Sueño de islas… (fotos)

Una Isla…

Desde la Cuna del mar… Millones de años de paciente construcción.

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Una base sólida de seres vivos para para dar base a nuevas vidas…

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Llegan los primeros colonos…

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Se arraiga la vida…

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Nuevos protagonistas se suman y prosperan…

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Dos mundos se consolidan…

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Desde el cielo nacen nuevas esperanzas…

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La Naturaleza concreto su sueño de porfía durante millones de años… Nosotros nos sumamos recientemente. 

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¿Seremos responsables por tanta belleza?

Relatos del Cajón…(Fragmentos)

Vuelo libre

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“… Miraba como el atardecer daba lentamente paso a  la noche. El rubor liliáceo iba cediendo terreno a un  cada vez más intenso índigo. El azul invadía el cielo.

Recortada contra él, la silueta de un ave marina llamó su atención.

Alas extendidas y quietas, volaba sin esfuerzo, planeaba con maestría en el quieto aire aprovechando las corrientes ascendentes que se elevaban al chocar contra el acantilado. Parecía disfrutar de ese vuelo libre y sin gastar energías.

La siguió con la mirada, con deleite y cierta envidia…

-Así me gusta transcurrir la existencia –pensó-. Sin esfuerzo, en armonía, con satisfacción…

El ave se perdió en la lejanía. Pero su pensamiento no se detuvo.

-Ideal, estado ideal… ¿Será posible eso?- se preguntó.

Meneó la cabeza y con un gesto esperanzado se dijo que sí;

-A veces sí, contados, en ocasiones efímeros instantes, pero si… Algo así como “pequeños estallidos de felicidad”- rememoró una frase escrita muchos años atrás.

-Claro que siempre sobrevienen fuertes vientos- se dijo- tormentas que ponen a prueba la fortaleza…

Como las aves muy a menudo hay que afrontar el vendaval. Instintivamente ellas lo hacen. Salgan o no airosas.

Guarecerse no siempre es una posibilidad y evadirlos tampoco. Pero luego, el placer de disfrutar esos posibles instantes de armonía y paz gratifican.

La noche ya oscura le devolvía su propia imagen reflejada en el vidrio. Vio su rostro y percibió serenidad. No había sonrisa dibujada en sus labios, pero si un fulgor brilloso en los ojos. Se sintió preparado para capear las tormentas y disfrutar con intensidad la paz de los remansos que seguramente sobrevendrían…”

Relatos del Cajón… (Fragmentos)

Desvanecerse

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“… No desapareció… Solo se escondió.

En ocasiones tras una nube. Otras entre una bandada de aves. Transformándose en sombra en los caminos. Siendo absorbido por los vientos… Las más de las veces dejándose mecer a la deriva por las olas del mar.

Quería estar aquí y allá a la misma vez. Sentir y mirar sin ser visto o mirado. Ser sin estar…

Sentía que necesitaba desvanecerse.

Y así lo hizo.

¿Cuánto? No lo sabía. Quizás bastara un breve tiempo.

¿Por qué? Así se lo urgía toda su humanidad… Recargarse, despojarse, alimentarse nuevamente.”

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Relatos del Cajón… (Año Nuevo)

Días de Ocio en la Patagonia

“…- Lo cotidiano no debe ser aburrido, es un buen deseo para el nuevo año…”

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Escribía a veces –como ahora- sin saber dónde los pensamientos lo llevaban. Anotaba en su libreta con casi ininteligibles caracteres lo que le venía a la mente. De a ratos miraba las evoluciones de los gaviotines con cierta envidia. Volaban escudriñando, con la cabeza recubierta de negro capuchón, intensamente la superficie del agua en erráticas evoluciones. De pronto se detenían como “halconeando” en el aire tras lo cual se lanzaban en vertiginosa picada. Emergían y alzaban vuelo, la más de las veces con un pececito en su pico.

Una sonrisa se dibujó en sus labios; y escribió una pregunta en el anotador:

– No sé desde cuando disfruto viendo a las aves- se contestó a sí mismo.

Perdió la vista en el mar con gesto inquisidor, entrecerró lo ojos y frunció el ceño como si buscara algo en el fondo de su mente…

– Creo que fue aquel verano cuando caminábamos por la costa de la Bahía Inútil en Tierra del Fuego y nos envolvió una nube de alas- quedó rumiando el recuerdo, y de pronto soltó la carcajada:

– ¡No, nooo! fue mucho antes creo- se habló en silencio-.

“…Éramos pibes, estábamos subidos arriba de un eucalipto, muy alto, tirando tiros al aire con el rifle de aire comprimido de “Yuyo”. Apunté y en la mira estaba un benteveo. Disparé y la ramita donde estaba el pájaro se quebró. Se me paralizó el corazón. El ave pareció saltar… Aunque en realidad voló producto de mi mala –o buena- puntería.

Se pasó la mano por el pelo húmedo, producto de la leve bruma marina que traía el viento este, y entrecerrando los ojos murmuró:

– No he tocado un arma desde entonces, y en esas épocas subirme a los árboles para estar cerca de las aves era más que un juego.

Una pareja de ostreros emitía agudos silbos con énfasis marcando el límite de su territorio a una gaviota que se había posado demasiado cerca. La aguda voz se elevaba por sobre el rumor del mar.

Eran sonidos plenos, vivificantes.

Su mente regresó a la primera imagen que se había presentado en su memoria, cuando cientos de aves marinas habían danzado en torno a esos extraños que caminaban por la Bahía Inútil. Años después supo que así se llamaba porque los insistentes y tormentosos vientos del oeste castigaban ese accidente geográfico tornándolo inservible para el refugio y amarre de las naves de vela. Caminaron hasta el anochecer cuando llegaron a la frontera. Durmieron en sus bolsas de dormir guarecidos en las ruinosas casas abandonadas.

– También ese fue un verdadero viaje iniciático- concluyó-.

Anotaba cada tanto algún párrafo en la libreta. Las evocaciones parecían no tener hilván, y las dejaba suceder. Estaba en un estado casi de paz. Los años y las experiencias vividas se arremolinaban y cobraban vuelo como las aves que desfilaban frente a él.

Viajes, lugares, personas, imágenes se agolpaban, aparecían y se esfumaban. Traían recuerdos y hasta sabores. Escribió como ayuda memoria algunas palabras que -se dijo- le servirían luego para plasmarlas en el papel. Eso requeriría tiempo y esfuerzo, y ahora estaba plácidamente holgazaneando. La época del año y el receso momentáneo de la actividad cotidiana eran gratificantes.

Una pareja de hualas se zambulló y casi al unísono reaparecieron los dos como en sincronizado ballet. La sonrisa no abandonaba su rostro. No escribiría las evocativas páginas de “Idle Days in Patagonia” descriptas por el naturalista Guillermo Enrique Hudson, pero disfrutaba el calmo pero permanente cambio que la naturaleza ofrecía a sus sentidos en esa playa patagónica.

– Lo cotidiano no se vuelve metódico y aburrido-reflexionó- cada día es igual pero distinto.

Influenciado quizás por la fecha y el inminente arribo de un nuevo año, se propuso:

– Lo cotidiano no debe ser aburrido, es un buen deseo para el nuevo año; disfrutar los momentos, perseverar en los sueños, descubrir lo nuevo más allá del horizonte, mirar y ver, dejar la rutina…

Un pingüino apareció a pocos metros de donde estaba sentado, nadó hacia la costa y con paso bamboleante salió fuera del agua. Camino hasta ubicarse a un par de metros escasos de donde se hallaba. Estornudó expulsando gotas de sal por las narinas de su pico y se acostó a reposar en la grava húmeda. Lo miró por unos instantes y cerró los ojos para descansar haciendo caso omiso de la presencia humana.

Pensó entonces que mientras esta vital compañía estuviera a su alcance, podría sentirse a salvo de ser agobiado por la rutina y las costumbres…

– Claro que hay algunas que es conveniente mantener, porque si no dejo la llave en el lugar acostumbrado no vuelvo a encontrarla, o ceder mi sillón preferido de la casa y mucho menos dejar que alguien utilice mi taza del café mañanero…- resumió lanzando una fuerte carcajada.

El pingüino lo miró sobresaltado ignorando seguramente que una año acababa y otro estaba por comenzar.

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Relatos del Cajón… (Observadores de la naturaleza)

Mirar y Ver

“…nunca caminé sin mirar. Veo, percibo, capto, nada escapa a mis sentidos…”

Cada segundo puede ser una sorpresa...

Cada segundo puede ser una sorpresa…

Se acomodó en la butaca del avión, apago su celular y se dispuso a disfrutar del vuelo. La nave comenzó su rodaje por la pista secundaria para alcanzar la principal. Amplios espacios verdes separaban una de otra. Miraba por la ventanilla y su rostro se abrió en una franca sonrisa. Una “lechucita” de las vizcacheras asomaba su pequeña figura entre los verdes pastos ajena al ruido de las turbinas. Vio como movía su cabeza a izquierda y derecha, hasta distinguió con claridad el pestañear de sus enormes ojos. Miró hacia la butaca vecina donde el pasajero sentado en la misma fila doble acomodaba sus cosas, estuvo a punto de llamar su atención y compartir su visión pero al verlo ensimismado en su tarea desistió. Como quien con picardía guarda un secreto se volvió hacia la ventanilla disfrutando la imagen que lentamente desaparecía de su vista. El avión llegó a la pista principal y pronto se elevó…

Densas y algodonosas nubes taparon la visión de la tierra. De buen ánimo dejó que su mente flotara entre ellas. Aún conservaba una tenue y relajada sonrisa en su rostro, agradeció el don que durante años había adquirido y cultivado; podía ver aquello que pasaba desapercibido para muchos. La naturaleza se imponía a sus sentidos no obstante estar en medio de una ciudad o inmerso en territorios silvestres.

Las aves, por ejemplo, están por doquier. Se consideraba un diestro observador de aves, aunque a diferencia de otros no privilegiaba el saber inequívocamente su especie, su meta era disfrutarlas. Había quienes histéricamente recorrían el planeta para sumar una especia más en su listado, nada más importaba. Allá ellos –pensó- se pierden la flor, el insecto, el árbol o el paisaje donde se encuentra… Se perdían el conjunto.

Ir al banco o a un edificio público en una ciudad podía ser recompensado por la visión de un halconcito en una cornisa, el ajetreado vuelo de un gorrión persiguiendo insectos o la visión de coloridas flores recién brotadas. Esto se multiplica en espacios naturales.

“…nunca caminé sin mirar. Veo, percibo, capto, nada escapa a mis sentidos…” – recordó haber escrito en algún momento.

-Cierto –se dijo- seguramente la profesión ayudó, el estrecho contacto con la naturaleza también, aunque creo que el simple disfrute de “mirar y ver” genuinamente es lo que potenció esa cualidad de observa e interpretar.

¿Podemos conservar la belleza...?

¿Podemos conservar la belleza…?

Creía genuinamente -aunque un adquirido escepticismo lo contrariaba- que si más gente se tomaran el tiempo de “mirar y ver” las manifestaciones del mundo natural aún en medio de la urbe citadina, mejoraría la relación con la naturaleza, su integridad y por ende una más gratificante vida humana.

Cavilaba rumiando esos pensamientos, cuando su vecino de butaca lo codeó e inclinando su cabeza y arqueando las cejas señaló una doble página de la revista que estaba leyendo mientras le decía:

-¡Haaaaa!¡Esto sí que es aventura!!!

La foto mostraba la imagen de un elefante africano abatido y un cazador posando con orgullosa y resplandeciente sonrisa abrazando su escopeta…

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De Viajes… (Refugios en la naturaleza)

Para espiarte mejor

sla May, Escocia, verla de la costa y visitarla me recordó  la Isla León... Miríadas de aves marinas y focas la pueblan, Está manejada por una ONG.

Isla May, Escocia, verla de la costa y visitarla me recordó la Isla León… Miríadas de aves marinas y focas la pueblan, Está manejada por una ONG.

Viajar aporta en ocasiones experiencias que sirven de modelo para implementar en el sitio que elegimos para vivir.

En este caso recopilé algunas fotos que muestran refugios o hides para “espiar” a la naturaleza sin perturbarla. Simples algunos, más elaborados otros, pero todos apuntan a cumplir el disfrute de la naturaleza y sus criaturas silvestres en armonía.

Aves, mamíferos, todos pueden ser observados desde sofisticados refugios o simples construcciones de madera.

Aves, mamíferos, todos pueden ser observados desde sofisticados refugios o simples construcciones de madera.

En general cada uno de los lugares visitados poseía infraestructura básica proporcionada por el estado y luego cedida para su manejo a organizaciones no gubernamentales o refugios privados para su control, educación y manejo.

Simples empalizadas con el diseño de aves brindan una simple oportunidad de "espiarlas"...

Empalizadas con el diseño de aves brindan una simple oportunidad de “espiarlas”…

Los visitantes pagan un derecho de admisión que sirve para mantener el sitio y las instalaciones. Cuerpos de voluntarios o rentados, profesionales científicos e investigadores, trabajan en conjunto con los responsables públicos de preservar esos privilegiados refugios naturales, que se suman a los Parques y Reservas Nacionales y o provinciales en nuestro caso.

El "Red Hawk", ave rapaz amenazada en el Reino Unido, es alimentada y observada por observadores de aves en una granja privada en Gales, ayudando su recupero...

El “Red Hawk”, ave rapaz amenazada en el Reino Unido, es alimentada y disfrutada por observadores de aves en una granja privada en Gales, ayudando con su aporte el recupero de la especie…

Al visitar lugares distantes que tenían semejanza con ambientes y lugares de “mi lugar en el mundo” pensaba por ejemplo en “La laguna del ornitólogo” o la Isla León, y algunas zonas en el valle y la cordillera…

Laguna de desechos cloacales, manejada por una ONG en Ciudad del Cabo, Sudáfrica...

Laguna de desechos cloacales, manejada por una ONG en Ciudad del Cabo, Sudáfrica…

Relatos del Cajón… (Entre Muelles)

Entre Muelles

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Transcurre plácida la vida entre muelles.

A un lado el trajinar de grandes naves cargadas de gigantescos contenedores y portando evocaciones de ultramar con aromas de otros puertos.

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Su tamaño contrasta con los más pequeños, aunque no menos atrevidos, navíos de pesca que vuelven entre mareas luego de su cotidiano desafío al bravío mar austral.

Al otro lado la inquieta travesía de los veleros que navegan con sus velas desplegadas y –en ocasiones los más pequeños – semejan un abigarrado grupo de mariposas libando la sal en algún charco.

Inquietos y movedizos se esconden entre la monumental estructura y sofisticada presencia de lujosos buques de placer, pavoneando su peregrinaje por remotos y exóticos puertos del planeta.

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Entre medio la naturaleza continúa cotidianamente desplegando su vital existencia. Al influjo de la marea las aves alternan la pesca o el picoteo de presas en la restinga. Vuelan en bulliciosas bandadas o planean con magistral destreza siguiendo el contorno costero. Las ballenas, los delfines y lobos marinos, los flamencos y los patos se disputan el protagonismo en cada temporada. Las cambiantes luces del día les proporcionan el escenario…

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Y al frente, al frente el mar, el horizonte, y más allá de él lo nuevo, enormidad de mar sin límites; desafío para eximios navegantes ya que el rumbo puede terminar en las espaldas, donde el sol se oculta sin volver a ver la tierra…

Ese solo pensamiento me dibuja una sonrisa,… Mientras -entre muelles- se disfrutan de antemano esos viajes “más allá del horizonte”…

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