica.

Como si la experiencia no fuera por demás gratificante, dos ballenas jorobadas flotaban mansamente en las quietas aguas. Su respiración se vaporizaba en el frío aire marino y el sonido se propagaba vigoroso prolongándose sin que la brisa lo barriera.

El motor fuera de borda apagado permitía disfrutar de todos los sonidos. El suave chapoteo de las ballenas, sin prisa, apenas modificaba en gentiles ondas la superficie marina.

Extasiados –todos, tripulación y pasajeros- contemplában la escena…

–         ¿¡Cuando regresamos al barco!? – preguntó con voz alterada una pasajera…

–         Ya es casi la hora en que tengo un turno con la peluquera del barco – agregó con fastidio.

La miró, miró al piloto de la embarcación –quien se encogió de hombros con una solapada sonrisa- , dirigió su vista a los demás pasajeros, los que a su vez parecían no haber oído nada…

No hubo respuesta.

Como por encanto, tras apenas un par de minutos, las ballenas arquearon sus lomos y lentamente comenzaron a sumergirse. Las dos colas expuestas al unísono marcaron la despedida…

Hizo señas al piloto con una inclinación de cabeza y el motor fuera de borda rugió, enfilando su ruta hacia el barco.

Se fueron en silencio... Otros las disfrutarían.

Se fueron en silencio… Otros las disfrutarían.

Silencio hasta llegar a la nave.

Ya en el camarote miraba el último bote regresar y a las ballenas ejecutar una suave danza donde la enormes aletas emergían y golpeaban el agua una y otra vez. Agradeció en silencio el gesto de esos gentiles cetáceos al haberse sumergido oportunamente evitando así posibles discusiones.

No todos merecen el privilegio de visitar la Antártida. Si ella estuviera, seguramente habría reaccionado con vehemencia ante semejante actitud pensó y se sentó a escribir.

Sin embargo no lo hizo sobre lo acontecido, sino sobre viejos recuerdos que se remontaban a otros viajes…

“… No era un mar, aunque si inmenso. El Lago Titicaca los desafiaba con su enormidad y su altura…”

 

Relatos del Cajón… (La Vista se me puso buena…)

LA VISTA SE ME PUSO BUENA

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“…La vista se me puso buena de tanto mirar el horizonte…”- escribí un día…

Veo las luces, los colores y la palpitante vida de las criaturas silvestres que nos rodean.

Vaticino la llegada del frío o el calor al observar el paso de las prolijas bandadas de cauquenes en su derroteros al sur o al norte.

Anticipo el arribo del viento al ver las neblinosas nubes de polvo que se ciernen desde tierra adentro, o los rizos que se multiplican hasta alborotar la superficie del mar anunciando la brisa marina.

Disfruto tratando de adivinar donde quedó el horizonte cuando la mar y el cielo se unen en un monocromo gris sin fisuras.

Me regocijo con la llegada temprana de las primeras ballenas…

Por supuesto no pasa desapercibido el trajinado movimiento de los barcos.

Ni la alegre travesía de los veleros…

Si, la vista se me puso buena.

Aunque aún ansío ver lo que mis ojos buscan…

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He Leído… (Bailando…)

“Bailando en Tierra de Nadie” de Claudio Campagna.

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Un libro con tema difícil, para leer, masticar, rumiar y digerir… Pero indispensable para quienes hace rato que piensan – sienten- que el Desarrollo Sustentable no esta ayudando a la naturaleza, a la conservación de las especies y por el contrario propiciando su acelerado deterioro.

La propuesta del autor desafía a encontrar un nuevo discurso que se contraponga y desmitifique la arraigada y economicista propuesta del desarrollo sustentable.

Tarea nada sencilla, pero a todas luces necesaria dado el evidente deterioro de nuestro mundo natural.

Para obtener el libro consultar a la Editorial: Del Nuevo Extremo – info@delnuevoextremo.com

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Fotos: Carlos A. Passera