Fotos y Viajes…

Diseño Natural

 No importa en qué rincón de planeta, la naturaleza se esmera en sorprendernos y mostrarnos sus más delicados secretos. Cámara en mano o lápiz y block de dibujo, el ojo atento puede captar algunos de ellos. Mágicamente se transforman en invalorables tesoros.

Figuras de animales en la dura roca o la madera tallaadas por el agua y el viento... Sudáfrica, Alaska.

Figuras de animales en la dura roca o la madera talladas por el agua y el viento… Sudáfrica, Alaska.

Hongos en los bosques fueguinos, astas de caribú en el ártico, delicdas flores sobre el neneo en la puna...

Hongos en los bosques fueguinos, astas de caribú en el ártico, delicadas flores sobre el neneo en la puna…

Improntas en la roca en la patagonia, campo florido en sudáfrica, pelajes y vistosas flores en el ecuador...

Improntas en la roca en la patagonia, campo florido en sudáfrica, pelajes silvestres  y vistosas flores en el ecuador…

El oso en Chiloé, cactus en la lava, Galápagos...

El oso en Chiloé, cactus en la lava, Galápagos…

Rocas esculpidas por el hielo y coloreadas con líquenes, ártico...

Rocas esculpidas por el hielo y coloreadas con líquenes, ártico…

Colores y formas; obispo rojo en Sudáfrica, plantas en Chiloé...

Colores y formas; obispo rojo en Sudáfrica, plantas en Chiloé…

Cactus en Lauca, Chile...

Cactus en Lauca, Chile…

 Las sorpresas surgen en cada curva del camino… Atraparlas en la mente, una cámara o el espíritu son la recompensa de los viajes…

 

Anuncios

Botella al Mar 101

Primeros 100

Una centena de relatos, vivencias, pensamientos, imaginación y retazos del alma fueron ya volcados a través de esta “Botella al mar”.

Fotos, viajes, reflexiones, vivencias...

Fotos, viajes, reflexiones, vivencias…

Con menor o mayor trascendencia cada uno de los “mensajes” fue visto, leído, a veces comentado, elogiado o ignorado como debe ser. Pero “…En tal caso es una “botella al mar” que con suerte alguien recoja y comparta…”.

Botella al Mar continuará derivando en busca de playas donde arribar… Las aguas la llevan a destinos inciertos – momentáneamente quizás alejados de rumbos frecuentados- aguardando en breve nuevos encuentros…

P1140621 B C

Deseo buenos vientos que refresquen la mente y el espíritu...

Deseo buenos vientos que refresquen la mente y el espíritu…

 

Relatos del Cajón… (Fragmentos II)

Encuentro…

“… El enorme Hall del Aeropuerto de Heathrow quedó de pronto en absoluto silencio. Total. Denso y palpable silencio. Se quedó petrificado el Viejo. Sus ojos se abrieron desmesuradamente…”

Heathrow lo mantenía cautivado al Viejo con su incesante trajín. El enorme aeropuerto de la capital inglesa cobijaba miles de personas en un frenético movimiento incesante. Su vista pasaba de los televisores -donde se anunciaba la partida de los vuelos hacia destinos situados en ciudades y países de exótico nombre-, a la variada multitud de gente que resumía costumbres y modas planetarias. África, India, Europa, América, China, Japón, Oceanía, Medio Oriente… Túnicas, trajes de negocios, vestimentas deportivas o abrigados atuendos, turbantes o gorras de béisbol… Rabinos o monjes budistas, familias con padres, hijos y abuelos o solitarios y taciturnos hombres de negocios, bulliciosos estudiantes y hasta estrellas de cine.

Todos se sumaban a una inacabable puesta en escena en la cual cada uno cumplía momentáneamente su papel.

Miraba fascinado desde la butaca en medio del hall cerca de la puerta número 6 en la Terminal 4 del aeropuerto. Se movió de la silla en la que estaba para tener otra perspectiva. Una familia entera de africanos –con sus atuendos típicos, coloridas batas, gorros multicolores y cabellos ensortijados; las mujeres con hermosas criaturas de blanquísimos dientes y enormes y brillantes ojos marrones- corrían arrastrando carros de equipaje, bultos varios y hasta cacharros con comida. El parloteo en su lengua nativa, aunque ininteligible para él, denotaba ansiedad. Sobre todo los gestos del que parecía el jefe del grupo o patriarca de la familia, mostraban inequívocos signos de urgencia, mientras su vista y cabeza se dirigía alternativamente de los miembros de su grupo a un enorme cartel que pendía del techo donde estaban especificados los minutos de caminata hasta cada puerta.

La más cercana estaba a cinco minutos. La más lejana a veinte. Por la urgencia del multicolor grupo se debía tratar de ésta última.

Caminó unos momentos por el amplio hall. Trataba de fijar todo lo que veía. La simultaneidad de acciones no eran sino el reflejo del pulso del mundo. Algo así como una pequeña muestra planetaria. Una moderna Babel convertida en una especie de ombligo del orbe.

Todo parecía converger allí.

Y para su sorpresa allí, es donde sucedió…

El enorme Hall del Aeropuerto de Heathrow quedó de pronto en absoluto silencio. Total. Denso y palpable silencio. Se quedó petrificado el Viejo. Sus ojos se abrieron desmesuradamente. Miraba alrededor, veía la expresión de los rostros en los viajeros. Sus bocas se movían, los gestos de algunos indicaban que se reían. Un niño lloraba. Las miles de personas que deambulaban por el enorme salón, seguían caminando o continuaban con sus actividades. Las veía en cámara lenta. Sus movimientos parecían transcurrir en velocidad retardada. Y no se escuchaba nada. Ese silencio era lo más perturbador.

Se dio vuelta. Giró en redondo. El asombro se dibujaba en el rostro. Alzó la mirada y a menos de un centenar de metros lo vio caminando en su dirección, esquivando el gentío, mirándolo y regalándole esa mágica y angelical sonrisa que siempre llevaba en su rostro.

No sabía si pasaron minutos, segundos o una eternidad. Lo veía acercarse a grandes zancadas, tranquilo, relajado. El cabello largo moviéndose al compás de sus pasos. Los ojos brillantes, limpios trasuntaban una hermosa alegría y calma. El gesto abierto en una pícara y divertida sonrisa se abría esplendorosa en sus labios.

Los brazos del Viejo cayeron a los lados del cuerpo. No miró hacia los costados. Los ojos no perdían el contacto. Todo seguía ocurriendo alrededor pero como en otra dimensión. No entendía que estaba sucediendo, pero poco le importaba. Se entregó al momento. Su mente quedó en blanco y solo se rindió al placer de lo que iba a ocurrir.

Se paró frente a él. Y sin mediar más, se fundieron en un estrecho abrazo. Sentía que –tras los párpados cerrados- los ojos se humedecían y ardían al fluir de las lágrimas. Se apretaron sin miramientos por largo rato. No quería soltarlo por temor a que ese cuerpo sólido que tanto extrañaba se desvaneciera. Tampoco quería abrir los ojos. Ni mucho menos pensar. Los sentidos lo desbordaban. Su cabeza se hundía en su cuello, sintió su piel tibia. Un perfume suave y ansiado penetraba en sus fosas nasales. Percibió como sus manos le palmeaban la espalda. Acompasados movimientos que le daban la certeza de que todo era real… Sus brazos lo estrechaban aún más fuerte.

No supo el Viejo cuanto tiempo permanecieron en ese abrazo. También desconocía si algo ocurría alrededor. La acción estaba en animación suspendida.

Respiró hondo y apelando a un coraje que no sentía, aflojó el abrazo y se separó sin soltarlo. Con temor y muy lentamente abrió los ojos. Muy despacio. Lo miró largamente. Acarició su rostro, una incipiente barba se notaba al tacto, nuevamente eso indicaba que no estaba soñando.

– No me había afeitado – dijo haciendo un mohín entre socarrón y culposo.

Su voz. La voz que tanto extrañaba y la mente se negaba a reproducir, llenó sus oídos. Sonrió entre sorprendido y feliz…

La voz dio lugar a todos las voces, todos los sonidos poblaron nuevamente la trajinada terminal aérea, y el movimiento normal de quienes la transitaban.

Lo miró incrédulo, con cierto temor en el rostro y en los ojos. Se aferró a él…

-Yo estoy – dijo.

– Voy a estar siempre

Y se volvieron a abrazar.

Lo agarró del hombro y comenzaron a caminar.

Lo miraba de costado el Viejo, un poco hacia arriba.

– Cierto que me llevaba más de una cabeza – pensó

No atinaba a hablar, las palabras se agolpaban en su mente, miles de preguntas. Pero no atinaban a vocalizarse.

Él lo miraba con su amplia sonrisa. Entendiendo.

– ¿Cómo puede ser?- dijo el Viejo al fin casi en un murmullo…

– ¿Es un buen lugar no?- le respondió con un gesto de sus ojos y alzando los hombros.

– Vine porque creo que es hora…

– ¿Hora de qué? – preguntó el Viejo prestamente.

Sonrió.

Caminaban frente a una barra con forma de rectángulo que ocupaba buen aparte de ese tramo del hall. Los carteles luminosos que pendían del techo señalaban ese lugar como un Sushi Bar. Sentado en uno de los extremos más angostos de ese rectángulo, Colin Firth, el conocido actor inglés que acompañó en muchas películas a Hugh Grant saboreaba un plato de pescado y una cerveza. Por fracciones de segundos sus ojos se encontraron. Supuso el Viejo que se sintió reconocido, y continuó con su tarea. Esa distracción lo sacudió. Miró a su lado. Vio el rostro de quien lo acompañaba, miró nuevamente a la multitud…

– ¿Curioso no? – conjeturó mientras su mano le apretaba el hombro. La leve presión le indicó que estaban allí. Que no alucinaba.

Pasó su brazo por su cintura y continuaron caminando.

– Miraba su rostro de costado el Viejo, no se cansaba de hacerlo.

– ¿Nos sentamos? – dijo al acercarse a un par de butacas inexplicablemente vacías y apartadas tras unas columnas que las mantenían escondidas.

Se puso de costado, alzó una pierna sobre la butaca, colocó su brazo sobre el hombro del Viejo y con una tenue sonrisa dibujada en sus labios le preguntó:

– ¿Estás preparado para un viaje?

– ¡Claro!- respondió con entusiasmo-, siempre lo estoy…

Sonrió y condescendiente agregó:

– Este es un viaje especial… Muy especial. Es el viaje de los viajes una verdadera aventura…”

Casi el ombligo del mundo... Una moderna Babel...

Casi el ombligo del mundo… Una moderna Babel…

 

Relatos del Cajón… (Paisajes Marinos)

El mundo en la ventana

“…Se muestra monocromo y encabritado pero en otras ocasiones es amable e invita a sumergirse en él…”

Amaneciió gris y turbulento...

Amaneció gris y turbulento…

– El “mar de mi ventana” tiene sus propios humores…- se dijo mientras sorbía el primer café mañanero.

El primer día del nuevo año se mostraba gris, con blancas olas que moteaban la irregular superficie. Un cielo renegrido preñado de abultadas nubes auguraba vendavales. De a ratos rayos de luz abrían una hendija y platinaban con un brillo luminoso la plateada superficie marina.

– Hoy este mar me recuerda las tempestuosas aguas australes- rememoró.

Su mente lo llevó de viaje a memorables travesías por el Pasaje de Drake en camino a la Antártida. Enormes marejadas con olas que rompían en la proa del barco llenaban de gozo su espíritu aventurero. Pero el color acerado, los velos blancos de las olas desprendidos por el inclemente viento y las luces que se colaban entre las nubes eran lo que estaba grabado en su memoria.

Mares australes...

Mares australes…

Una leve sonrisa en el rostro reflejaba su humor, y el café se acababa…

– Se muestra monocromo y encabritado pero en otras ocasiones es amable e invita a sumergirse en él…De un azul intenso, parece en ocasiones de “humor” caribeño-.

Los "humores" cambian con los vientos...

Los “humores” cambian con los vientos…

Sentado frente a la ventana dejó que paisajes marinos de otras latitudes vinieran a su mente. Reconstruyó algunos de ellos, no eran pocos reconoció con deleite. La “personalidad del mar de su casa” reproducía similares paisajes de otros horizontes; de acuerdo al día, o al tiempo meteorológico variaba su estado de ánimo y apariencia…

Un pensamiento lo asaltó de improviso.
Dejó la taza de café y con el ceño fruncido, como queriendo descifrar su sentido, miró hacia el horizonte y se contestó sin palabras:

– Si podría recorrer el mundo mirando el mar a través de mi ventana…
Quizás un día lo haga, pero no todavía –aseveró con convicción- hay aún tiempo para seguir explorando más allá del horizonte…

P1120707 B

Relatos del Cajón… (Armonía)

Armonía

“…Según los ancianos de la tribu Koyukon Athabaskan de Alaska, la sabiduría no se adquiere al cabo de subir 100 montañas 1 vez, sino de trepar 1 montaña 100 veces…”

African Sunset B

Hubo momentos en que esta máxima reverenciada por esa parcialidad de aborígenes norteamericanos –desconocida por él en ese entonces- casi fue una realidad.

La vida en ese apartado refugio de vida silvestre sobre la costa patagónica transcurría plácida y dinámica en su aparente monotonía. Cada día era igual, sin embargo distinto. Las luces marcadas por el variable clima imprimían los colores y hasta los estados “de ánimo” de quienes allí vivían; las estaciones, imponían sus pulsos de decadencia y resurgimiento; el comportamiento animal, diferente ante cada época, clima, o situación…

Así como las mareas escondían o descubrían sus secretos en cronométrica secuencia, cada hora y cada minuto regalaban sorpresas, descubrimientos.

Casi –pensó él en esos tiempos-, casi se animaba a decir que había descubierto la armonía. La completa y total conjunción con el ambiente y sus criaturas, la plena armonía…

Como las gotas que irrumpen la espejada y tersa superficie de un remanso creando circulares ondulaciones, ese sutil estado armónico se fue desvaneciendo. Gota a gota, lenta pero metódicamente, se iba convirtiendo en desasosiego. Nunca estalló en mil pedazos como un vidrio estrellado, pero si en profundas ondas marinas que presagiaban marejadas.

No supo precisar si era bueno o malo aquello. Solo era. Y su nomádica tradición lo llevó más allá del horizonte.

Curiosidad detrás del horizonte...

Curiosidad detrás del horizonte…

Ansioso y demandante buscó. Buscó reencontrarse con aquella vieja y reconfortante sensación. Un libro que cayó en sus manos durante esos terapéuticos viajes que lo mantenían vivo y en movimiento, le regaló aquella sabia tradición de los Koyukon:

“… el conocimiento sobreviene al cabo de subir 1 montaña 100 veces y no 100 montañas 1 vez…”

-Cuando sea viejo, cuando sea viejo nuevamente visitaré 100 veces un lugar, entonces si… – se dijo.

Collage 2 page

Relatos del Cajón… (Entre Muelles)

Entre Muelles

Collage muelles page

Transcurre plácida la vida entre muelles.

A un lado el trajinar de grandes naves cargadas de gigantescos contenedores y portando evocaciones de ultramar con aromas de otros puertos.

Collage Muelles 4 page

Su tamaño contrasta con los más pequeños, aunque no menos atrevidos, navíos de pesca que vuelven entre mareas luego de su cotidiano desafío al bravío mar austral.

Al otro lado la inquieta travesía de los veleros que navegan con sus velas desplegadas y –en ocasiones los más pequeños – semejan un abigarrado grupo de mariposas libando la sal en algún charco.

Inquietos y movedizos se esconden entre la monumental estructura y sofisticada presencia de lujosos buques de placer, pavoneando su peregrinaje por remotos y exóticos puertos del planeta.

P1010464 B

Entre medio la naturaleza continúa cotidianamente desplegando su vital existencia. Al influjo de la marea las aves alternan la pesca o el picoteo de presas en la restinga. Vuelan en bulliciosas bandadas o planean con magistral destreza siguiendo el contorno costero. Las ballenas, los delfines y lobos marinos, los flamencos y los patos se disputan el protagonismo en cada temporada. Las cambiantes luces del día les proporcionan el escenario…

C ollage muelles 7 page

Y al frente, al frente el mar, el horizonte, y más allá de él lo nuevo, enormidad de mar sin límites; desafío para eximios navegantes ya que el rumbo puede terminar en las espaldas, donde el sol se oculta sin volver a ver la tierra…

Ese solo pensamiento me dibuja una sonrisa,… Mientras -entre muelles- se disfrutan de antemano esos viajes “más allá del horizonte”…

Collage Muelles 3 page

Viajes y Fotos… (Retratos III)

Se cruzan en nuestras vidas y enriquecen cada viaje… Solo el destino unirá -fortuitamente- nuestros senderos otra vez.

Gaitero en Escocia Acordeonista en África

Gaitero en Escocia
Acordeonista en África

 

El Bolson - Patagonia Khuvsgul - Mongolia

El Bolson – Patagonia
Khuvsgul – Mongolia

Londres

Londres

 

Venderor - Feria de Pijilí - Ecuador Camellero - Desierto de Gobi - Mongolia

Venderor – Feria de Pujilí – Ecuador
Camellero – Desierto de Gobi – Mongolia

 

La Trochita - Patagonia Buceando con Lobos - Patagonia

La Trochita – Patagonia
Buceando con Lobos – Patagonia