Relatos del Cajón… (Leo y Rino)

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“….Todo lo que deseaba ahora era volver a África. Todavía no la habíamos abandonado, pero cuando despertara durante la noche estaría acostado, escuchando, nostálgico ya por ella…” – Ernest Hemingway “Las Verdes Colinas de África”

De cuernos y melenas…

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“…Se miraban con intensidad. Uno con admiración y respeto; el otro con atento recelo.

Los ojos color miel del león, resplandecían con ambarinos reflejos en la cálida luz de la mañana. Como todo predador se mantenía atento a cada movimiento sin sacar la vista de la posible presa o potencial peligro. No apartaba la mirada de la figura voluminosa del vehículo; un blanco demasiado grande que instintivamente evaluaba si resultaba amenaza o no. El hombre sintió por su parte que las miradas los comunicaban. Los escasos metros de separación le brindaban esa sensación de intimidad.

Ambos –hombre y bestia- se escrutaban.

Tras algunas fotos bajó la cámara y se dedicó a observar con la misma intensidad que el león lo hacía.

La brisa muy suave y en sentido opuesto, traía el aroma de los secos pastos y movía la densa melena del espléndido felino. Ojo a ojo la observación se intensificaba. Por instantes apenas el león escudriñaba los alrededores y volvía a fijar los ojos en el hombre. Curioso, y más relajado a medida que el tiempo transcurría.

Con una sonrisa de satisfacción el hombre se entregó con deleite a la observación. Su mente trajo a la memoria el relato oído noches anteriores junto al fuego: la leyenda narraba como el Rey de Todos Los Animales había sido curado por un rinoceronte y como éste había obtenido el cuerno que hoy lo distinguía…

‘… Un día, en la sabana africana, el rinoceronte – que en ese entonces se llamaba Simoneos y no lucía el cuerno en su nariz- tomaba sus baños de tierra cuando Bo – la boa constrictor- pasó a visitarlo. Fue entonces cuando le contó los problemas que el Rey sufría. Leo había comido una hiena que estaba envenenada con las ponzoñosas aguas de una aguada. Estaba muy enfermo y nada parecía poder sanarlo. Simoneos por el contrario estaba convencido que algo debía hacerse para salvar al Rey. Bo le dijo que había una sola cura; un té preparado por la planta de Bulewo, pero que solo crecía cuando la lluvía caía, y hacía mucho tiempo que ella no llegaba… Preocupado Simoneos se durmió, y soño. En ese sueño las aves que siempre están sobre su lomo y detrás de las orejas comiéndole las garrapatas le susurraron: ”Te podemos ayudar, te podemos ayudar”.   Las aves sentadas en su hocico comenzaron a batir sus alas hasta elevar a Simoneos a las alturas y danzaron en el espacio convocando negras nubes… La lluvia llegó y bañó la sabana. Las plantas comenzaron a crecer y Bo diligentemente recogió frescas hojas para que Simoneos prepare el brebaje que sanaría al Rey. El té salvó a Leo y éste en recompensa le obsequió un enorme diamante. Simoneos lo colocó en la punta de su nariz y milagrosamente éste se incrusto en su hocico como un unicornio. Feliz vio como le servía ese cuerno de diamante fuerte y sólido donde las hermosas aves podían también posarse… Así cambió su nombre al de Rinoceronte, que significa cuerno en la nariz…’

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El león se irguió sobre sus patas delanteras provocando la ruptura de los pensamientos del hombre. Una última mirada y como diciendo – ya es suficiente-, el León comenzó a rugir lenta, espaciada y pausadamente tres veces culminando en sonoros y graves sostenidos… Su voz resonó poderosa y se extendió a los confines de su amplio territorio.

Admirado y en silencio el hombre vio como, tras una fugaz mirada como despedida, se perdió con paso cansino entre los matorrales…

– Seguramente la presencia humana amparada en los contornos del vehículo no representaban amenaza o peligro para su dominios- se dijo esbozando una tenue sonrisa de placer…”

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Relatos del Cajón… (Fragmentos III)

El Peregrino

“…no tenía claro porque estaba allí en esa remota isla, para que había ido…”

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“… Fredy esperaba sentado en una mesa apartada en un rincón del mismo bar donde se habían encontrado la noche anterior. Bebía del vaso de cerveza mientras pensaba y miraba el recinto. Pocos parroquianos lo ocupaban.

La puerta se abrió y ,con la  entrada de luz que se coló desde el exterior, Fredy vislumbró la silueta de su amigo que agudizaba la vista intentando acostumbrarse a la penumbra interior. Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro del reciénb llegado al reconocerlo sentado en un extremo del salón.

-Siempre las espaldas protegidas y con un amplio ángulo de visión, las costumbres no se modifican- pensó mientras se dirigía hacia donde Fredy estaba.

Con un gesto de su mano le indicó al tabernero que trajera una pinta igual a la que su amigo bebía.

-Sentate y contame- le dijo Fredy sin preámbulos ni bien se acercó a la mesa.

-No hay mucho que contar- respondió encogiéndose de hombros y frunciendo el ceño- quiero fotografiar al “peregrino” y vos sos la persona indicada para llevarme a su hábitat.

– Si – respondió Fredy con un dejo de sarcasmo, y agregó:

-¿Por qué el “Peregrino” y no “El Craken”? – preguntó con picardía- ¿Qué te anda pasando? – interrogó.

Las preguntas lo tomaron por sorpresa. Primero porque Fredy no era de preguntar. Si nada le decían aguardaba a que lo hicieran; y segundo no tenía claro porque estaba allí en esa remota isla, para que había ido…

-Si quisiera buscar y fotografiar al “Craken” hubiera elegido el Caribe – dijo tras unos segundos apelando al humor- las aguas son mucho más calientes…

Por toda respuesta recibió la torva mirada de su interlocutor mientras meneaba la cabeza en signo de negación y se mordía el labio inferior.

-¡Qué se yo! – atinó a agregar viendo la reacción de su amigo- acción, supongo que acción es lo que necesito…

Fredy bebió de su vaso de cerveza y continuó mirándolo. Sus ojos no tenían la dura expresión de segundos antes. Se habían suavizado y echando la cabeza hacia atrás exhaló un profundo suspiro. Entonces dijo:

-Hace cosa de un mes recibí un correo de tu viejo –dijo en voz pausada- él me contó…

Sabía que Fredy y su padre conservaban una vieja amistad mantenida a través del tiempo y las distancias. No le sorprendió que supiera, aunque albergaba la esperanza de que no fuera así. No quería hablar sobre eso…

Se encogió de hombros, aspiró profundamente, lo miró directo a los ojos, meneó la cabeza y con voz apenas audible se escabulló:

-Tengo hambre ¿pedimos un pie de carne y riñón? También un whisky por favor para acompañar la cerveza…

Fredy asintió en silencio cerrando los párpados con un leve movimiento de su cabeza. La cena transcurrió plácida. Hablaron del “Peregrino” y del “Craken”, contaron viejas historias comieron y bebieron varias rondas de cerveza negra y espumosa. Tras brindar con el tradicional “night cup” –el último trago de whisky de la noche-, se despidieron. Mañana se encontrarían en el muelle…”

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De Viajes & Fotos… (Íconos de la Patagonia…)

  Así es Patagonia… Seducción por Naturaleza

Andes, mar, vida silvestre...

Andes, mar, vida silvestre…

La Patagonia sugiere mucho más de lo que muestra.

A lo largo del tiempo ha cautivado la imaginación de los hombres. Pocos pueden definir que los atrapa de ella.

Sin embargo todos coinciden en algo: Resulta imposible borrar su huella del espíritu.

Una naturaleza poderosa y vital modela a quienes la habitan; humanos y criaturas silvestres.

Las bestias se adaptan instintivamente a sus reglas de juego. No intentan descifrarlas.

Los hombres – a excepción de sus primitivos moradores- buscamos dominarla. Hurgamos en sus misterios, pretendemos desentrañar sus enigmas…

E indefectiblemente sucumbimos a su hechizo.

Desde Pigaffeta, hasta el turista contemporáneo; desde el primer aborigen, hasta el reciente poblador, la historia se ha repetido.

Una historia sin fin, plena de fuerza, cargada de alegrías, sinsabores, exigencias, bonanzas… de vida.

Vida que, en esta Patagonia, conserva aún hoy caracteres épicos e imposibles de olvidar que seducen sin concesiones.

Las imágenes que siguen sintetizan apenas aspectos de esta caleidoscópica región.

Chalten, Cueva de las Manos Pintadas, guanacos

Chalten, Cueva de las Manos Pintadas, guanacos

Orcas, pingüinos

Orcas, pingüinos

Cóndor, Cauquén de Cabeza Gris con pichón

Cóndor, Cauquén de Cabeza Gris con pichón

Zapatito de la Virgen, Orquidea Verde

Zapatito de la Virgen, Orquidea Verde

Tejedora Mapuche, Pastores de cabras y de ovejas

Tejedora Mapuche, Pastores de cabras y de ovejas

Glaciar Perito Moreno y el sol forma bandera en el glaciar

Glaciar Perito Moreno y el sol forma bandera en el glaciar