Relatos del Cajón… (Paisajes Marinos)

El mundo en la ventana

“…Se muestra monocromo y encabritado pero en otras ocasiones es amable e invita a sumergirse en él…”

Amaneciió gris y turbulento...

Amaneció gris y turbulento…

– El “mar de mi ventana” tiene sus propios humores…- se dijo mientras sorbía el primer café mañanero.

El primer día del nuevo año se mostraba gris, con blancas olas que moteaban la irregular superficie. Un cielo renegrido preñado de abultadas nubes auguraba vendavales. De a ratos rayos de luz abrían una hendija y platinaban con un brillo luminoso la plateada superficie marina.

– Hoy este mar me recuerda las tempestuosas aguas australes- rememoró.

Su mente lo llevó de viaje a memorables travesías por el Pasaje de Drake en camino a la Antártida. Enormes marejadas con olas que rompían en la proa del barco llenaban de gozo su espíritu aventurero. Pero el color acerado, los velos blancos de las olas desprendidos por el inclemente viento y las luces que se colaban entre las nubes eran lo que estaba grabado en su memoria.

Mares australes...

Mares australes…

Una leve sonrisa en el rostro reflejaba su humor, y el café se acababa…

– Se muestra monocromo y encabritado pero en otras ocasiones es amable e invita a sumergirse en él…De un azul intenso, parece en ocasiones de “humor” caribeño-.

Los "humores" cambian con los vientos...

Los “humores” cambian con los vientos…

Sentado frente a la ventana dejó que paisajes marinos de otras latitudes vinieran a su mente. Reconstruyó algunos de ellos, no eran pocos reconoció con deleite. La “personalidad del mar de su casa” reproducía similares paisajes de otros horizontes; de acuerdo al día, o al tiempo meteorológico variaba su estado de ánimo y apariencia…

Un pensamiento lo asaltó de improviso.
Dejó la taza de café y con el ceño fruncido, como queriendo descifrar su sentido, miró hacia el horizonte y se contestó sin palabras:

– Si podría recorrer el mundo mirando el mar a través de mi ventana…
Quizás un día lo haga, pero no todavía –aseveró con convicción- hay aún tiempo para seguir explorando más allá del horizonte…

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Relatos del Cajón… (Entre Muelles)

Entre Muelles

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Transcurre plácida la vida entre muelles.

A un lado el trajinar de grandes naves cargadas de gigantescos contenedores y portando evocaciones de ultramar con aromas de otros puertos.

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Su tamaño contrasta con los más pequeños, aunque no menos atrevidos, navíos de pesca que vuelven entre mareas luego de su cotidiano desafío al bravío mar austral.

Al otro lado la inquieta travesía de los veleros que navegan con sus velas desplegadas y –en ocasiones los más pequeños – semejan un abigarrado grupo de mariposas libando la sal en algún charco.

Inquietos y movedizos se esconden entre la monumental estructura y sofisticada presencia de lujosos buques de placer, pavoneando su peregrinaje por remotos y exóticos puertos del planeta.

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Entre medio la naturaleza continúa cotidianamente desplegando su vital existencia. Al influjo de la marea las aves alternan la pesca o el picoteo de presas en la restinga. Vuelan en bulliciosas bandadas o planean con magistral destreza siguiendo el contorno costero. Las ballenas, los delfines y lobos marinos, los flamencos y los patos se disputan el protagonismo en cada temporada. Las cambiantes luces del día les proporcionan el escenario…

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Y al frente, al frente el mar, el horizonte, y más allá de él lo nuevo, enormidad de mar sin límites; desafío para eximios navegantes ya que el rumbo puede terminar en las espaldas, donde el sol se oculta sin volver a ver la tierra…

Ese solo pensamiento me dibuja una sonrisa,… Mientras -entre muelles- se disfrutan de antemano esos viajes “más allá del horizonte”…

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Relatos del Cajón… (La Vista se me puso buena…)

LA VISTA SE ME PUSO BUENA

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“…La vista se me puso buena de tanto mirar el horizonte…”- escribí un día…

Veo las luces, los colores y la palpitante vida de las criaturas silvestres que nos rodean.

Vaticino la llegada del frío o el calor al observar el paso de las prolijas bandadas de cauquenes en su derroteros al sur o al norte.

Anticipo el arribo del viento al ver las neblinosas nubes de polvo que se ciernen desde tierra adentro, o los rizos que se multiplican hasta alborotar la superficie del mar anunciando la brisa marina.

Disfruto tratando de adivinar donde quedó el horizonte cuando la mar y el cielo se unen en un monocromo gris sin fisuras.

Me regocijo con la llegada temprana de las primeras ballenas…

Por supuesto no pasa desapercibido el trajinado movimiento de los barcos.

Ni la alegre travesía de los veleros…

Si, la vista se me puso buena.

Aunque aún ansío ver lo que mis ojos buscan…

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