De Viajes… (Tierra del Fuego)

Al Sur del Sur…

“… 44 años atrás Tierra del Fuego fué la inesperada meta de aquel primer y verdadero viaje iniciático… Por fortuna hubo muchos más…”

Mas al sur el continente blanco...

Mas al sur el continente blanco…

Al sur de América del Sur, allí donde el continente termina –antes de esa salvaje brecha que propone el Estrecho de Drake para alcanzar la Antártida- está la Tierra del Fuego. La Isla Grande ocupa el vigésimo noveno lugar entre las islas más grandes del mundo. Separada del continente por el Estrecho de Magallanes, está rodeada al oeste por el Océano Pacífico, al este por el Atlántico y al sur por una ancha faja de agua –corredor de vientos y mar tempestuoso-. Más allá, la Antártida.

Pingüinos Papúa y Carancas pueblan costas y algunas islas de esta recortada geografía...

Pingüinos Papúa y Carancas pueblan costas y algunas islas de esta recortada geografía…

El aislamiento de su enclave no la mantuvo al margen de expediciones, conquistas y épicas aventuras. Corsarios, expedicionarios, aventureros, loberos, balleneros, misioneros y rudos hombres de dudosa calaña la habitaron. Aún hoy su exigente geografía invita a la aventura.

Charales Darwin recorrió a bordo del Beagle estos dominios australes...

Charales Darwin recorrió a bordo del Beagle estos dominios australes…

Paradójicamente esta geografía austral tiene su “espejo” al norte, bien al norte en tierras de Alaska y la Columbia Británica.

Pero hoy, hoy la propuesta es viajar visitando canales, islas, hielos y emblemáticos lugares como el Cabo de Hornos en el llamado Fin del Mundo. Un viaje en imágenes por sus laberínticos canales, umbrosos bosques, azules glaciares, cielos renegridos y mares tempestuosos, donde no escasea el color, la flora y la fauna.

Cabo de Hornos, un emblema austral...

Cabo de Hornos, un emblema austral…

 

Pato Vapor no Volador, Zorros Colorados, coloridos hongos del bosque austral...

Pato Vapor no Volador, Zorros Colorados, llamativos hongos del bosque austral…

Luces, mar, montañas encantan el los canales fueguinos...

Luces, mar, montañas encantan en los canales fueguinos…

Aves Cinclodes, bosques y hielos...

Aves, Remolinera Araucana, bosques y hielos…

Hongos, frutos, glaciares, joyas para el ojo avizor...

Hongos, frutos, glaciares, joyas para el ojo avizor…

Inmerso en el paisaje de mar, hielo y bosque...

Inmerso en el paisaje de mar, hielo y bosque…

Estrecho de Magallanes, Faro y pingüinera de la isla Magdalena, frente a Punta Arenas, Chile...

Estrecho de Magallanes, Faro y pingüinera de la isla Magdalena, frente a Punta Arenas, Chile…

Cabo de Hornos, síntesis de épicas aventuaras en los mares australes...

Cabo de Hornos, síntesis de épicas aventuras en los mares australes…

 

 

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Relatos del Cajón… (Año Nuevo)

Días de Ocio en la Patagonia

“…- Lo cotidiano no debe ser aburrido, es un buen deseo para el nuevo año…”

Puerto Deseado Pinguis Oleo 3 B

Escribía a veces –como ahora- sin saber dónde los pensamientos lo llevaban. Anotaba en su libreta con casi ininteligibles caracteres lo que le venía a la mente. De a ratos miraba las evoluciones de los gaviotines con cierta envidia. Volaban escudriñando, con la cabeza recubierta de negro capuchón, intensamente la superficie del agua en erráticas evoluciones. De pronto se detenían como “halconeando” en el aire tras lo cual se lanzaban en vertiginosa picada. Emergían y alzaban vuelo, la más de las veces con un pececito en su pico.

Una sonrisa se dibujó en sus labios; y escribió una pregunta en el anotador:

– No sé desde cuando disfruto viendo a las aves- se contestó a sí mismo.

Perdió la vista en el mar con gesto inquisidor, entrecerró lo ojos y frunció el ceño como si buscara algo en el fondo de su mente…

– Creo que fue aquel verano cuando caminábamos por la costa de la Bahía Inútil en Tierra del Fuego y nos envolvió una nube de alas- quedó rumiando el recuerdo, y de pronto soltó la carcajada:

– ¡No, nooo! fue mucho antes creo- se habló en silencio-.

“…Éramos pibes, estábamos subidos arriba de un eucalipto, muy alto, tirando tiros al aire con el rifle de aire comprimido de “Yuyo”. Apunté y en la mira estaba un benteveo. Disparé y la ramita donde estaba el pájaro se quebró. Se me paralizó el corazón. El ave pareció saltar… Aunque en realidad voló producto de mi mala –o buena- puntería.

Se pasó la mano por el pelo húmedo, producto de la leve bruma marina que traía el viento este, y entrecerrando los ojos murmuró:

– No he tocado un arma desde entonces, y en esas épocas subirme a los árboles para estar cerca de las aves era más que un juego.

Una pareja de ostreros emitía agudos silbos con énfasis marcando el límite de su territorio a una gaviota que se había posado demasiado cerca. La aguda voz se elevaba por sobre el rumor del mar.

Eran sonidos plenos, vivificantes.

Su mente regresó a la primera imagen que se había presentado en su memoria, cuando cientos de aves marinas habían danzado en torno a esos extraños que caminaban por la Bahía Inútil. Años después supo que así se llamaba porque los insistentes y tormentosos vientos del oeste castigaban ese accidente geográfico tornándolo inservible para el refugio y amarre de las naves de vela. Caminaron hasta el anochecer cuando llegaron a la frontera. Durmieron en sus bolsas de dormir guarecidos en las ruinosas casas abandonadas.

– También ese fue un verdadero viaje iniciático- concluyó-.

Anotaba cada tanto algún párrafo en la libreta. Las evocaciones parecían no tener hilván, y las dejaba suceder. Estaba en un estado casi de paz. Los años y las experiencias vividas se arremolinaban y cobraban vuelo como las aves que desfilaban frente a él.

Viajes, lugares, personas, imágenes se agolpaban, aparecían y se esfumaban. Traían recuerdos y hasta sabores. Escribió como ayuda memoria algunas palabras que -se dijo- le servirían luego para plasmarlas en el papel. Eso requeriría tiempo y esfuerzo, y ahora estaba plácidamente holgazaneando. La época del año y el receso momentáneo de la actividad cotidiana eran gratificantes.

Una pareja de hualas se zambulló y casi al unísono reaparecieron los dos como en sincronizado ballet. La sonrisa no abandonaba su rostro. No escribiría las evocativas páginas de “Idle Days in Patagonia” descriptas por el naturalista Guillermo Enrique Hudson, pero disfrutaba el calmo pero permanente cambio que la naturaleza ofrecía a sus sentidos en esa playa patagónica.

– Lo cotidiano no se vuelve metódico y aburrido-reflexionó- cada día es igual pero distinto.

Influenciado quizás por la fecha y el inminente arribo de un nuevo año, se propuso:

– Lo cotidiano no debe ser aburrido, es un buen deseo para el nuevo año; disfrutar los momentos, perseverar en los sueños, descubrir lo nuevo más allá del horizonte, mirar y ver, dejar la rutina…

Un pingüino apareció a pocos metros de donde estaba sentado, nadó hacia la costa y con paso bamboleante salió fuera del agua. Camino hasta ubicarse a un par de metros escasos de donde se hallaba. Estornudó expulsando gotas de sal por las narinas de su pico y se acostó a reposar en la grava húmeda. Lo miró por unos instantes y cerró los ojos para descansar haciendo caso omiso de la presencia humana.

Pensó entonces que mientras esta vital compañía estuviera a su alcance, podría sentirse a salvo de ser agobiado por la rutina y las costumbres…

– Claro que hay algunas que es conveniente mantener, porque si no dejo la llave en el lugar acostumbrado no vuelvo a encontrarla, o ceder mi sillón preferido de la casa y mucho menos dejar que alguien utilice mi taza del café mañanero…- resumió lanzando una fuerte carcajada.

El pingüino lo miró sobresaltado ignorando seguramente que una año acababa y otro estaba por comenzar.

Isla Lobos Trjeta 2015