Etiopia: Un Viaje en el Túnel del Tiempo- Ethiopia: A Journey through Time Tunnel

Cuna de la Humanidad

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Hace tres millones y medio de años el más antiguo ancestro humano pisaba estas tierras. “Denqenash” (Tu eres Maravillosa) –fue llamada por los etíopes esta pequeña dama de apenas un metro veinte de estatura-; “Lucy”, el nombre dado por los investigadores extranjeros que la descubrieron en Hadar, desierto de Afar, en 1974.

Desde entonces este pequeño país, hoy mediterráneo -sin salida al mar- posee un pasado casi legendario que lo vincula con la Reina de Saba y el Rey Salomón, el mítico reinado del “Preste Juan”, el advenimiento del cristianismo allá por el 330…

El presente cabalga por las eras en un alucinante viaje a través del tiempo.

Human cradle: Three and a half million years ago the ancient human ancestor stepped on this land. “Denqenash” (You are Marvelous) – was how Ethiopians called this little lady measuring one meter twenty centimeters. “Lucy”, the name given by foreign researchers who discovered her at Hadar, Afar desert, in 1974.

Since then this small country, today Mediterranean –without sea shores- has a legendary past linked with Queen Sheba and King Salomon, the mythical reign of “Prestel John”, the early adoption of Christianity…

Present rides along eons in a vibrant trip through a time tunnel.

Ensayo fotográfico – Photo essay

NORTE, Siglos, Ritos, Fe – Centuries, Rites, Faith

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Lalibela, iglesia tallada en la roca. Rock Church

Collage Norte 1 page

Rostros de la Fe – Faith

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Custodios ortodoxos – Orthodox church keepers

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Devoción y rezo – Devotion and prayer

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Devoción y rezo – Devotion and prayer

Collage Norte 2 page

Ritos y Fe – Ceremony and faith

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Gondar

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Palacio de la Reina de Saba – Sheba’s Palace

SUR, Siglos, Tribus, Naturaleza – Centuries,Tribes, Nature

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Lago Langano – Langano Lake

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Halaba

Collage Sur 1 page

Dorze

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Hilanderas Konso – Konso spinners

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Konso es Patrimonio Histórico de la humanidad – Konso village is a UNESCO World Heritage Site

Collage sur 2 page

Camino a Konso, Tsemay y Herbore – On the way to Konso, Tsemay and Herbore

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Guerrero – Warrior

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Familia – Family

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Belleza adolescente – Youth beauty

Collage Sur 3 page

Dassanetch

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Elaborados peinados exaltan su belleza- Delicate hairdress enhance their beauty

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Hamer primera esposa – Hamer first wife

Collage Sur 4 page

Mercado en Turmi las AK 47 custodian tribus y pastores – Turmi market AK 47 assure security for tribes and shepards.

Collage 6 Sur page

Aldea Hamer – Hamer village

Collage Sur 7 page

Karo

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Karo

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Mursi

Collage 9 Sur page

Tribu Mursi – Mursi Tribe

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Aldea Mursi en el Parque Nacional Mago – Mursi village at Mago National Park

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Pintura corporal Mursi – Mursi body painting

Collage sur 10 page

Parcialidad Ari y Mercado – Ari people and market

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La proverbial hospitalidad y el orgullo de su linaje permiten una visión íntima de su vida cotidiana y costumbres. Hospitality and pride of their culture make possible an intimate vision of their daily live and culture.

 

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Realatos del Cajón…

Ritos

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– Hay rutinas que ya no serán – se dijo mientras se encogía de hombros, pasaba el antebrazo por su nariz para luego restregarse los ojos.
Recibió una mirada inundada de ternura.
Cierto ya no se repetirían las programadas visitas, los llamados para comentarios triviales o necesidades nimias, las intersantes historias mil veces contadas. Ya no se escucharía su voz, no se vería ese rostro.
No, la rutina sería en más reemplazada por ritos. Esos ritos que intentarían evocar momentos, idealizar los gestos, las acciones, recurrir a la memoria, pedirle a la imaginación que imagine aquello tan dificil de imaginar…
Sonrió.
Sabía por experiencia que nunca sería suficiente, pero era lo único que podía hacer hasta que llegara el momento… Ese momento que inexorablemente arribaría.
– Todavía no, todavía no – pensó mientras subía a la nave que lo llevaría más allá del horizonte-.

Relatos del Cajón… (Fragmentos II)

Encuentro…

“… El enorme Hall del Aeropuerto de Heathrow quedó de pronto en absoluto silencio. Total. Denso y palpable silencio. Se quedó petrificado el Viejo. Sus ojos se abrieron desmesuradamente…”

Heathrow lo mantenía cautivado al Viejo con su incesante trajín. El enorme aeropuerto de la capital inglesa cobijaba miles de personas en un frenético movimiento incesante. Su vista pasaba de los televisores -donde se anunciaba la partida de los vuelos hacia destinos situados en ciudades y países de exótico nombre-, a la variada multitud de gente que resumía costumbres y modas planetarias. África, India, Europa, América, China, Japón, Oceanía, Medio Oriente… Túnicas, trajes de negocios, vestimentas deportivas o abrigados atuendos, turbantes o gorras de béisbol… Rabinos o monjes budistas, familias con padres, hijos y abuelos o solitarios y taciturnos hombres de negocios, bulliciosos estudiantes y hasta estrellas de cine.

Todos se sumaban a una inacabable puesta en escena en la cual cada uno cumplía momentáneamente su papel.

Miraba fascinado desde la butaca en medio del hall cerca de la puerta número 6 en la Terminal 4 del aeropuerto. Se movió de la silla en la que estaba para tener otra perspectiva. Una familia entera de africanos –con sus atuendos típicos, coloridas batas, gorros multicolores y cabellos ensortijados; las mujeres con hermosas criaturas de blanquísimos dientes y enormes y brillantes ojos marrones- corrían arrastrando carros de equipaje, bultos varios y hasta cacharros con comida. El parloteo en su lengua nativa, aunque ininteligible para él, denotaba ansiedad. Sobre todo los gestos del que parecía el jefe del grupo o patriarca de la familia, mostraban inequívocos signos de urgencia, mientras su vista y cabeza se dirigía alternativamente de los miembros de su grupo a un enorme cartel que pendía del techo donde estaban especificados los minutos de caminata hasta cada puerta.

La más cercana estaba a cinco minutos. La más lejana a veinte. Por la urgencia del multicolor grupo se debía tratar de ésta última.

Caminó unos momentos por el amplio hall. Trataba de fijar todo lo que veía. La simultaneidad de acciones no eran sino el reflejo del pulso del mundo. Algo así como una pequeña muestra planetaria. Una moderna Babel convertida en una especie de ombligo del orbe.

Todo parecía converger allí.

Y para su sorpresa allí, es donde sucedió…

El enorme Hall del Aeropuerto de Heathrow quedó de pronto en absoluto silencio. Total. Denso y palpable silencio. Se quedó petrificado el Viejo. Sus ojos se abrieron desmesuradamente. Miraba alrededor, veía la expresión de los rostros en los viajeros. Sus bocas se movían, los gestos de algunos indicaban que se reían. Un niño lloraba. Las miles de personas que deambulaban por el enorme salón, seguían caminando o continuaban con sus actividades. Las veía en cámara lenta. Sus movimientos parecían transcurrir en velocidad retardada. Y no se escuchaba nada. Ese silencio era lo más perturbador.

Se dio vuelta. Giró en redondo. El asombro se dibujaba en el rostro. Alzó la mirada y a menos de un centenar de metros lo vio caminando en su dirección, esquivando el gentío, mirándolo y regalándole esa mágica y angelical sonrisa que siempre llevaba en su rostro.

No sabía si pasaron minutos, segundos o una eternidad. Lo veía acercarse a grandes zancadas, tranquilo, relajado. El cabello largo moviéndose al compás de sus pasos. Los ojos brillantes, limpios trasuntaban una hermosa alegría y calma. El gesto abierto en una pícara y divertida sonrisa se abría esplendorosa en sus labios.

Los brazos del Viejo cayeron a los lados del cuerpo. No miró hacia los costados. Los ojos no perdían el contacto. Todo seguía ocurriendo alrededor pero como en otra dimensión. No entendía que estaba sucediendo, pero poco le importaba. Se entregó al momento. Su mente quedó en blanco y solo se rindió al placer de lo que iba a ocurrir.

Se paró frente a él. Y sin mediar más, se fundieron en un estrecho abrazo. Sentía que –tras los párpados cerrados- los ojos se humedecían y ardían al fluir de las lágrimas. Se apretaron sin miramientos por largo rato. No quería soltarlo por temor a que ese cuerpo sólido que tanto extrañaba se desvaneciera. Tampoco quería abrir los ojos. Ni mucho menos pensar. Los sentidos lo desbordaban. Su cabeza se hundía en su cuello, sintió su piel tibia. Un perfume suave y ansiado penetraba en sus fosas nasales. Percibió como sus manos le palmeaban la espalda. Acompasados movimientos que le daban la certeza de que todo era real… Sus brazos lo estrechaban aún más fuerte.

No supo el Viejo cuanto tiempo permanecieron en ese abrazo. También desconocía si algo ocurría alrededor. La acción estaba en animación suspendida.

Respiró hondo y apelando a un coraje que no sentía, aflojó el abrazo y se separó sin soltarlo. Con temor y muy lentamente abrió los ojos. Muy despacio. Lo miró largamente. Acarició su rostro, una incipiente barba se notaba al tacto, nuevamente eso indicaba que no estaba soñando.

– No me había afeitado – dijo haciendo un mohín entre socarrón y culposo.

Su voz. La voz que tanto extrañaba y la mente se negaba a reproducir, llenó sus oídos. Sonrió entre sorprendido y feliz…

La voz dio lugar a todos las voces, todos los sonidos poblaron nuevamente la trajinada terminal aérea, y el movimiento normal de quienes la transitaban.

Lo miró incrédulo, con cierto temor en el rostro y en los ojos. Se aferró a él…

-Yo estoy – dijo.

– Voy a estar siempre

Y se volvieron a abrazar.

Lo agarró del hombro y comenzaron a caminar.

Lo miraba de costado el Viejo, un poco hacia arriba.

– Cierto que me llevaba más de una cabeza – pensó

No atinaba a hablar, las palabras se agolpaban en su mente, miles de preguntas. Pero no atinaban a vocalizarse.

Él lo miraba con su amplia sonrisa. Entendiendo.

– ¿Cómo puede ser?- dijo el Viejo al fin casi en un murmullo…

– ¿Es un buen lugar no?- le respondió con un gesto de sus ojos y alzando los hombros.

– Vine porque creo que es hora…

– ¿Hora de qué? – preguntó el Viejo prestamente.

Sonrió.

Caminaban frente a una barra con forma de rectángulo que ocupaba buen aparte de ese tramo del hall. Los carteles luminosos que pendían del techo señalaban ese lugar como un Sushi Bar. Sentado en uno de los extremos más angostos de ese rectángulo, Colin Firth, el conocido actor inglés que acompañó en muchas películas a Hugh Grant saboreaba un plato de pescado y una cerveza. Por fracciones de segundos sus ojos se encontraron. Supuso el Viejo que se sintió reconocido, y continuó con su tarea. Esa distracción lo sacudió. Miró a su lado. Vio el rostro de quien lo acompañaba, miró nuevamente a la multitud…

– ¿Curioso no? – conjeturó mientras su mano le apretaba el hombro. La leve presión le indicó que estaban allí. Que no alucinaba.

Pasó su brazo por su cintura y continuaron caminando.

– Miraba su rostro de costado el Viejo, no se cansaba de hacerlo.

– ¿Nos sentamos? – dijo al acercarse a un par de butacas inexplicablemente vacías y apartadas tras unas columnas que las mantenían escondidas.

Se puso de costado, alzó una pierna sobre la butaca, colocó su brazo sobre el hombro del Viejo y con una tenue sonrisa dibujada en sus labios le preguntó:

– ¿Estás preparado para un viaje?

– ¡Claro!- respondió con entusiasmo-, siempre lo estoy…

Sonrió y condescendiente agregó:

– Este es un viaje especial… Muy especial. Es el viaje de los viajes una verdadera aventura…”

Casi el ombligo del mundo... Una moderna Babel...

Casi el ombligo del mundo… Una moderna Babel…

 

He Leído… y releído (Vida entre los Patagones)

(La lectura de libros como el mencionado –afortunadamente hay publicados muchos de ellos- permite al viajero actual transitar la dilatada geografía patagónica reviviendo aquellas épicas aventuras).

George Musters: “El Marco Polo de la Patagonia”

Libros que realzan la aventura de viajes en la patagonia...

Libros que realzan la aventura de viajes en la patagonia…

La historia narra la singular aventura de un marino inglés que recorrió longitudinalmente – 2700 kilómetros, durante más de 365 días, y acompañado por los Tehuelches – la dura geografía de uno de las regiones más difíciles de la Tierra: La Patagonia. Desde el Estrecho de Magallanes hasta el Río Negro. Una hazaña perpetrada por la osadía de un personaje, mezcla de aventurero, científico, explorador y espía que develó – en parte – el misterio de dos mundos hasta ese momento desconocidos.

George Chaworth Musters nació, durante un viaje de sus padres, en Nápoles el 13 de febrero de 1841. Hijo de un oficial del décimo Regimiento de Húsares del Reino Unido, nieto del “Rey de los cazadores” y de “Mary” -musa inspiradora de lord Byron en su poema “The Dream”- y criado por Robert Hammond – miembro de la tripulación del “Beagle” -, llevaba consigo los genes de un explorador y hábil escritor. A los 13 años su inquieto espíritu lo llevó a ingresar como grumete a bordo del buque insignia “Algiers” de la Armada Real Inglesa. A los 15 fue condecorado con la Medalla de Crimea por su actuación durante la Campaña del Mar Negro, en la Guerra con Rusia. Sirvió en la Marina Inglesa hasta 1866, en esa época compra tierras cerca de Montevideo – lugar que había visitado en sus años de navegante -. En Abril de 1869 se encontraba en las Islas Malvinas y es allí donde decide realizar su travesía por la Patagonia continental. El mismo mes se dirige a Punta Arenas y comienza su periplo que culmina en El Carmen de Patagones el 26 de mayo de 1870.

Musters declara que las razones de su viaje eran puramente deportivas y por amor a la aventura. “…la obra clásica de Darwin había encendido en mí un fuerte deseo de penetrar, si es posible, en el poco conocido interior del país…” Por otra parte exteriorizaba su interés en participar de la caza de guanacos. Otras interpretaciones le adjudican una secreta misión del Almirantazgo británico para el reconocimiento del interior de la Patagonia. Esta versión se apoya en el hecho de que sus informes podrían haber sido la causa del establecimiento de compañías inglesas en las mejores tierras de la región.

Aventurero y espía..?

Aventurero y espía..?

Explorador, aventurero o espía, lo cierto es que Musters aprendió a vivir y convivir con los Tehuelches y describió con precisión la geografía de la región. Su apasionante viaje le proporcionó innumerables situaciones de riesgo, peligro y humor en compañía de los aborígenes. La vida al aire libre experimentada por el viajero durante más de un año le llevó a adquirir hábitos curiosos. De regreso a Inglaterra solía pernoctar en el jardín de su residencia o sobre una alfombra sin importarle el frío. Muster realizó su viaje por la Patagonia cuando contaba apenas con 27 años. Luego de publicado su diario de viaje se lo llamó “el Marco Polo de la Patagonia” ya que ambos viajeros habían dado a conocer dos remotas regiones y las costumbres de sus habitantes nativos. A esa expedición siguieron otras en Norteamérica, Bolivia y Chile. El 25 de Enero de 1879, cuando contaba apenas con 38 años de edad falleció en Londres, mientras preparaba su viaje al África para desempeñar sus nuevas funciones de cónsul en Mozambique.

La rastrillada aborigen recorría longitudinalmente la patagonia...

La rastrillada aborigen recorría longitudinalmente la patagonia…

El viaje pudo realizarse debido a la aceptación de los aborígenes. Esto es considerado un verdadero triunfo diplomático dado la época en que fue realizado. En esos momentos los indígenas no tenían interés en abrir las puertas de sus dominios a la curiosidad del “huinca”, sin embargo este inglés logró convencer a los desconfiados tehuelches. Musters se convirtió en uno más y vivió a su usanza, amoldándose a sus costumbres y educación. Es un sacrificio notable, ya que las condiciones en que vivían y la precariedad de medios sin duda lo exigieron al máximo. Costumbres, lengua y modo de vida fueron minuciosamente descriptos por el explorador. La forma de cazar, de comer, de procurarse vestimenta, y hasta mujer son vivencias que Musters debió aprender y llevar a cabo. Tras 2.750 kilómetros de recorrido, luego de algo más de un año, el viaje llegó a su fin. Los Tehuelches no lo olvidaron y en más de una ocasión lo mencionaron a otros exploradores como Moreno, Fontana y Lista. Siempre con respeto y admiración. Quizás las palabras de la India María mencionadas a Moreno, luego de que éste le leyera párrafos del relato del viajero ingles, sean suficientemente gráficas: “Musters mucho frío tenía, muy bueno pobre Musters…”

Los guanacos porporcionaban comida, abrigo y realzaba las dotes del cazador...

Los guanacos porporcionaban comida, abrigo y realzaba las dotes del cazador…

Nada menos que la dilatada, y rigurosa estepa patagónica, fue el escenario del viaje. Desde el Estrecho de Magallanes hasta Puerto Santa Cruz, Desde allí siguiendo el Río Chico hasta las inmediaciones del Lago Viedma. Bordeando las estribaciones de los Andes hacia el norte hasta Bariloche. Para terminar cruzando la meseta hasta Carmen de Patagones. Hoy la ruta 40 sigue el trazado de estas antiguas rastrilladas. El periplo propone alternativas que jalonan mesetas de altura, glaciares, lagos y bosques de la región andino patagónica. Ingresa en zonas valletanas – donde, por ejemplo alternan las aventuras con los colonos galeses – y culmina sobre el océano Atlántico. Un paisaje único que une las bellezas más codiciadas para los ojos del mundo entero de la aún épica Patagonia. Una escenografía adecuada que acompaña una incomparable aventura en los confines australes del continente americano.

Relatos y grabados del libro conforman una verdadera enciclopedia que ilustra las costumbres de las tribus tehuelches...

Relatos y grabados del libro conforman una verdadera enciclopedia que ilustra las costumbres de las tribus tehuelches…

 

Fotos y Viajes… (Retratos I)

Retratos de Aquí y de Allá...

Naturaleza, paisajes, vida silvestre… y Gente. Algunas caras que han enriquecido los viajes componen estos collages…

Ptagonia & Mongolia

Patagonia & Mongolia

 

Patagonia & Namibia

Patagonia & Namibia

 

Namibia & Chiloé

Namibia & Chiloé

Ártico & África

Ártico & África

Mongolia & Escocia

Mongolia & Escocia

He Leído… a Fray Mocho

Para quienes tuvieron, tienen y tendrán la dicha de vivir entrañables momentos -como lo narrado con simpleza y maestría en este cuento-  nada menos que junto a su perro, ya sea en las soledades de la Patagonia, cualquier otro ambiente rural o en la casa citadina…

"Pulgoso", vago, callejero y entrañable "barbocho" patagónico...

“Pulgoso”, vago, callejero y entrañable “barbocho” patagónico…

“…El mate circulaba de mano en mano con una precisión cronométrica, mientras en el asador chirriaba un medio costillar de vaca, cuya grasa, al destilar de a gotas sobre el fuego, levantaba pequeñas llamas azuladas…”

“… A cada titilación del fuego, el perro favorito que –previas unas diez vueltas circulares con la cabeza casi pegada a la cola- se había echado a la derecha de su amo, abría un ojo, lanzaba una mirada perezosa y soñolienta al asador y un gruñido a las pulgas que le fastidiaban y volvía a amodorrarse, esperando su parte en el asado…”

José Sixto Alvarez (Fray Mocho) 1858-1903 – Periodista, Escritor – Fragmento del Cuento “Macachines”

Por desobediente se ganó el abandono, hasta que nos adoptó y nos ragaló su companía una decena de años...

Por desobediente se ganó el abandono, hasta que nos adoptó y nos regaló su companía una docena de años…

De Fotos… (Similitudes)

Similitudes…

Costa, Montañas, Estepa, Desierto, caballos, camellos, ovejas o cabras… cambia el entorno geográfico, aunque no el trabajo.

Distantes, aunque parecidas. Ambas regiones gozan de espacios ilimitados, cielos límpidos y costumbres ancestrales. Patagonia –región compartida entre dos países (Argentina y Chile) y Mongolia –un país mediterráneo, extremo climática y geográficamente, la sombra de un milenario imperio, y una novel república- …

En Mongolia los espacios, la tierra, no tiene dueño –la vida y costumbres nomádicas aún perduran-. En Patagonia “las vaquitas son ajenas…”

Ambos son –todavía- Paraísos en la Tierra que mantienen similitudes en los extremos.

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