Sueño de islas… (fotos)

Una Isla…

Desde la Cuna del mar… Millones de años de paciente construcción.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Una base sólida de seres vivos para para dar base a nuevas vidas…

P1200855-horz 2

Llegan los primeros colonos…

P1200673-horz 3

Se arraiga la vida…

P1210333 b-horz 4

Nuevos protagonistas se suman y prosperan…

P1200852-horz 5

Dos mundos se consolidan…

P1140838-horz 6

Desde el cielo nacen nuevas esperanzas…

P1200990 B-horz 7

La Naturaleza concreto su sueño de porfía durante millones de años… Nosotros nos sumamos recientemente. 

P1200454-horz 8

¿Seremos responsables por tanta belleza?

Relatos del Cajón… (Fragmentos)

Sonidos

“… No emitieron una palabra para no romper la magia del momento…”

P1130670 B

“… La brisa sacudía suavemente la lona de la carpa. El rumor del mar llegaba fuerte y nítido a sus oídos. Con simétrica cadencia las olas rompían sobre la playa de guijarros provocando un estruendo primero y un suave y persistente murmullo al retirarse. Enfundado en la bolsa de dormir oía con deleite las voces del mar. El graznido de una gaviota, o la voz quejumbrosa de un huala se dejaba escuchar esporádicamente entremezclado con el omnipresente rumor del mar. Mágicamente la expiración de una ballena se impuso nítida llenando el ambiente. Era como el soplido a través de un tubo o una caña, y se prolongaba en el diáfano aire marino.

Sonrió con placer mientras deslizaba hacia su espalda los brazos en cruz sosteniendo su nuca. Lo colmaban esos vitales sonidos.

En la penumbra de la carpa miró a su compañera quien también escuchaba con un gesto de alegría y serena plenitud en su rostro.

No emitieron una palabra para no romper la magia del momento.

Largo rato quedaron escuchando la sinfonía natural. La ballena nadaba alejándose hacia otros rumbos dejando escuchar cada vez más levemente las sonoras respiraciones. El rebuzno entrecortado de un pingüino de Magallanes resonó varias veces, y por momentos se dejaba oír como un rumor -por influencia de la brisa- los ladridos de una lejana colonia de lobos marinos.

El cansancio iba ganando terreno. Con placidez se entregaban ambos al descanso. Al dormir los sueños irrumpieron mezclándose con la realidad. En ellos, la carpa dejaba penetrar otros vitales sonidos. El ronquido de un hipopótamo en la aguada cercana, la quejosa y risueña vocalización de una hiena, el bullicioso cotorreo de una pareja de monos que chillaban asustados al oír el poderoso grave y sostenido rugido de un león a la distancia…

La tenue luz del amanecer los despertó y –aunque un poco entumecidos por la escasa comodidad de la colchoneta- agradecidas miradas irradiaban sus rostros…Las voces de la naturaleza se sumaban al deleite que incentivaban todos los sentidos…”

Collage Sonidos 1 page

Relatos del Cajón… (Fragmentos)

Desvanecerse

Trekking BCS

“… No desapareció… Solo se escondió.

En ocasiones tras una nube. Otras entre una bandada de aves. Transformándose en sombra en los caminos. Siendo absorbido por los vientos… Las más de las veces dejándose mecer a la deriva por las olas del mar.

Quería estar aquí y allá a la misma vez. Sentir y mirar sin ser visto o mirado. Ser sin estar…

Sentía que necesitaba desvanecerse.

Y así lo hizo.

¿Cuánto? No lo sabía. Quizás bastara un breve tiempo.

¿Por qué? Así se lo urgía toda su humanidad… Recargarse, despojarse, alimentarse nuevamente.”

P1150016 BCDS

 

De Viajes… (Tierra del Fuego)

Al Sur del Sur…

“… 44 años atrás Tierra del Fuego fué la inesperada meta de aquel primer y verdadero viaje iniciático… Por fortuna hubo muchos más…”

Mas al sur el continente blanco...

Mas al sur el continente blanco…

Al sur de América del Sur, allí donde el continente termina –antes de esa salvaje brecha que propone el Estrecho de Drake para alcanzar la Antártida- está la Tierra del Fuego. La Isla Grande ocupa el vigésimo noveno lugar entre las islas más grandes del mundo. Separada del continente por el Estrecho de Magallanes, está rodeada al oeste por el Océano Pacífico, al este por el Atlántico y al sur por una ancha faja de agua –corredor de vientos y mar tempestuoso-. Más allá, la Antártida.

Pingüinos Papúa y Carancas pueblan costas y algunas islas de esta recortada geografía...

Pingüinos Papúa y Carancas pueblan costas y algunas islas de esta recortada geografía…

El aislamiento de su enclave no la mantuvo al margen de expediciones, conquistas y épicas aventuras. Corsarios, expedicionarios, aventureros, loberos, balleneros, misioneros y rudos hombres de dudosa calaña la habitaron. Aún hoy su exigente geografía invita a la aventura.

Charales Darwin recorrió a bordo del Beagle estos dominios australes...

Charales Darwin recorrió a bordo del Beagle estos dominios australes…

Paradójicamente esta geografía austral tiene su “espejo” al norte, bien al norte en tierras de Alaska y la Columbia Británica.

Pero hoy, hoy la propuesta es viajar visitando canales, islas, hielos y emblemáticos lugares como el Cabo de Hornos en el llamado Fin del Mundo. Un viaje en imágenes por sus laberínticos canales, umbrosos bosques, azules glaciares, cielos renegridos y mares tempestuosos, donde no escasea el color, la flora y la fauna.

Cabo de Hornos, un emblema austral...

Cabo de Hornos, un emblema austral…

 

Pato Vapor no Volador, Zorros Colorados, coloridos hongos del bosque austral...

Pato Vapor no Volador, Zorros Colorados, llamativos hongos del bosque austral…

Luces, mar, montañas encantan el los canales fueguinos...

Luces, mar, montañas encantan en los canales fueguinos…

Aves Cinclodes, bosques y hielos...

Aves, Remolinera Araucana, bosques y hielos…

Hongos, frutos, glaciares, joyas para el ojo avizor...

Hongos, frutos, glaciares, joyas para el ojo avizor…

Inmerso en el paisaje de mar, hielo y bosque...

Inmerso en el paisaje de mar, hielo y bosque…

Estrecho de Magallanes, Faro y pingüinera de la isla Magdalena, frente a Punta Arenas, Chile...

Estrecho de Magallanes, Faro y pingüinera de la isla Magdalena, frente a Punta Arenas, Chile…

Cabo de Hornos, síntesis de épicas aventuaras en los mares australes...

Cabo de Hornos, síntesis de épicas aventuras en los mares australes…

 

 

Relatos del Cajón… (Paisajes Marinos)

El mundo en la ventana

“…Se muestra monocromo y encabritado pero en otras ocasiones es amable e invita a sumergirse en él…”

Amaneciió gris y turbulento...

Amaneció gris y turbulento…

– El “mar de mi ventana” tiene sus propios humores…- se dijo mientras sorbía el primer café mañanero.

El primer día del nuevo año se mostraba gris, con blancas olas que moteaban la irregular superficie. Un cielo renegrido preñado de abultadas nubes auguraba vendavales. De a ratos rayos de luz abrían una hendija y platinaban con un brillo luminoso la plateada superficie marina.

– Hoy este mar me recuerda las tempestuosas aguas australes- rememoró.

Su mente lo llevó de viaje a memorables travesías por el Pasaje de Drake en camino a la Antártida. Enormes marejadas con olas que rompían en la proa del barco llenaban de gozo su espíritu aventurero. Pero el color acerado, los velos blancos de las olas desprendidos por el inclemente viento y las luces que se colaban entre las nubes eran lo que estaba grabado en su memoria.

Mares australes...

Mares australes…

Una leve sonrisa en el rostro reflejaba su humor, y el café se acababa…

– Se muestra monocromo y encabritado pero en otras ocasiones es amable e invita a sumergirse en él…De un azul intenso, parece en ocasiones de “humor” caribeño-.

Los "humores" cambian con los vientos...

Los “humores” cambian con los vientos…

Sentado frente a la ventana dejó que paisajes marinos de otras latitudes vinieran a su mente. Reconstruyó algunos de ellos, no eran pocos reconoció con deleite. La “personalidad del mar de su casa” reproducía similares paisajes de otros horizontes; de acuerdo al día, o al tiempo meteorológico variaba su estado de ánimo y apariencia…

Un pensamiento lo asaltó de improviso.
Dejó la taza de café y con el ceño fruncido, como queriendo descifrar su sentido, miró hacia el horizonte y se contestó sin palabras:

– Si podría recorrer el mundo mirando el mar a través de mi ventana…
Quizás un día lo haga, pero no todavía –aseveró con convicción- hay aún tiempo para seguir explorando más allá del horizonte…

P1120707 B

Relatos del Cajón… (Año Nuevo)

Días de Ocio en la Patagonia

“…- Lo cotidiano no debe ser aburrido, es un buen deseo para el nuevo año…”

Puerto Deseado Pinguis Oleo 3 B

Escribía a veces –como ahora- sin saber dónde los pensamientos lo llevaban. Anotaba en su libreta con casi ininteligibles caracteres lo que le venía a la mente. De a ratos miraba las evoluciones de los gaviotines con cierta envidia. Volaban escudriñando, con la cabeza recubierta de negro capuchón, intensamente la superficie del agua en erráticas evoluciones. De pronto se detenían como “halconeando” en el aire tras lo cual se lanzaban en vertiginosa picada. Emergían y alzaban vuelo, la más de las veces con un pececito en su pico.

Una sonrisa se dibujó en sus labios; y escribió una pregunta en el anotador:

– No sé desde cuando disfruto viendo a las aves- se contestó a sí mismo.

Perdió la vista en el mar con gesto inquisidor, entrecerró lo ojos y frunció el ceño como si buscara algo en el fondo de su mente…

– Creo que fue aquel verano cuando caminábamos por la costa de la Bahía Inútil en Tierra del Fuego y nos envolvió una nube de alas- quedó rumiando el recuerdo, y de pronto soltó la carcajada:

– ¡No, nooo! fue mucho antes creo- se habló en silencio-.

“…Éramos pibes, estábamos subidos arriba de un eucalipto, muy alto, tirando tiros al aire con el rifle de aire comprimido de “Yuyo”. Apunté y en la mira estaba un benteveo. Disparé y la ramita donde estaba el pájaro se quebró. Se me paralizó el corazón. El ave pareció saltar… Aunque en realidad voló producto de mi mala –o buena- puntería.

Se pasó la mano por el pelo húmedo, producto de la leve bruma marina que traía el viento este, y entrecerrando los ojos murmuró:

– No he tocado un arma desde entonces, y en esas épocas subirme a los árboles para estar cerca de las aves era más que un juego.

Una pareja de ostreros emitía agudos silbos con énfasis marcando el límite de su territorio a una gaviota que se había posado demasiado cerca. La aguda voz se elevaba por sobre el rumor del mar.

Eran sonidos plenos, vivificantes.

Su mente regresó a la primera imagen que se había presentado en su memoria, cuando cientos de aves marinas habían danzado en torno a esos extraños que caminaban por la Bahía Inútil. Años después supo que así se llamaba porque los insistentes y tormentosos vientos del oeste castigaban ese accidente geográfico tornándolo inservible para el refugio y amarre de las naves de vela. Caminaron hasta el anochecer cuando llegaron a la frontera. Durmieron en sus bolsas de dormir guarecidos en las ruinosas casas abandonadas.

– También ese fue un verdadero viaje iniciático- concluyó-.

Anotaba cada tanto algún párrafo en la libreta. Las evocaciones parecían no tener hilván, y las dejaba suceder. Estaba en un estado casi de paz. Los años y las experiencias vividas se arremolinaban y cobraban vuelo como las aves que desfilaban frente a él.

Viajes, lugares, personas, imágenes se agolpaban, aparecían y se esfumaban. Traían recuerdos y hasta sabores. Escribió como ayuda memoria algunas palabras que -se dijo- le servirían luego para plasmarlas en el papel. Eso requeriría tiempo y esfuerzo, y ahora estaba plácidamente holgazaneando. La época del año y el receso momentáneo de la actividad cotidiana eran gratificantes.

Una pareja de hualas se zambulló y casi al unísono reaparecieron los dos como en sincronizado ballet. La sonrisa no abandonaba su rostro. No escribiría las evocativas páginas de “Idle Days in Patagonia” descriptas por el naturalista Guillermo Enrique Hudson, pero disfrutaba el calmo pero permanente cambio que la naturaleza ofrecía a sus sentidos en esa playa patagónica.

– Lo cotidiano no se vuelve metódico y aburrido-reflexionó- cada día es igual pero distinto.

Influenciado quizás por la fecha y el inminente arribo de un nuevo año, se propuso:

– Lo cotidiano no debe ser aburrido, es un buen deseo para el nuevo año; disfrutar los momentos, perseverar en los sueños, descubrir lo nuevo más allá del horizonte, mirar y ver, dejar la rutina…

Un pingüino apareció a pocos metros de donde estaba sentado, nadó hacia la costa y con paso bamboleante salió fuera del agua. Camino hasta ubicarse a un par de metros escasos de donde se hallaba. Estornudó expulsando gotas de sal por las narinas de su pico y se acostó a reposar en la grava húmeda. Lo miró por unos instantes y cerró los ojos para descansar haciendo caso omiso de la presencia humana.

Pensó entonces que mientras esta vital compañía estuviera a su alcance, podría sentirse a salvo de ser agobiado por la rutina y las costumbres…

– Claro que hay algunas que es conveniente mantener, porque si no dejo la llave en el lugar acostumbrado no vuelvo a encontrarla, o ceder mi sillón preferido de la casa y mucho menos dejar que alguien utilice mi taza del café mañanero…- resumió lanzando una fuerte carcajada.

El pingüino lo miró sobresaltado ignorando seguramente que una año acababa y otro estaba por comenzar.

Isla Lobos Trjeta 2015

 

Relatos del Cajón… (Ausencias)

¿Dónde…?

delfinoleo_edited B   Con incansable persistencia la pregunta se impone –hasta casi hacerse audible- en la mente.

   Vez tras vez, sin importar los años, acicateando la imaginación. Sin tregua.

   ¿Será en un lejano aeropuerto –como ensoñé alguna vez- destacándote entre miles de   personas?

   ¿Quizás bajo el agua compartiendo una boquilla de aire y riendo entre burbujas?

   ¿O esa figura que –con un salto del corazón- me pareció reconocer en aquella ciudad de exótico nombre?

   Posiblemente cierta sea esa inevitable sensación de presencia precisamente en un sitio del camino -al ir península adentro- cuando miro a la derecha y a lo lejos veo el mar imponiéndose en esa brecha de los acantilados.

   Con certeza se dibuja al perder la vista en el horizonte en “ese” punto y no otro del mar…

   ¿Habrás reiniciado la rueda?

   Muchos –demasiados- se hacen la misma pregunta aún con angustioso interrogante por aquellos que no aparecen… A mí –por el contrario- me asalta con la esperanzada certeza del reencuentro; sé cuándo te fuiste, apurando ese viaje predestinado a todos.

    Me encojo de hombros, el tiempo no se detiene, sonrío, evoco entrañables momentos protagonizados, vivo; suspiro y sigo, aunque no se acalla la insistente pregunta:

   ¿Dónde…? ¿Dónde estás, y cuando nos volvemos a abrazar?

Relatos del Cajón (Reflexiones junto al mar…)

La Red

“…La verborragia que aturde nuestra vida termina confundiendo y abre camino al caos, pese a creernos entender y ser parte de ese mundo global…”

P1160371 B

“… Musters, ¿los piojos no duermen nunca…? – preguntó el cacique Orkeke… (*)

Que viniera a mi mente el pasaje de ese libro de viaje me hizo reír; resultaba una analogía más que ajustada a las reflexiones que ocupaban en esos momentos mi cabeza:

– Como los piojos los pensamientos nunca duermen- me dije- y como ellos, en ocasiones, suelen ser muy molestos…

Alejado voluntariamente por un rato de computadoras, celulares e internet cavilaba con la recurrente idea de la comunicación que intenta “adueñarse” del instante… Infructuosamente claro.

Sentimiento que me había hartado ya en mis primeros años como periodista. Hoy esa sensación de “atrapar el instante” parece – erróneamente- ser alcanzada, pero esa falsa certeza nos engaña a través de Internet y las redes sociales, la televisión y los tuits, y corremos –como un perro que persigue a su cola- en círculos.

Las palabras y las imágenes se multiplican, envuelven, bombardean creando una endeble –o falsa- sensación de conocimiento.

Filtrar lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira es una tarea ciclópea, y no muchas veces fructífera.

Cada segundo es hoy expuesto con deliberada saña saturándonos sin cesar con asesinatos, guerras, corrupción, aniquilamiento, y apocalipsis planetarias… Nos deja estupefactos y hasta – en ocasiones- inermes para la acción. ¿Quien puede entender lo que nos hacemos a nosotros mismos?

Continuamos día a día sumergidos en la tarea cotidiana; en ocasiones gratifica, otras es frustrante, pero en cualquier caso ineludible para la existencia –material al menos-. Peleamos las pequeñas batallas a nuestra medida…

La verborragia que aturde nuestra vida termina confundiendo y abre camino al caos, pese a creernos entender y ser parte de ese mundo global.

La Red nos envuelve.

Parar y callar es – a veces- saludable.

La contemplación del mar, el vuelo de las aves y los sonidos puros de la naturaleza se transforman en un bálsamo que apacigua el estado de tensión al que nos sometemos voluntaria y cotidianamente…

Sentado en la solitaria playa, mirando el mar, intento ignorar la idea de que este mundo natural que nos cura, puede no estar por siempre; que las sempiternas guerras que se perpetúan desde el pasado y se repiten cíclicamente pertenecen a un mundo virtual (como se nos muestra a diario, no es difícil caer en esa ilusión )…  Sacudo la cabeza con la vana intención de borrar la realidad.

Resignado, e ingenuamente optimista, esbozo una sonrisa y pienso:

– Los pensamientos, como los piojos, nunca duermen…-

Antofagasta-Arica 288 B

(*) Del libro “Vida entre los Patagones”George Chaworth Musters

Relatos del Cajón… (Capítulo 10 – Fin Primera Parte)

Capítulo 10

Machu Picchu Panorámica 2 BN B

“… Los ojos se le llenaban de humedad al Viejo y le ardían al leer, conociendo la historia que sobrevendría. Respiró profundo, hizo una pausa y continuó la lectura…”

Lánguida

C&C en Huayna Picchu B C

“…La mítica ciudela incaica –como a todos – los deslumbró. Caminaron sus senderos y acariciaron sus piedras con fruición. Treparon la estrecha y empinada senda hasta la cima del Huayna Picchu y simplemente admiraron y callaron. Atrás había quedado Cuzco, Saqsayhuaman, Pisac, Ollantaytambo… La grandiosidad del Imperio Incaico había ganado sus jóvenes espíritus. Aquel viaje iniciático, que los había unido fortuitamente en una encrucijada del camino, los maravillaba a cada paso. Y ese día en las colosales ruinas de los Andes, sentían que el haberlo transitado juntos los había enriquecido. Se sabían capaces de conquistar el mundo, de lograr todos sus sueños. Las imágenes obtenidas se atesoraban en los rollos fotográficos que se acumulaban en sus mochilas, y más indelebles en sus almas. Mucho quedaba aún por andar, el tiempo diría en que puntos cardinales; una sola certeza los acompañaba: iban a estar juntos…”

Dejó de escribir, y salió de su camarote. Sonreía al evocar aquellas lejanas vivencias. Pero sabía que el viaje antártico estaba llegando a su fin. La mañana siguiente lo encontraría en el puerto. Y la incertidumbre era hacia donde dirigiría sus próximos pasos…

Subió a la zona del mirador donde estaba situado el bar.

En la cubierta superior los enormes ventanales reflejaban las imágenes del interior envueltos en una suave penumbra. Las luces justas permitían observar el ocasional paso de algún ave en el exterior, fundida y esfumada en los vidrios con las figuras del salón.

Sentado en el taburete en la barra degustaba un whisky mientras una grabación se dejaba oír, suave, inundando el recinto.

Lánguida, cadenciosa, con voz grave, aterciopelada y sensual -que trasuntaba melancolía- la intérprete desgranaba la letra de la canción. Calló su voz dando paso a la melodía, el solo de piano irrumpió límpido y cristalino, con marcadas y puras notas; muy lentamente se sumaron los acordes de violines en suave “increccendo”. La envolvente sonoridad del saxo enfatizó la tristeza latente, mientras los ritmos graves y sonoros del bajo- esos bajos enormes y gordos al parecer- delineaban los compases.

Su alma se contrajo.

El ánimo –un tanto mustio- se ajustaba al clima propuesto por la música.

Como por encanto el sonido del piano “en vivo” resonó en la sala y se acopló a la grabación que llenaba el recinto. Se sorprendió -no sin agrado- y giró la butaca hacia donde el instrumento estaba ubicado.

Sentado en el taburete el músico –que había llegado silenciosamente- le sonrió cómplice y alzó su vaso en señal de saludo. El le respondió con el mismo gesto y un leve movimiento de su cabeza aprobando su presencia sin decir palabra.

La música prosiguió acompañada ahora por los acordes del piano que resonaban puros. Nuevamente la voz de la cantante se impuso por sobre la melodía.

El y “el piano man” se dejaron envolver por la música y el recuerdo; sea este cual fuera…

Afuera el mar sacudía las bandas del barco con vigorosa marejada.

Mañana el puerto, pero será mañana…- se dijo mientras sorbía un trago.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

(Nota del Autor: Lo que comenzó como un ejercicio de hilvanar relatos mezclando vivencias e imaginación, cobró vida. Estos primeros 10 capítulos publicados en Botella al Mar continúan surgiendo y – a decir verdad no se aún donde me llevan- pero nómade al fin dejo que me lleven… Con el tiempo seguirán plasmándose en estas páginas.)

Relatos del Cajón… (Pelea por la Vida – Capítulo 4)

Capítulo 4

EL MAR, UN PELIGROSO HOGAR

“…Desde su puesto de observador, nuestro pingüinito sintió renacer esa especie de escozor dentro suyo. Verdaderamente el mar parecía representar la seguridad…”

 P1030696_redimensionar B

“…Tras el diluvio, aquellos pichones que sobrevivieron pudieron darse cuenta que los peligros no provenían solamente de otros seres. De una indefinida forma comprendían que sólo los más aptos iban a ganar la batalla. Ni más ni menos que el derecho a la vida. No bastaba nacer, sino que había que ser muy fuerte para mantener ese don.

Sin embargo, como en todo ser que se asoma a la vida, los pichones muy pronto dejaron atrás sus desventuras y prestamente se encontraron con nuevas y fascinantes experiencias.

Así sucede con el pingüinito de nuestra historia. Apenas el sol entibió y secó sus plumas, estaba ya investigando en los alrededores del nido. A medida que las semanas transcurrían ganaba confianza en ese sentido. Y en los últimos días, los cambios operados en su cuerpo le indicaban que ya era otro, que muy pronto podría intentar con éxito internarse en ese enorme mar que tanta curiosidad le despertaba…”

“…A medida que los días transcurrían, más y más aumentaban en el pichón las ansias por internarse en ese mar. El líquido elemento del cual provenía la comida, esa comida que sus progenitores cada vez le otorgaban más racionada. O quizás simplemente que a él ya no le alcanzaba.

Finalmente llegó el día. Luego de haber estado medio mañana tendido al sol calentando sus plumas, llegó el impulso que necesitaba. Desde su sitio elegido cerca de la costa –ya que todos los días se alejaba un centenar de metros de su nido para acomodarse a corto trecho de la línea de marea- vio como su vecino se acercaba con paso titubeante al agua hasta que humedecía su pico en ella y parecía como si bebiera. Esto lo movió como un resorte y se decidió.

Nadie le prestó atención. Un inacabable desfile de ida y vuelta le entorpecía un poco el paso, no obstante llegó hasta donde estaba el otro pichón. Ambos se miraron, pero no dieron muestras de acercamiento. Al fin el agua lo mojó. Sorbió el primer trago de ese líquido. No le supo mal. La siguiente ola lo arrastró un poco más adentro, y la siguiente lo envolvió en un revoltijo de espuma, piedras y algas. Confuso emergió tras la rompiente y notó la facilidad con que flotaba. Miró a su alrededor y vio que el otro pingüinito nadaba un poco más lejos. Movió entonces su cuerpo y se maravilló como este respondía en el agua. No debía hacer muchos esfuerzos, como en tierra. Metió la cabeza bajo el agua y justo en ese instante una pequeña saeta de plata pasó frente a sus ojos. Instintivamente le tiró el picotazo y se lanzó en su persecución. Su instinto le indicaba que eso era comida. Se sorprendió cuando lo tuvo en su pico, y no pudo en sí de placer en el momento de sentir ese agradable sabor que tanto apetecía. ¡Era comida! ¡Su primer bocado logrado por si mismo…!

En su elemento...

En su elemento…

El descubrimiento lo hizo lanzarse en una alocada carrera, presa de un alegre frenesí. Movía las aletas y éstas lo impulsaban con vertiginosa velocidad. Viraba hacia uno y otro lado. Saltaba fuera del agua y volvía a sumergirse con pasmosa celeridad. Aquí y allá atrapaba algún sabroso bocado. Pasaba a escasos centímetros de sus mayores y lograba esquivarlos a último momento. Estaba maravillado con su cuerpo. Notaba que se encontraba al fin en su elemento. ¡Un elemento que lo hacía sentir libre!

Al fin, cansado de tanta excitación y ejercicio, se quedó un rato reponiendo energías en la superficie del agua. Las olas lo mecían con suavidad. Lentamente comenzó a nadar hacia la costa. Un poco más adelante alcanzó a divisar a su compañero de “bautismo marino”. Ya había entrado en la rompiente, con decisión se lanzó hacia la playa… Pero que cansado estaba!

Tenía ganas de tenderse en la playa para que el sol lo adormeciera.

Se dejó llevar hasta que una enorme ola lo envolvió y entró de lleno en la rompiente. Pese al cansancio tuvo que moverse para no quedar sepultado bajo una catarata de espuma. Ya veía la playa más cerca. Desde la cresta de una ola vio como el otro pichón ya posaba su cuerpo sobre la playa. Al segundo siguiente se vio en vuelto otra vez en un torbellino. Casi no tuvo tiempo de respirar y otra vez bajo el agua. Se asustó. Las fuerzas lo abandonaban y las olas eran cada vez más potentes. Al fin un ensordecedor bramido lo depositó a los tumbos en la playa de guijarros. Extenuado en extremo quedó tendido. No tenía fuerzas para moverse. Su cuerpo parecía pesarle demasiado. Poco duro su respiro. La siguiente ola al retirarse con fuerza lo arrastró otra vez a ese infierno de agua y espuma. Nuevamente la desesperación; los esfuerzos vanos, las fuerzas que lo abandonaban… La agonía se repitió, De nuevo en tierra firme. Podía ver como los demás recuperaban la posición vertical y se apresuraban a salir de la línea de marea, intentó imitarlos pero su cuerpo no le obedecía. Antes de ser arrastrado nuevamente pudo ver al otro pichón que era elevado en la cresta de una ola. De modo que él tampoco se había podido alejar.

El mar solo cobija a los más aptos...

El mar solo cobija a los más aptos…

Aturdido y agónico, tras la quinta vez que el mar lo volvía a arrastrar, quedó tendido casi inerte en la playa. El desfile incesante seguía a su alrededor, y justo antes que otra nueva ola lo succionara mar adentro, un lacerante dolor en el flanco lo hizo incorporar instintivamente. Por reflejo, caminó un par de metros antes de caer extenuado otra vez. Pero casi instantáneamente otra punzada lo hizo reaccionar provocando movimiento en su aterido cuerpo. Al fin su atontado cerebro percibió de qué se trataba. A su lado un adulto –que no pudo reconocer- le propició un nuevo y fuerte picotazo antes de seguir su camino hacia el nido. Al caer sobre los guijarros notó con alivio que estaban secos y entibiados por el sol. Antes de sumirse en un pesado sopor vio que se hallaba varios metros arriba de la línea de alta marea. En un último gesto antes de caer dormido pudo ver una figura conocida que flotaba en la cresta de una ola, para luego ser depositada en la playa inerte. Era el otro pingüinito. Ya estaba muerto. No había sufrido –como él- un picotazo salvador que lo sacudiera y le brindara las fuerzas para alejarse de la marea. Nuevamente la suerte estaba de su lado.

Durmió convencido de que había superado la primera prueba. Era apto. El mar se convertiría en un sitio seguro de ahora en más…”

 Ps con Aves B

Continuará…