Relatos del Cajón… (Ausencias)

¿Dónde…?

delfinoleo_edited B   Con incansable persistencia la pregunta se impone –hasta casi hacerse audible- en la mente.

   Vez tras vez, sin importar los años, acicateando la imaginación. Sin tregua.

   ¿Será en un lejano aeropuerto –como ensoñé alguna vez- destacándote entre miles de   personas?

   ¿Quizás bajo el agua compartiendo una boquilla de aire y riendo entre burbujas?

   ¿O esa figura que –con un salto del corazón- me pareció reconocer en aquella ciudad de exótico nombre?

   Posiblemente cierta sea esa inevitable sensación de presencia precisamente en un sitio del camino -al ir península adentro- cuando miro a la derecha y a lo lejos veo el mar imponiéndose en esa brecha de los acantilados.

   Con certeza se dibuja al perder la vista en el horizonte en “ese” punto y no otro del mar…

   ¿Habrás reiniciado la rueda?

   Muchos –demasiados- se hacen la misma pregunta aún con angustioso interrogante por aquellos que no aparecen… A mí –por el contrario- me asalta con la esperanzada certeza del reencuentro; sé cuándo te fuiste, apurando ese viaje predestinado a todos.

    Me encojo de hombros, el tiempo no se detiene, sonrío, evoco entrañables momentos protagonizados, vivo; suspiro y sigo, aunque no se acalla la insistente pregunta:

   ¿Dónde…? ¿Dónde estás, y cuando nos volvemos a abrazar?

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Relatos del Cajón… (El descubrimiento)

El Descubrimiento

Caminando encontré algo que no buscaba. O eso pensé. Pero como se presentó ante  mis ojos imprevistamente, casi como interponiéndose a mi próximo paso, me acuclille a observarlo.

No podría definir sus formas; ni tampoco su color.

En cuanto a la consistencia, la toqué apenas con la yema de los dedos. Al tacto parecía suave y tibio, seguramente por acción del sol – pensé -. No podría precisar tampoco si era dura o blanda.

De sabor; no recuerdo haberlo degustado, pero un dejo agradable perduró en mi boca.

Me sentí confundido. Tomé mi tiempo. Me senté en el suelo y fijé la vista en aquello.

No recordaba haber visto algo similar con anterioridad; así que…

El tiempo pasó. Las luces fueron cambiando, hasta que la penumbra ganó su lugar. Lo único que poseía algo así como “luz propia” era eso… Aunque tampoco puedo describir su brillo, luminosidad. Solo sabía que continuaba viéndolo.

Ignoro cuando dejé ese sitio, como tampoco sé si alguna vez volví a él. Igualmente desconozco cuando sucedió. Si es que algo pasó…

De lo único que estoy seguro es que – desde entonces – nunca caminé sin mirar. Veo, percibo, capto, nada escapa a mis sentidos. A pesar de – muchas veces – sentir dolor, impotencia o rabia por aquello que sucede a mi alrededor.

Igualmente me hace feliz. Siento que así debe ser, porque de esa forma la vida no pasa a mi lado, sino que camino junto a ella.

Muy de vez en cuando me cruzo con alguien que ha encontrado lo mismo por el camino. Como no podemos describirlo no hablamos de ello, pero intuimos.

Continuamos entonces – cada uno en lo suyo – reconfortados, porque sabemos que algo ha sucedido…

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